Algún día en alguna parte

Se lee lo que se come.

Posted in Artículos by Alguien on 30 abril 2009

Se es lo que se come. Texto: Alberto Majoral.

 

Un escritor mexicano que murió en el temblor del 85 escribió un cuento sobre un tipo que se alimentaba de lo que leía. Ya no me acuerdo bien, lo leí cuando su autor aún estaba vivo. El personaje del cuento, por ejemplo, se podía desayunar con unos cuentos de Arreola, algo ligerito y nutritivo. Para comer se leería Paradiso de José Lezama Lima, o una comedia de Calderón, acompañada de unos sonetos metafísicos de Quevedo; y para beber, algo fresquito de Garcilaso. Unas chuletitas de poesía no le vienen mal a nadie; a mí me gustan mucho las de Wallace Stevens. Para merendar, yo le recomiendo algo sabroso pero que no pudra la dentadura, tal vez unos textos cortos de Alvaro Cunqueiro. Algunas editoriales venden tapas por cien o doscientas pesetas. Todo el mundo sabe que no se debe cenar en exceso, a mí me ocurre que luego no puedo dormir. Los gastrónomos más avezados insisten en preparar sus menús únicamente con productos de temporada. Es buena idea porque se suelen evitar las hormonas y sustancias post-genéticas que necesitan las cosechas para sobrevivir lejos de su época. Así, según la temporada, yo le sugeriría al personaje de aquel cuento la Sonata de primavera (Valle-Inclán), el Sueño de una noche de verano (Shakespeare), El otoño del patriarca (García-Márquez) o el Libro del Frío (Antonio Gamoneda).

De vez en cuando, uno es débil y llama a la pizzería para que le traigan un best-seller. Conozco a quien se levanta a medianoche, va al frigorífico y se lee un par de capítulos del Quijote a escondidas, teme que le tomen por glotón. Hay gente que se atraganta de pasteles y poemas de amor de Neruda, después llegan a su casa con el apetito diezmado. Resulta repugnante ver a un gordo por la calle tragándose una novela de John Grisham; se sabe perfectamente que la población norteamericana padece de obesidad porque leen grasas de crimen y misterio y glucosas de Danielle Steel en exceso.

Nosotros, la gente que comemos en español, en cambio, estamos algo desnutridos, y conozco a gente que está anémica de lo poco que lee. Pero podemos confeccionar un menú barato y nutritivo para ayudar a estas personas a recuperar su salud. El Ómnibus de poesía mexicana de Gabriel Zaid incluye las letras de canciones populares y de algunos corridos. No está mal para empezar. También se puede leer uno que otro poema del resto de la antología, pero sin excederse; tampoco me interesa dañarle el aparato digestivo a nadie. Los cuentos de Juan Rulfo contienen una sana cantidad de calorías y no caen pesados, son buenos para leer en verano. Cuando vamos de picnic siempre hay que llevar algo de Kafka, lo digo porque un poco de claustrofobia no viene mal cuando se pasan tantas horas al aire libre.

Comidas más sustanciosas pueden incluir algo de Julio Cortázar o de Borges, aunque debo avisar que la lectura sin medida de éste último puede causar estreñimiento. Si de verdad queremos recuperar la salud debemos leer a los novelistas del siglo diecinueve, excelentes para ayudarnos a afrontar los rigores del invierno. Yo, como la hormiga de la fábula, tengo bien abastecida mi biblioteca con libros de un alto nivel calórico: Dostievsky, Tolstoi, Dickens, Clarín y Pérez Galdós, además de la poesía completa de Robert Browning. No pienso pasar ni hambre ni frío.

No crean que soy tan trabajador ni previsor. También tengo algo de cigarra y leo cosas recién publicadas. Aquí no recomiendo nada porque depende del hedonismo y las glándulas salivares de cada quien.

El que se quiera poner a dieta debe leer únicamente cosas de Samuel Beckett, no cabe duda de que para adelgazar hay que sufrir, aunque tampoco se trata de morirse de inanición. Tengo un amigo que se puso en huelga de hambre y dejó de comprar libros. Los médicos lo conectaron a una botella de suero llena de aforismos de Nietzsche, lo que a mí me pareció de una violencia terapéutica excesiva. Con todo, tardó varios meses en recuperarse, pobrecito. A otro conocido mío le dio por leerse una novela entera de Mujica Laínez, creo que Bomarzo, ¡en una sola noche! Por suerte lo encontramos a tiempo, un par de párrafos más y se nos va; lo llevamos rápidamente al hospital, donde le practicaron un lavado de estómago y en pocas horas quedó como nuevo. Esto lo menciono a modo de aviso para que nadie piense que se me paga por promover el pecado la gula, me han dicho que hay otros más interesantes. Por ejemplo, no he dicho nada de Proust en todo el artículo, los interesados pueden encontrar sus obras en cualquier Boutique del Gourmet.

A mi me da envidia la gente que puede leer lo que le dé la gana, incluso en exceso, y no engorda. El otro día vi a una señora en el autobús que leía una novela de Rosa Montero; me parecieron sumamente desagradables los ruidos que hacía al masticar, la gente que lee esas cosas parece toda comer con la boca abierta. Otros padecen de bulimia, una enfermedad muy seria que requiere tratamiento psiquiátrico: leen mucho y luego te lo cuentan. Lo malo es que su memoria retiene poco, ya que no llegan a digerir lo leído. Algo parecido ocurre con los anoréxicos, personas que no pueden ni acercarse a un libro. Siempre piensan que les sobra cultura, o sea que están gordos. Pero vistos de perfil son casi invisibles. Mal asunto.

