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Monthly Archives: abril 2009

Se lee lo que se come.

Se es lo que se come. Texto: Alberto Majoral.

 

Un escritor mexicano que murió en el temblor del 85 escribió un cuento sobre un tipo que se alimentaba de lo que leía. Ya no me acuerdo bien, lo leí cuando su autor aún estaba vivo. El personaje del cuento, por ejemplo, se podía desayunar con unos cuentos de Arreola, algo ligerito y nutritivo. Para comer se leería Paradiso de José Lezama Lima, o una comedia de Calderón, acompañada de unos sonetos metafísicos de Quevedo; y para beber, algo fresquito de Garcilaso. Unas chuletitas de poesía no le vienen mal a nadie; a mí me gustan mucho las de Wallace Stevens. Para merendar, yo le recomiendo algo sabroso pero que no pudra la dentadura, tal vez unos textos cortos de Alvaro Cunqueiro. Algunas editoriales venden tapas por cien o doscientas pesetas. Todo el mundo sabe que no se debe cenar en exceso, a mí me ocurre que luego no puedo dormir. Los gastrónomos más avezados insisten en preparar sus menús únicamente con productos de temporada. Es buena idea porque se suelen evitar las hormonas y sustancias post-genéticas que necesitan las cosechas para sobrevivir lejos de su época. Así, según la temporada, yo le sugeriría al personaje de aquel cuento la Sonata de primavera (Valle-Inclán), el Sueño de una noche de verano (Shakespeare), El otoño del patriarca (García-Márquez) o el Libro del Frío (Antonio Gamoneda).

De vez en cuando, uno es débil y llama a la pizzería para que le traigan un best-seller. Conozco a quien se levanta a medianoche, va al frigorífico y se lee un par de capítulos del Quijote a escondidas, teme que le tomen por glotón. Hay gente que se atraganta de pasteles y poemas de amor de Neruda, después llegan a su casa con el apetito diezmado. Resulta repugnante ver a un gordo por la calle tragándose una novela de John Grisham; se sabe perfectamente que la población norteamericana padece de obesidad porque leen grasas de crimen y misterio y glucosas de Danielle Steel en exceso.

Nosotros, la gente que comemos en español, en cambio, estamos algo desnutridos, y conozco a gente que está anémica de lo poco que lee. Pero podemos confeccionar un menú barato y nutritivo para ayudar a estas personas a recuperar su salud. El Ómnibus de poesía mexicana de Gabriel Zaid incluye las letras de canciones populares y de algunos corridos. No está mal para empezar. También se puede leer uno que otro poema del resto de la antología, pero sin excederse; tampoco me interesa dañarle el aparato digestivo a nadie. Los cuentos de Juan Rulfo contienen una sana cantidad de calorías y no caen pesados, son buenos para leer en verano. Cuando vamos de picnic siempre hay que llevar algo de Kafka, lo digo porque un poco de claustrofobia no viene mal cuando se pasan tantas horas al aire libre.

Comidas más sustanciosas pueden incluir algo de Julio Cortázar o de Borges, aunque debo avisar que la lectura sin medida de éste último puede causar estreñimiento. Si de verdad queremos recuperar la salud debemos leer a los novelistas del siglo diecinueve, excelentes para ayudarnos a afrontar los rigores del invierno. Yo, como la hormiga de la fábula, tengo bien abastecida mi biblioteca con libros de un alto nivel calórico: Dostievsky, Tolstoi, Dickens, Clarín y Pérez Galdós, además de la poesía completa de Robert Browning. No pienso pasar ni hambre ni frío.

No crean que soy tan trabajador ni previsor. También tengo algo de cigarra y leo cosas recién publicadas. Aquí no recomiendo nada porque depende del hedonismo y las glándulas salivares de cada quien.