Otros padecen de gastritis, leen una página y la acidez de estómago los obliga a encender el televisor inmediatamente. Queda claro que la alta cocina no es para ellos. Los desdentados leen sólo papilla, comics y cosas por el estilo. Conocí a un tipo que le habían operado la quijada y no podía abrir la boca, tenía unos hierros que le mantenían la mandíbula inmóvil de manera que su madre le tenía que pasar todos los alimentos por la licuadora. Así se pasó seis semanas leyendo libros de autoayuda.

La última vez que estuve enfermo, no podía leer nada. No se trataba de nada grave, pero leía cuatro líneas y me mareaba. Así que Carmen, mi señora, me trajo unos libros en casette. Mientras convalecía, escuché toda la Ilíada, en voz de Derek Jacobi. Cuando se está enfermo hay que comer bien para poder volver a las andadas lo antes posible.

Ya ven ustedes que no soy un gran gourmet, ni siquiera un experto en nutrición, pero tengo una lista de lecturas bien equilibrada, una mezcla dieta mediterránea, que los expertos dicen es tan saludable, y de distintas cocinas europeas y americanas, sobretodo de la mexicana. Como buen mexicano está claro que seré aficionado al picante, pero esas lecturas las guardo debajo del colchón.

Por cierto, el personaje del cuento que mencioné al principio murió de indigestión después de leer Terra Nostra, de Carlos Fuentes. Espero que a ustedes no les haga falta un alka-seltzer después de leer este plagio.

Bon apetit.

Si Dios fuera Mujer. Mario Benedetti.

Posted in Poesía by Alguien on 30 abril 2009

 

Si Dios fuera Mujer

Mario Benedetti

 

¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.

 

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

 

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

 

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

 

Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.

 

El comercio del libro entre España y América Latina.

Posted in Andanzas by Alguien on 29 abril 2009

Estudio de Elena Enríquez Fuentes para la Alianza Internacional de Editores Independientes.

 

 

“El presente trabajo demuestra que existe una notable asimetría en el intercambio comercial de libros entre España y America Latina. Esta afirmación se sustenta en el comparativo que involucra exportaciones e importaciones de España y América Latina durante 2006 y 2007. Para explicar algunas de las causas mas  evidentes de este desequilibrio, se presenta un panorama general de la situación de la industria editorial en los  países  latinoamericanos:  debilidades  mas  visibles, índices  de  lectura  y  el  poder  adquisitivo  de  su población. Cada uno de estos aspectos se contrasta con la situación en España, con el fin de aproximarnos a la comprensión de por qué el país ibérico domina el comercio internacional del libro en castellano. Al final  se presenta una serie de medidas de realización inmediata que buscan atenuar el desequilibrio y fomentar, con base en la libre circulación del libro, el intercambio comercial entre los países de America Latina”.

  

Descargar estudio completo. (PDF)

 

Fuente │Tramas & Texturas.

 

In Memoriam: Idea Vilariño.

Posted in Memorias, Poesía by Alguien on 29 abril 2009

Muere la poeta uruguaya Idea Vilariño (18 agosto 1920, Montevideo – 28 abril 2009).

 

 

Quiero morir

Idea Vilariño

 

Quiero morir. No quiero oír ya más campanas.
La noche se deshace, el silencio se agrieta.
Si ahora un coro sombrío en un bajo imposible,
si un órgano imposible descendiera hasta donde.

Quiero morir, y entonces me grita estás muriendo,
quiero cerrar los ojos porque estoy tan cansada.
Si no hay una mirada ni un don que me sostengan,
si se vuelven, si toman, qué espero de la noche.

Quiero morir ahora que se hielan las flores,
que en vano se fatigan las calladas estrellas,
que el reloj detenido no atormenta el silencio.

Quiero morir. No muero.

No me muero. Tal vez
tantos, tantos derrumbes, tantas muertes, tal vez,
tanto olvido, rechazos,
tantos dioses que huyeron con palabras queridas
no me dejan morir definitivamente.

 

29 Abril: Día Internacional de la Danza 2009.

Posted in Andanzas by Alguien on 29 abril 2009

El Día Internacional de la Danza fue instituido por el Comité Internacional de la Danza del Instituto Internacional de Teatro (ITI-UNESCO) en 1982. La fecha seleccionada, 29 de abril, fue sugerida por Piotr Gussev, en conmemoración del nacimiento de Jean Jacques Noverre, revolucionario coreógrafo francés (1727-1810).

La intención del Día Internacional de la Danza es reunir a todos los géneros dancísticos para celebrar esta manifestación artística y su universalidad, remontando todas las barreras y uniendo al mundo en aras de la paz y la amistad con un lenguaje común: la danza. La idea de conmemorar el Día Internacional de la danza fue acogida prácticamente en todo el mundo y cada año se da a conocer en esa fecha un mensaje especial firmado por alguna personalidad de renombre mundial en la danza. Este año el Día de la Danza 2009 se dedica a la danza integradora. A continuación transcribimos el mensaje oficial 2009 a cargo del bailarín y correógrafo Akram Khan.  

Mensaje oficial del Día de la Danza 2009. Akram Khan.

 

“Este día tan particular, el Día internacional de la danza, se dedica  al único lenguaje que cada uno de nosotros en este mundo puede hablar, el lenguaje inherente a nuestros cuerpos y nuestras almas, a nuestros ancestros y a nuestros hijos.

Este día está dedicado a cada dios, gurú  y  abuelo que siempre nos han enseñado e inspirado.

A cada canción, cada impulso y cada momento que nos han enseñado e inspirado.

Está dedicado  a cada niño que desearía poder moverse como una estrella. Y a la madre que dice, “Tú puedes hacerlo ya”.

Este día está dedicado a cada persona de no importa que creencia, color y cultura que transforme las tradiciones de su pasado en historias del presente y en sueños del futuro.

Este día está dedicado a la Danza, a su indefinida cantidad de dialectos y a su inmenso poder de expresión, de transformación, de unidad y júbilo”.

Sitio Oficial │ ITI Worldwide CID-UNESCO
2009 International Dance Day Message (doc) por Akram Khan │ PDF Formato

En Algún Día | Día internacional de la Danza.

 

Cajero automático de Libros.

Posted in Noticias by Alguien on 28 abril 2009

Con una base de datos de más de un millón de títulos de más de 6500 editores, La Espresso Book Machine es una fotocopiadora capaz de imprimir y encuadernar libros en menos de cinco minutos.

Se asegura que el invento revolucionará el mundo de la edición y distribución de libros ampliando los límites de los mismos.

La Espresso Book Machine es para su propietario, On Demand Books, esencialmente un cajero automático de libros que imprime y encuaderna de forma automática, sobre la demanda en el punto de venta. Un libro de 300 páginas se puede producir en cuatro minutos (en serie, en tres minutos). Según On Demand Books el software, protegido por derechos de autor, garantiza la seguridad de los títulos. En última instancia, la Espresso Book Machine permitirá distribuir prácticamente todos los libros publicados hasta la fecha, en cualquier idioma, en cualquier lugar de la tierra, de forma fácil y rápida.

Fuente │ Revista de Letras.

Más información │ El País.com

Sitio Oficial | OnDemandBooks

 

Correspondencia entre Hesse y Zweig.

Posted in Fragmentos, Libros by Alguien on 28 abril 2009

Treinta y cinco años duró la correspondencia entre Hermann Hesse y Stefan Zweig. Sus cartas, que ahora se publican en español (disponible a partir del 1 de mayo en editorial Acantilado), son piezas literarias de primera magnitud que permiten seguir la grandeza de ambos escritores.

Trastienda de dos autores. Texto: Stefan Zweig. ABCD.es. nº 900. 26.04.2009.

 

Basilea, enero de 1903

Muy estimado señor:

¡No se asuste usted porque, ahora, de repente, le aborde con un saludo y una petición!

Adjunto a esta carta encontrará usted mi librito Gedichte [Poemas], que contiene, entre otras cosas, una traducción de Verlaine. Si algo en este libro resultara de su agrado, le ruego encarecidamente que me regale en reciprocidad su libro sobre Verlaine (los poemas suyos ya los tengo). Me haría muy feliz poseer ese hermoso volumen con una línea de dedicatoria escrita de su puño y letra.

Me proporcionará usted una alegría enorme. Soy ridículamente pauvre y me veo obligado a ir mendigando mis contentos acá o acullá. En esa empresa, sin embargo, he encontrado siempre, por azar, muchos amigos queridos [...]. ¿Tendré la misma suerte con usted?

¿O no?

Le saluda afectuosamente, su devoto servidor,

Hermann Hesse.

Viena, 2 de febrero de 1903

Muy apreciado señor Hesse:

[...] su libro me ha deparado una gran alegría. Se lo agradezco de verdad, desde lo más hondo, y tengo que pedirle también que crea lo que voy a decirle: hace mucho tiempo que tenía la intención de dirigirme a usted [...] He creído siempre en aquella «Liga secreta de los melancólicos» de la que habla Jacobsen en su Maria Grubbe; sostengo también que los que sentimos, en lo íntimo de nuestro ser, cierta afinidad del alma, no debemos permanecer desconocidos los unos para los otros. Conocerle ahora personalmente a usted, a quien estimo mucho desde hace tiempo por algunos versos aislados leídos en revistas, me depara una alegría sincera.

¿Me permite decirle algo sobre su libro? [...] lo he tomado en mis manos y, guiándome por mi sensibilidad más clara y viva, se lo he llevado a algunos amigos para leerles pasajes en voz alta. Con toda sinceridad, me doy cuenta de que, junto a El libro de las imágenes de Rilke, a Der Spiegel [El espejo] de Wilhelm von Scholz y al Adagio stiller Abende [Adagio de atardeceres apacibles], obra de mi querido amigo Camill Hoffmann -libro que, además, siento extraordinariamente cercano-, éste es [para mí] el más querido poemario de este año. Con satisfacción puedo colocarlo junto a los otros libros que me han sido dedicados; y la compañía allí, por cierto, no es nada despreciable [...]. También me gustaría, en cuanto se preste la ocasión, hacer algo por su libro, y hacerlo en una gran publicación, donde sepa que mis palabras no se las llevará el viento.

Recibirá mi Verlaine en unos ocho días. Le pediré hoy mismo a mi editor algunos ejemplares nuevos; he tenido, por cierto, muchas satisfacciones con él, se vende magníficamente bien y espero que, para el otoño, vea la luz una segunda edición, con una tirada de tres mil ejemplares. Quiero, para entonces, añadir su magnífico poema, y le pido que eventualmente me haga llegar otras pruebas.