El que se quiera poner a dieta debe leer únicamente cosas de Samuel Beckett, no cabe duda de que para adelgazar hay que sufrir, aunque tampoco se trata de morirse de inanición. Tengo un amigo que se puso en huelga de hambre y dejó de comprar libros. Los médicos lo conectaron a una botella de suero llena de aforismos de Nietzsche, lo que a mí me pareció de una violencia terapéutica excesiva. Con todo, tardó varios meses en recuperarse, pobrecito. A otro conocido mío le dio por leerse una novela entera de Mujica Laínez, creo que Bomarzo, ¡en una sola noche! Por suerte lo encontramos a tiempo, un par de párrafos más y se nos va; lo llevamos rápidamente al hospital, donde le practicaron un lavado de estómago y en pocas horas quedó como nuevo. Esto lo menciono a modo de aviso para que nadie piense que se me paga por promover el pecado la gula, me han dicho que hay otros más interesantes. Por ejemplo, no he dicho nada de Proust en todo el artículo, los interesados pueden encontrar sus obras en cualquier Boutique del Gourmet.

A mi me da envidia la gente que puede leer lo que le dé la gana, incluso en exceso, y no engorda. El otro día vi a una señora en el autobús que leía una novela de Rosa Montero; me parecieron sumamente desagradables los ruidos que hacía al masticar, la gente que lee esas cosas parece toda comer con la boca abierta. Otros padecen de bulimia, una enfermedad muy seria que requiere tratamiento psiquiátrico: leen mucho y luego te lo cuentan. Lo malo es que su memoria retiene poco, ya que no llegan a digerir lo leído. Algo parecido ocurre con los anoréxicos, personas que no pueden ni acercarse a un libro. Siempre piensan que les sobra cultura, o sea que están gordos. Pero vistos de perfil son casi invisibles. Mal asunto.

Otros padecen de gastritis, leen una página y la acidez de estómago los obliga a encender el televisor inmediatamente. Queda claro que la alta cocina no es para ellos. Los desdentados leen sólo papilla, comics y cosas por el estilo. Conocí a un tipo que le habían operado la quijada y no podía abrir la boca, tenía unos hierros que le mantenían la mandíbula inmóvil de manera que su madre le tenía que pasar todos los alimentos por la licuadora. Así se pasó seis semanas leyendo libros de autoayuda.

La última vez que estuve enfermo, no podía leer nada. No se trataba de nada grave, pero leía cuatro líneas y me mareaba. Así que Carmen, mi señora, me trajo unos libros en casette. Mientras convalecía, escuché toda la Ilíada, en voz de Derek Jacobi. Cuando se está enfermo hay que comer bien para poder volver a las andadas lo antes posible.

Ya ven ustedes que no soy un gran gourmet, ni siquiera un experto en nutrición, pero tengo una lista de lecturas bien equilibrada, una mezcla dieta mediterránea, que los expertos dicen es tan saludable, y de distintas cocinas europeas y americanas, sobretodo de la mexicana. Como buen mexicano está claro que seré aficionado al picante, pero esas lecturas las guardo debajo del colchón.

Por cierto, el personaje del cuento que mencioné al principio murió de indigestión después de leer Terra Nostra, de Carlos Fuentes. Espero que a ustedes no les haga falta un alka-seltzer después de leer este plagio.

Bon apetit.

Si Dios fuera Mujer. Mario Benedetti.

Si Dios fuera Mujer

Mario Benedetti

 

¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.

El comercio del libro entre España y América Latina.

Estudio de Elena Enríquez Fuentes para la Alianza Internacional de Editores Independientes.

 

 

“El presente trabajo demuestra que existe una notable asimetría en el intercambio comercial de libros entre España y America Latina. Esta afirmación se sustenta en el comparativo que involucra exportaciones e importaciones de España y América Latina durante 2006 y 2007. Para explicar algunas de las causas mas  evidentes de este desequilibrio, se presenta un panorama general de la situación de la industria editorial en los  países  latinoamericanos:  debilidades  mas  visibles, índices  de  lectura  y  el  poder  adquisitivo  de  su población. Cada uno de estos aspectos se contrasta con la situación en España, con el fin de aproximarnos a la comprensión de por qué el país ibérico domina el comercio internacional del libro en castellano. Al final  se presenta una serie de medidas de realización inmediata que buscan atenuar el desequilibrio y fomentar, con base en la libre circulación del libro, el intercambio comercial entre los países de America Latina”.

  

Descargar estudio completo. (PDF)

 

Fuente │Tramas & Texturas.

 

In Memoriam: Idea Vilariño.

Muere la poeta uruguaya Idea Vilariño (18 agosto 1920, Montevideo – 28 abril 2009).