Y una cosa más: en vista de que ha sido usted, con su fuerza y su desenfado, quien ha roto el hielo, no quisiera que perdamos del todo el contacto. Me gustaría conocer más de usted [...]. No soy un autor de cartas muy fiable [...]. Sin embargo, siempre constituye para mí una dicha poder decirle a algún amigo al que aprecio cosas más íntimas y personales, esas que nos mueven y nos ocupan en lo más profundo; sólo que, en mi caso, esas cartas surgen de manera espontánea: no salen nunca con el próximo correo, sino que tardan a menudo tres semanas o más. Si se atreve usted, en tales circunstancias, a referirme muchas más cosas acerca de su persona, me sentiré satisfecho y hondamente agradecido, y creo que, en ese caso, podrá contar conmigo. Como poeta no me tengo en muy alta estima, y es ésa la razón por la que no dudo jamás en considerarme un ser totalmente superfluo para el mundo, a menos que me valore en mi virtud de ser «amigo de mis amigos». Y tengo la impresión de que podré contarle a usted entre ellos. [...]

Stefan Zweig.

Basilea, 5 de febrero de 1903

Muy estimado señor:

[...] Debido a mi naturaleza inconstante, me resulta imposible establecer acuerdos u obligaciones. Por otra parte, no siento ninguna inclinación hacia los intercambios epistolares de corte literario. A ello se añade que mis ojos, normalmente tan claros e incansables, se muestran muy débiles ante el papel (durante el último año pasé meses sin poder leer ni escribir). Pero, a fin de cuentas, ¡ni usted ni yo pretendemos contraer matrimonio! Aunque no suelo escribir cartas, siempre contará con mi gratitud por cualquier saludo amistoso o cualquier forma de acercamiento personal, y en algunas ocasiones también compartiré con usted, con sumo gusto, alguna pena o alegría. ¡Pero sin regularidad ni reglamentos! ¿Me entiende usted?

De mí hay poco que contar. Aparte de algunos amoríos, mi corazón jamás ha pertenecido a los hombres, sino únicamente a la naturaleza y a los libros. Adoro a los antiguos novelistas italianos y a los románticos alemanes, pero estimo aún más las ciudades de Italia y, mucho más que todo eso, amo las montañas, los ríos, los desfiladeros, el mar, el cielo, las nubes, las flores, los árboles y los animales. Andar, remar, nadar y pescar están para mí por encima de todo. Sólo que no practico nada de eso como deportista, sino como un soñador [...].

[...] Me gusta tratar con los niños, con los campesinos, con la gente de mar, etcétera, y siempre se me puede encontrar empinando el codo en las tabernas de marineros. Siento un horror enorme ante esos lugares a los que se entra con guantes blancos o palabras selectas y, desde hace dos años, me mantengo estrictamente alejado de toda «vida social». Durante la semana trabajo en una pequeña tienda de libros viejos; por las noches leo o juego al billar, y los domingos me pierdo en alguna que otra montaña o valle, siempre en solitario. [...]

Hasta ahora me he librado totalmente de cualquier éxito literario. [...] Para convertirme en folletinista soy en parte demasiado torpe, en parte demasiado orgulloso y, en parte también, demasiado perezoso. La creación, para mí, es siempre goce, nunca trabajo. No obstante, de vez en cuando tengo que hacer cosas de ese tipo para ganarme la vida.

No sé si con esto tiene usted una imagen de mí, ¡uno se conoce tan poco! Por lo demás, no estoy acostumbrado a hablar de mí mismo, y mucho menos a tenerme como tema de conversación. ¡De modo que dese usted por satisfecho! [...]

Hermann Hesse.

Viena, 2 de marzo de 1903

Estimado señor Hesse:

[...] Yo, aquí, también suelo apartarme de los caminos de la literatura. Creo [...] que en el extranjero se imaginan la literatura austriaca como una enorme mesa de café alrededor de la cual permanecemos sentados todos, día tras día. Ahora bien, yo, por ejemplo, no mantengo una relación estrecha ni con Schnitzler, ni con Bahr, ni con Hofmannsthal, ni con Altenberg; es más, a los tres primeros ni siquiera los conozco. Recorro mis caminos por el campo con algunos autores más silenciosos: Camill Hoffmann, Hans Müller, Franz Karl Ginzkey, un poeta franco-turco, el doctor Abdullah Djaddet Bey, y algunos pintores y músicos. Creo que, en el fondo, todos nosotros -y con «nosotros» me refiero a los que sentimos esta afinidad- vivimos de un modo parecido. Yo también he prodigado, y no poco, la vida, sólo me falta ese último desbordamiento: el de la embriaguez. [...]

¡Y para colmo tengo que practicar la ciencia! Ahora trabajo como un demente para acabar el año que viene, de una vez por todas, con lo del título de Doctor philosophiae, y así poder arrojarlo a mis espaldas como si se tratase de unos molestos harapos. Ésta es, tal vez, la única cosa que hago para complacer a mis padres, en contra de mi propio yo. Me siento totalmente aniquilado de tanto quemarme las cejas, algo que sólo interrumpo de vez en cuando para pasar alguna noche de locura, pero nunca para divertirme o liberarme; espero poder imponer en casa el consentimiento para ir en Pascua por diez días a Italia. He aprendido italiano y estoy ávido por ver los cuadros de Leonardo, que sé que me encantarán [...].

Suyo.

Stefan Zweig.

 

Cómo se fabrica un best seller.

Posted in Artículos by Alguien on 27 abril 2009

No hay reglas ni recetas mágicas para que un libro se convierta en éxito de ventas. Pero ‘bombazos’ literarios como los de Stieg Larsson o Stephenie Meyer revitalizan el fenómeno ‘best seller’. ¿Por qué?

Texto: Manuel Rodríguez Rivero. El Pais Semanal. 26.04.09

Qué tienen en común El extranjero, Los cipreses creen en Dios, Los hombres que no amaban a las mujeres, La Biblia, El club Dumas, Diez negritos, Juan Salvador Gaviota, Corazón tan blanco y las Citas del presidente Mao? Probablemente sólo su condición de best sellers. Todos ellos son libros que en un instante o a lo largo del tiempo, en un territorio o en varios, en sólo una lengua o traducidos a muchas, han conseguido una especial notoriedad –más allá de cualquier consideración literaria– por el hecho de haber sido adquiridos –y leídos, aunque las dos cosas no siempre coinciden– por un gran número de personas. ¿Cuántos ejemplares se necesitan para hacer un best seller? Depende: las cifras varían desde el millardo atribuido a todas las ediciones de la Biblia o del Libro rojo a los 10 millones de ejemplares vendidos del más popular de los misterios de Agatha Christie, o a los casi 2 millones de la séptima novela de Javier Marías. Aunque las cantidades de siete cifras no son imprescindibles: 20.000 o 30.000 ejemplares son suficientes para que una novela en euskera se convierta en superventas en el País Vasco, un número casi despreciable si tomamos como referencia la canónica y codiciada lista de best sellers de The New York Times, donde, quizá, ese hipotético libro, un día traducido al inglés, podría convertirse en un millonario éxito internacional.

El concepto de best seller (o “superventas”, como prefiere el DRAE) encierra una categoría perfectamente neutra que, sin embargo, ha acabado designando realidades muy heterogéneas. En sus orígenes se refería simplemente a lo que la expresión denota: los (libros) que se venden más. Luego vino la confusión: puesto que los títulos que se vendían mejor coincidían habitualmente con los de tirón más popular, y éstos no siempre se adecuaban a los estándares estéticos de la “alta” cultura, el adjetivo-sustantivo pasó a calificar también a aquellos libros que, precisamente por venderse bien, eran sospechosos de insuficiencias literarias.

Ahora ya sabemos que hay unos best sellers –desde El Quijote o el Werther hasta El guardián en el centeno o Cien años de soledad – que tuvieron su “momento” y supieron prolongarlo, reviviendo incluso tras “purgatorios” críticos y olvidos generacionales: son los long sellers, a los que la pátina del tiempo ha dotado de un estatuto más prestigioso. Y también sabemos que hay otros de éxito fulminante que no consiguen superar la prueba de su primer cuarto de siglo porque su popularidad no esconde más que complicidad con el inmediato y efímero Zeitgeist en que aparecieron. Son los fast sellers: meteoros que irrumpen con estrépito porque son de alguna manera esperados y se hacen cómplices de la sensibilidad o de ciertas ansiedades del instante. Claro que hay fast sellers que saben convertirse en long sellers: como el Cándido de Voltaire o el Tristram Shandy de Sterne (ambos de 1759) o la Lolita de Nabokov (1955).

Best Seller. Expresión inglesa (“mejor vendido”) con la que en la década de los años veinte de este siglo comenzó a denominarse al libro que, en determinado periodo de tiempo, había conseguido una mayor venta y difusión nacional o internacional. Los sociólogos que investigan el hecho de la difusión de la cultura destacan la complejidad y relatividad de libro concreto. Puede haber razones lingüísticas (una obra en inglés tiene más difusión, por contar con un mercado más amplio de hablantes y conocedores de ese idioma), económicas y culturales: alto nivel de vida y alfabetización del público al que se dirige.. Sin embargo, pueden contribuir especialmente a dicho éxito las condiciones del canal elegido para su transmisión y distribución. Así, con la llegada de la radio, el cine y la televisión, la propaganda, que antes se reducía a la prensa, amplia poderosamente sus medios de influencia en la masa, lo que ha motivado que obras como Tarzan, de E. R. Burroughs o Love Story, de E. Segal, hayan tenido una acogida inospechada. No obstante, puede haber razones no meramente propagandísticas, sino de raíz ideológica, ya sea religiosa, política o social, que explican el hecho de que, por ejemplo, la Biblia sea un best seller permanente, o que, en su tiempo, lo hayan sido El Manifiesto del Partido Comunista, de Marx-Engels, Mein Kampf, de Adolf Hitler, El libro rojo, de Mao. Por otra parte, los best seller han coincidido frecuentemente con obras representativas de la cultura popular o de masas, de escasa calidad estética, como ocurre con determinadas novelas policíacas del tipo de las de Agatha Christie, a las que se engloba bajo el rótulo de paraliteratura. No obstante, determinados libros de indudable valor artístico han logrado una inesperada acogida del público, como ha ocurrido con El nombre de la rosa, de U. Eco, o las Memorias de Adriano, de M. Yourcenar. De todas formas, una buena parte de los best seller contemporáneos ha llegado a serlo como consecuencia de una bien organizada promoción propagandística dirigida por las industrias editoriales que ha tenido en cuenta los gustos, exigencias de consumo y expectativas de un público de masas.”

Demetrio Estébanez Calderón, Diccionario de términos literarios

 

De manera que no hay reglas inamovibles: cualquier libro puede convertirse en best seller. Por razones elementales de mercado, los grandes superventas suelen ser novelas: en la lista avalada por la Federación de Gremios de Editores de España sólo 1 de los 25 libros más leídos en 2008 (El secreto, de Rhonda Byrne) responde a lo que los anglófonos designan como non fiction. Aunque no es infrecuente encontrar “ensayos” entre los más vendidos: La Reina muy de cerca, de Pilar Urbano; Por qué somos como somos, de Eduardo Punset, o Gomorra, de Roberto Saviano, son algunos de los que se han posicionado en los últimos meses en las listas españolas de superventas.