 

 

Quiero morir

Idea Vilariño

 

Quiero morir. No quiero oír ya más campanas.
La noche se deshace, el silencio se agrieta.
Si ahora un coro sombrío en un bajo imposible,
si un órgano imposible descendiera hasta donde.

Quiero morir, y entonces me grita estás muriendo,
quiero cerrar los ojos porque estoy tan cansada.
Si no hay una mirada ni un don que me sostengan,
si se vuelven, si toman, qué espero de la noche.

Quiero morir ahora que se hielan las flores,
que en vano se fatigan las calladas estrellas,
que el reloj detenido no atormenta el silencio.

Quiero morir. No muero.

No me muero. Tal vez
tantos, tantos derrumbes, tantas muertes, tal vez,
tanto olvido, rechazos,
tantos dioses que huyeron con palabras queridas
no me dejan morir definitivamente.

 

29 Abril: Día Internacional de la Danza 2009.

El Día Internacional de la Danza fue instituido por el Comité Internacional de la Danza del Instituto Internacional de Teatro (ITI-UNESCO) en 1982. La fecha seleccionada, 29 de abril, fue sugerida por Piotr Gussev, en conmemoración del nacimiento de Jean Jacques Noverre, revolucionario coreógrafo francés (1727-1810).

La intención del Día Internacional de la Danza es reunir a todos los géneros dancísticos para celebrar esta manifestación artística y su universalidad, remontando todas las barreras y uniendo al mundo en aras de la paz y la amistad con un lenguaje común: la danza. La idea de conmemorar el Día Internacional de la danza fue acogida prácticamente en todo el mundo y cada año se da a conocer en esa fecha un mensaje especial firmado por alguna personalidad de renombre mundial en la danza. Este año el Día de la Danza 2009 se dedica a la danza integradora. A continuación transcribimos el mensaje oficial 2009 a cargo del bailarín y correógrafo Akram Khan.  

Mensaje oficial del Día de la Danza 2009. Akram Khan.

 

“Este día tan particular, el Día internacional de la danza, se dedica  al único lenguaje que cada uno de nosotros en este mundo puede hablar, el lenguaje inherente a nuestros cuerpos y nuestras almas, a nuestros ancestros y a nuestros hijos.

Este día está dedicado a cada dios, gurú  y  abuelo que siempre nos han enseñado e inspirado.

A cada canción, cada impulso y cada momento que nos han enseñado e inspirado.

Está dedicado  a cada niño que desearía poder moverse como una estrella. Y a la madre que dice, “Tú puedes hacerlo ya”.

Este día está dedicado a cada persona de no importa que creencia, color y cultura que transforme las tradiciones de su pasado en historias del presente y en sueños del futuro.

Este día está dedicado a la Danza, a su indefinida cantidad de dialectos y a su inmenso poder de expresión, de transformación, de unidad y júbilo”.

Sitio Oficial │ ITI Worldwide CID-UNESCO
2009 International Dance Day Message (doc) por Akram Khan │ PDF Formato

En Algún Día | Día internacional de la Danza.

 

Cajero automático de Libros.

Con una base de datos de más de un millón de títulos de más de 6500 editores, La Espresso Book Machine es una fotocopiadora capaz de imprimir y encuadernar libros en menos de cinco minutos.

Se asegura que el invento revolucionará el mundo de la edición y distribución de libros ampliando los límites de los mismos.

La Espresso Book Machine es para su propietario, On Demand Books, esencialmente un cajero automático de libros que imprime y encuaderna de forma automática, sobre la demanda en el punto de venta. Un libro de 300 páginas se puede producir en cuatro minutos (en serie, en tres minutos). Según On Demand Books el software, protegido por derechos de autor, garantiza la seguridad de los títulos. En última instancia, la Espresso Book Machine permitirá distribuir prácticamente todos los libros publicados hasta la fecha, en cualquier idioma, en cualquier lugar de la tierra, de forma fácil y rápida.

Fuente │ Revista de Letras.

Más información │ El País.com

Sitio Oficial | OnDemandBooks

 

Correspondencia entre Hesse y Zweig.

Treinta y cinco años duró la correspondencia entre Hermann Hesse y Stefan Zweig. Sus cartas, que ahora se publican en español (disponible a partir del 1 de mayo en editorial Acantilado), son piezas literarias de primera magnitud que permiten seguir la grandeza de ambos escritores.