Un best seller es prácticamente impredecible. Los editores de los grandes grupos españoles rechazaron el primer Harry Potter porque les resultaba excesivamente british para nuestros niños, un tren del que se aprovecharon los independientes de Salamandra. No ha sido el único resbalón sufrido por los más grandes de la edición: ahí tienen El código Da Vinci (2003), del que se han vendido más de 60 millones de ejemplares en todo el mundo, y que en España publicó Umbriel.

Los best sellers más llamativos son los más inesperados. Soldados de Salamina, de Javier Cercas, se publicó en marzo de 2001 con una tirada en torno a los 5.000 ejemplares. Las primeras críticas fueron positivas, pero no tuvieron mucho que ver en el apabullante éxito de la novela, alentado por un frenético “boca a oreja” (la más imbatible herramienta promocional) que la convirtió rápidamente en un auténtico bombazo. La novela de Cercas –de la que se han vendido más de un millón de ejemplares– había logrado transgredir el espacio al que teóricamente parecía destinada. Se produce así ese (feliz) “malentendido” al que se han referido los escritores cuando pulverizan su umbral previsible de ventas. Algo que, dicho sea de paso, suele suceder cuando sus obras admiten una pluralidad de lecturas susceptible de interesar a públicos muy diversos y cuyos gustos se encuentran habitualmente segmentados.

La crítica influye poco en la creación de un best seller: quizá debido a que en nuestro tiempo participa de la misma crisis de auctoritas que ha afectado a los intelectuales y a las llamadas “grandes narraciones” ideológicas. Pero existen otras formas de auctoritas que pueden hacer mucho por la venta de un libro: la de los políticos, por ejemplo. El presidente Kennedy no ocultaba su debilidad por las novelas de James Bond, lo que contribuyó a su extraordinaria difusión en EE UU. Felipe González convirtió a las Memorias de Adriano (Marguerite Yourcenar, 1951) en un leve seísmo editorial; y las alabanzas de Joschka Fischer a La sombra del viento, de Ruiz Zafón, ayudaron a que se dispararan sus ventas en Alemania.

También influyen en el éxito de un libro la opinión de otros personajes mediáticos, con tal de que se hallen investidos de esa forma contemporánea de auctoritas que confiere el espectáculo. El gran ejemplo, pero no el único, es Oprah Winfrey, la gran comunicadora estadounidense. Marcel Reich-Ranicki, uno de los más influyentes y polémicos (y cascarrabias) críticos literarios alemanes de posguerra, consiguió, desde su programa televisivo, convertir la muy literaria Corazón tan blanco, de Javier Marías, en uno de esos “malentendidos” comerciales. La novela, publicada inicialmente con una tirada más bien corta, ha vendido en Alemania 1,3 millones de ejemplares: más de la mitad del total de ventas conseguidas en el resto de las 33 lenguas (incluida el castellano).

Desde que, a principios del siglo XX, se popularizaron en Estados Unidos las listas de best sellers no han faltado los intentos editoriales de fabricar éxitos instantáneos: libros de encargo basados en fórmulas estereotipadas o miméticas (como los innumerables clones surgidos al calor de El código Da Vinci) y muy pegados a las aspiraciones, angustias o curiosidades que se atribuyen a un determinado público en un momento dado. O, en sus modalidades más chabacanas y contemporáneas, que explotan el tirón mediático de ciertos famosos-por-ser-famosos que ponen en letra impresa las mismas inanidades y desparpajos que los han hecho populares en las pantallas de la tele. Convertidos de la noche a la mañana en “escritores” a cambio de un nada despreciable anticipo, sus libros (“de usar y tirar”) suelen ser auténticas burbujas que estallan sin dejar más huella que la de su propia futilidad.

En otros casos –que revisten mayor interés literario y logran mejores resultados comerciales– son los propios escritores quienes se plantean escribir un best seller, algo nada fácil, en todo caso, y cuyo éxito no está garantizado. Umberto Eco, autor de uno de los más duraderos superventas de finales del siglo XX (El nombre de la rosa, 1980), se ha referido en alguna ocasión a la enorme atracción que sobre él ejercía la idea de participar en un juego del que se conocen bien las reglas y las piezas, pero cuyo resultado es siempre incierto. Frederick Forsyth (Chacal, Odessa) y el tándem formado por Dominique Lapierre y Larry Collins (¿Arde París?, Oh, Jerusalén), autores que planificaban e investigaban cuidadosamente argumentos y tramas de interés popular, utilizando la siempre rentable mixtura de realidad histórica y ficción, modificaron sustancialmente el concepto de best seller durante los años sesenta y setenta. Luego vinieron los grandes nombres del fin de siglo, rápidamente convertidos en la más preciosa posesión y objeto de deseo de las megacorporaciones de la edición, e inquilinos permanentes de esa rentabilísima finca que es la lista de superventas: Ken Follet, Stephen King, Danielle Steel, Tom Clancy, Anne Rice, John Grisham, Mary Higgins Clark, Michael Crichton, Patricia Cornwell. Su fama y prestigio mediático han contribuido a que la lista de superventas haya terminado por convertirse para los públicos más amplios y mediatizados (y, lo que es peor, para muchos editores) en la mejor visualización no ya del éxito mercantil, sino del valor literario: tanto vendes, tan bueno eres.

Un ‘best seller’ de masas –una categoría en la que podrían incluirse algunos de los grandes éxitos de los últimos años, desde la serie de Harry Potter o El código Da Vinci hasta la saga Crepúsculo, de Stephenie Meyer– es un fenómeno sociológico. La publicación de cada libro, más allá de sus contenidos, se convierte en un acontecimiento por sí mismo. Sólo así se explica, por ejemplo, el gran show global que se organizó el 16 de julio de 2005 cuando, tras el riguroso y astuto embargo al que había sido sometido, se puso a la venta Harry Potter y el misterio del príncipe, sexta entrega de la saga. En sólo 24 horas se vendieron un millón de ejemplares en el Reino Unido y un total de nueve millones en todo el mundo. ¿Fue sólo curiosidad por saber qué le iba a pasar al joven mago?

El best seller cambia al ritmo vertiginoso de las nuevas sensibilidades e intereses. Habrá best sellers mientras haya lectores. Y sobrevivirán incluso al libro: ese artefacto que el DRAE caracteriza en su primera acepción como “conjunto de muchas hojas de papel que, encuadernadas, forman un volumen”. Una definición que tiene muy poco que ver, por ejemplo, con la realidad más virtual de las keitai shosetsu, esas novelas de tramas sencillísimas escritas para ser descargadas y leídas en los teléfonos móviles y que han conseguido conectar con la sensibilidad de un amplísimo sector de los adolescentes japoneses. Quizá, más pronto que tarde, las listas de los más vendidos sea sustituida por la de los “más descargados”. En todo caso, los resultados (y no sólo los comerciales) serán muy parecidos. 

Hedonismo.

Posted in Fragmentos, Pareceres by Alguien on 26 abril 2009

Se cree que el hedonista es aquel que hace el elogio de la propiedad, de la riqueza, del tener, que es un consumidor. Ese es un hedonismo vulgar que propicia la sociedad. Yo propongo un hedonismo filosófico que es gran medida lo contrario, del ser en vez del tener, que no pasa por el dinero, pero sí por la modificación del comportamiento. Lograr una presencia real en el mundo, y disfrutar jubilosamente de la existencia: oler mejor, gustar, escuchar mejor, no estar enojado con el cuerpo y considerar las pasiones y pulsiones como amigos y no como adversariosMichel Onfray.

 

 

El estilo de vida hedonista

Walter Riso

 

No creo que hayamos venido al planeta para sufrir ni para exaltar el dolor como una forma de expiación. Pienso que podríamos pasarlo psicológicamente mejor, si seguimos algunos preceptos para darnos gusto sin sentir culpa. Es cuestión de tener una actitud abierta a las posibilidades que la vida nos brinda, tomarlas y hacerlas nuestras, expropiarlas.

 

Para comenzar a modificar ciertos hábitos insanos promotores de sufrimiento y estrés, hay que desarrollar comportamientos orientados a crear y potenciar nuevos reforzadores, romper la autoperpetuación y crear un ambiente motivacional menos negativo; salir del nicho y darse gusto. Vemos cuatro opciones.

 

1. Sacar tiempo para el disfrute. Los momentos de descanso, la recreación y las vacaciones no son un “desperdicio de tiempo”, sino una inversión para la salud mental. No posterguemos tanto la satisfacción esperando el día: la autoestima es para todos los días. No hagamos de la responsabilidad una obligación extenuante y dogmática; es mejor echarle una pizca de diversión.

 

2. Decidir darse gusto. La búsqueda del placer es una condición del ser humano. Forma parte de nosotros como algo natural. No es algo malo y sucio, primitivo y sórdido. Ser hedonista no es promulgar la vagancia, la irresponsabilidad o los vicios que afecten la salud. Es vivir intensamente y ejercer el derecho a sentirnos bien, vibrar con las cosas que nos gustan y exaltar un poco más la sensibilidad. A veces, irracionalmente, pensamos que no merecemos la alegría y que la actitud ascética es necesaria para crecer como ser humano, y nada hay más falso. Intentar estar bien es una responsabilidad vital ineludible.

 

3. Explorar, buscar, indagar. Si la fe mueve montañas, la curiosidad mueve al universo. No hay bienestar psicológico sin curiosidad, por eso, cuando le quitamos alas a la capacidad de fisgonear, de indagar y escudriñar el ambiente externo e interno, perdemos el motor. El hedonista responsable es un incansable investigador de lo increíble… de lo prodigioso… (que no necesariamente debe ser un récord Guinnes); tiene muy claro que lo inaudito puede estar en la gente más sencilla y en las cosas aparentemente más simples. Los aspectos placenteros de la realidad están a la espera para que los aprovechemos, no hagamos como las personas encapsuladas que se asfixian a sí mismas.

 

4. No racionalizar tanto las emociones agradables. No me refiero a subestimar la importancia del pensamiento, de hecho, la manera de pensar tiene influencia sobre el tono afectivo. El problema ocurre cuando sobrestimamos la razón. Si intentamos racionalizar más de la cuenta los sentimientos, obstaculizamos su fluidez, los inhibimos, les quitamos su valor funcional. En nuestra cultura, el culto al análisis es tanto que no somos capaces de oír, mirar o tocar, “sin pensar”. Hay una tendencia clara a “ubicar” la emoción en categorías conceptuales, juicios de valor y opiniones. Cuando estemos bien y contentos, no nos enfrasquemos tanto en los por qué. Si no es dañino para uno ni para los demás, simplemente aceptemos el disfrute con agradecimiento.