Trastienda de dos autores. Texto: Stefan Zweig. ABCD.es. nº 900. 26.04.2009.

 

Basilea, enero de 1903

Muy estimado señor:

¡No se asuste usted porque, ahora, de repente, le aborde con un saludo y una petición!

Adjunto a esta carta encontrará usted mi librito Gedichte [Poemas], que contiene, entre otras cosas, una traducción de Verlaine. Si algo en este libro resultara de su agrado, le ruego encarecidamente que me regale en reciprocidad su libro sobre Verlaine (los poemas suyos ya los tengo). Me haría muy feliz poseer ese hermoso volumen con una línea de dedicatoria escrita de su puño y letra.

Me proporcionará usted una alegría enorme. Soy ridículamente pauvre y me veo obligado a ir mendigando mis contentos acá o acullá. En esa empresa, sin embargo, he encontrado siempre, por azar, muchos amigos queridos […]. ¿Tendré la misma suerte con usted?

¿O no?

Le saluda afectuosamente, su devoto servidor,

Hermann Hesse.

Viena, 2 de febrero de 1903

Muy apreciado señor Hesse:

[…] su libro me ha deparado una gran alegría. Se lo agradezco de verdad, desde lo más hondo, y tengo que pedirle también que crea lo que voy a decirle: hace mucho tiempo que tenía la intención de dirigirme a usted […] He creído siempre en aquella «Liga secreta de los melancólicos» de la que habla Jacobsen en su Maria Grubbe; sostengo también que los que sentimos, en lo íntimo de nuestro ser, cierta afinidad del alma, no debemos permanecer desconocidos los unos para los otros. Conocerle ahora personalmente a usted, a quien estimo mucho desde hace tiempo por algunos versos aislados leídos en revistas, me depara una alegría sincera.

¿Me permite decirle algo sobre su libro? […] lo he tomado en mis manos y, guiándome por mi sensibilidad más clara y viva, se lo he llevado a algunos amigos para leerles pasajes en voz alta. Con toda sinceridad, me doy cuenta de que, junto a El libro de las imágenes de Rilke, a Der Spiegel [El espejo] de Wilhelm von Scholz y al Adagio stiller Abende [Adagio de atardeceres apacibles], obra de mi querido amigo Camill Hoffmann -libro que, además, siento extraordinariamente cercano-, éste es [para mí] el más querido poemario de este año. Con satisfacción puedo colocarlo junto a los otros libros que me han sido dedicados; y la compañía allí, por cierto, no es nada despreciable […]. También me gustaría, en cuanto se preste la ocasión, hacer algo por su libro, y hacerlo en una gran publicación, donde sepa que mis palabras no se las llevará el viento.

Recibirá mi Verlaine en unos ocho días. Le pediré hoy mismo a mi editor algunos ejemplares nuevos; he tenido, por cierto, muchas satisfacciones con él, se vende magníficamente bien y espero que, para el otoño, vea la luz una segunda edición, con una tirada de tres mil ejemplares. Quiero, para entonces, añadir su magnífico poema, y le pido que eventualmente me haga llegar otras pruebas.

Y una cosa más: en vista de que ha sido usted, con su fuerza y su desenfado, quien ha roto el hielo, no quisiera que perdamos del todo el contacto. Me gustaría conocer más de usted […]. No soy un autor de cartas muy fiable […]. Sin embargo, siempre constituye para mí una dicha poder decirle a algún amigo al que aprecio cosas más íntimas y personales, esas que nos mueven y nos ocupan en lo más profundo; sólo que, en mi caso, esas cartas surgen de manera espontánea: no salen nunca con el próximo correo, sino que tardan a menudo tres semanas o más. Si se atreve usted, en tales circunstancias, a referirme muchas más cosas acerca de su persona, me sentiré satisfecho y hondamente agradecido, y creo que, en ese caso, podrá contar conmigo. Como poeta no me tengo en muy alta estima, y es ésa la razón por la que no dudo jamás en considerarme un ser totalmente superfluo para el mundo, a menos que me valore en mi virtud de ser «amigo de mis amigos». Y tengo la impresión de que podré contarle a usted entre ellos. […]

Stefan Zweig.

Basilea, 5 de febrero de 1903

Muy estimado señor:

[…] Debido a mi naturaleza inconstante, me resulta imposible establecer acuerdos u obligaciones. Por otra parte, no siento ninguna inclinación hacia los intercambios epistolares de corte literario. A ello se añade que mis ojos, normalmente tan claros e incansables, se muestran muy débiles ante el papel (durante el último año pasé meses sin poder leer ni escribir). Pero, a fin de cuentas, ¡ni usted ni yo pretendemos contraer matrimonio! Aunque no suelo escribir cartas, siempre contará con mi gratitud por cualquier saludo amistoso o cualquier forma de acercamiento personal, y en algunas ocasiones también compartiré con usted, con sumo gusto, alguna pena o alegría. ¡Pero sin regularidad ni reglamentos! ¿Me entiende usted?

De mí hay poco que contar. Aparte de algunos amoríos, mi corazón jamás ha pertenecido a los hombres, sino únicamente a la naturaleza y a los libros. Adoro a los antiguos novelistas italianos y a los románticos alemanes, pero estimo aún más las ciudades de Italia y, mucho más que todo eso, amo las montañas, los ríos, los desfiladeros, el mar, el cielo, las nubes, las flores, los árboles y los animales. Andar, remar, nadar y pescar están para mí por encima de todo. Sólo que no practico nada de eso como deportista, sino como un soñador […].

[…] Me gusta tratar con los niños, con los campesinos, con la gente de mar, etcétera, y siempre se me puede encontrar empinando el codo en las tabernas de marineros. Siento un horror enorme ante esos lugares a los que se entra con guantes blancos o palabras selectas y, desde hace dos años, me mantengo estrictamente alejado de toda «vida social». Durante la semana trabajo en una pequeña tienda de libros viejos; por las noches leo o juego al billar, y los domingos me pierdo en alguna que otra montaña o valle, siempre en solitario. […]

Hasta ahora me he librado totalmente de cualquier éxito literario. […] Para convertirme en folletinista soy en parte demasiado torpe, en parte demasiado orgulloso y, en parte también, demasiado perezoso. La creación, para mí, es siempre goce, nunca trabajo. No obstante, de vez en cuando tengo que hacer cosas de ese tipo para ganarme la vida.

No sé si con esto tiene usted una imagen de mí, ¡uno se conoce tan poco! Por lo demás, no estoy acostumbrado a hablar de mí mismo, y mucho menos a tenerme como tema de conversación. ¡De modo que dese usted por satisfecho! […]

Hermann Hesse.

Viena, 2 de marzo de 1903

Estimado señor Hesse:

[…] Yo, aquí, también suelo apartarme de los caminos de la literatura. Creo […] que en el extranjero se imaginan la literatura austriaca como una enorme mesa de café alrededor de la cual permanecemos sentados todos, día tras día. Ahora bien, yo, por ejemplo, no mantengo una relación estrecha ni con Schnitzler, ni con Bahr, ni con Hofmannsthal, ni con Altenberg; es más, a los tres primeros ni siquiera los conozco. Recorro mis caminos por el campo con algunos autores más silenciosos: Camill Hoffmann, Hans Müller, Franz Karl Ginzkey, un poeta franco-turco, el doctor Abdullah Djaddet Bey, y algunos pintores y músicos. Creo que, en el fondo, todos nosotros -y con «nosotros» me refiero a los que sentimos esta afinidad- vivimos de un modo parecido. Yo también he prodigado, y no poco, la vida, sólo me falta ese último desbordamiento: el de la embriaguez. […]

¡Y para colmo tengo que practicar la ciencia! Ahora trabajo como un demente para acabar el año que viene, de una vez por todas, con lo del título de Doctor philosophiae, y así poder arrojarlo a mis espaldas como si se tratase de unos molestos harapos. Ésta es, tal vez, la única cosa que hago para complacer a mis padres, en contra de mi propio yo. Me siento totalmente aniquilado de tanto quemarme las cejas, algo que sólo interrumpo de vez en cuando para pasar alguna noche de locura, pero nunca para divertirme o liberarme; espero poder imponer en casa el consentimiento para ir en Pascua por diez días a Italia. He aprendido italiano y estoy ávido por ver los cuadros de Leonardo, que sé que me encantarán […].

Suyo.

Stefan Zweig.

 

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