 

El estilo de vida hedonista inteligente, donde el placer sano se incluye como un aspecto vital de lo cotidiano, crea inmunidad psicológica. Las defensas se incrementan, las endorfinas se activan, la piel mejora, el pelo brilla más, la gastritis molesta menos, el humor se convierte en “buen humor”, el sexo se exacerba más y la mirada se hace más vasta y profunda.

 

Cada día por la mañana, cuando abramos los ojos y veamos la inmensidad del día que nos espera, no nos quedemos con el sombrío pronóstico de la amargura anticipada. Es mejor hacer un pacto con el lado derecho del corazón, estimular un poco la taquicardia, y decir: Hoy voy a tratar de aprovechar cada minuto agradable, lo voy a degustar con la avidez de quien devora el último sorbo de alegría, hoy me voy a recostar descaradamente en las cosas buenas y no en las malas. Eso es hedonismo.

 

Una tierra para dos pueblos.

Posted in Artículos, Fragmentos by Alguien on 26 abril 2009

 

Italo Svevo y La conciencia de Zeno – Annunziata Rossi.

 

Una comisión angloamericana conformada por expertos en el tema acordaron con Buber, Magnes (presidente de la Universidad Hebrea de Jerusalén) el Prof. Smilanski (miembros del movimiento Ijud) en la no partición de Palestina. El gobierno británico desoyó dicho dictamen favorable al movimiento de Buber. Rápidamente se convocó a un congreso del movimiento Ijud en el que Magnes dijo que antes de constituir el Estado binacional recomendado por la Comisión es necesario crear instituciones y formas de administración, que produzcan las condiciones para la fundación del Estado binacional por medio del cultivo del sentimiento de cooperación entre judíos y árabes. Buber habló tras él y sostuvo -en el texto que sigue- el significado político de una empresa que surge de tal necesidad. (Extractos de la introducción de PMF adaptados por SR) Tomado de Una tierra para dos pueblos, UNAM/ Editorial Sígueme, 2009.

Israel-Palestina: una tierra para dos pueblos. (Fragmento).  Martin Buber.

“A menudo se dice que el problema judeo-árabe de esta tierra es un dilema, un conflicto trágico que no tiene verdadera solución, que no hay forma de llegar a una situación que no sea ambigua. Incluso era posible escuchar en las palabras de algunos de los miembros de la Comisión de investigación ese mismo temor. Este error fatal radica en que las exigencias de la vida se fueron ocultando a la vista de los interesados por las demandas de la política.

Entre todos los grupos del mundo que conviven, grupos nacionales, religiosos, económicos, sociales, hay conflictos de intereses [que son] reales en cierta medida. Mientras estos conflictos son tratados en la esfera de la vida, se encuentran soluciones concretas. Estas soluciones pueden tomar la forma de un acuerdo negativo para con ambas partes al limitar sus demandas; pero también puede adoptar una forma positiva, sintética, creativa, por medio de la creación de nuevas condiciones de vida que posibiliten y requieran cooperación. Esto cambia si los conflictos pasan del terreno de la vida al de la política, y difiere en la medida en que la política se impone sobre la vida. Porque entonces se transforma en lo que yo llamo excedente del conflicto político. Desde esta perspectiva, la política que quiere retener su dominio sobre la vida, tiene interés en tratar los intereses de los diversos grupos como si fuesen irreconciliables. Y como de hecho no es así, ella provoca que así sea. Lo logra al agudizar el conflicto de intereses real hasta volverlo irreal, pertrechándolo con toda la terrible fuerza de ilusión política. La política de un grupo produce entre sus miembros una sensación de que el conflicto tiene dimensiones que superan en mucho a las del conflicto real e incluso le atribuye un carácter supuestamente absoluto. La brecha entre el conflicto real y el conflicto aparente políticamente inducido es lo que llamé excedente del conflicto político. Este excedente sólo influye de manera real vital sobre la parte políticamente activa del grupo, sin embargo, a través de la propaganda por diferentes medios vuelve a esta parte absolutamente hegemónica sobre las otras; en otras palabras: se logra el dominio de la política sobre la vida.

La presente situación judeo-árabe, que aparentemente no tiene salida, surgió a partir de un proceso de este tipo en ambos lados. Hace ocho años, cuando inmigré, un gran comerciante árabe durante una conversación, caracterizó la situación con una formulación algo ingenua pero básicamente correcta. “Ambos” dijo “tus amigos y los míos, hubiésemos podido llegar a un acuerdo, porque queremos desarrollar esta tierra. Podríamos haberlo logrado más exitosamente juntos que trabajando de manera separada. Podríamos haber acordado la unión de las fuerzas a fin de desarrollar este país. Pero entre nosotros y entre ustedes hay gente interesada en evitar este acuerdo. Éstos son los políticos. Y quién sabe si no nos llevan a una situación tal que ya no podamos hablar entre nosotros como lo estamos haciendo ahora”. Y ciertamente a eso nos llevaron rápidamente.

¿Qué debemos hacer nosotros, que conocemos la situación y deseamos cambiarla? ¿No debemos renunciar al trabajo político siendo que la naturaleza de la actividad política es insidiosa? Esto significa abandonar completamente la vida en manos de la política. No, debemos lanzar una política de despolitización. Debemos hacer un trabajo político, para dar lugar a la cura de la actual relación enfermiza entre la vida y la política. Debemos luchar contra la hipertrofia de la política, esto es luchar desde adentro, mientras nos encontramos dentro del dominio de la política. Nuestro objetivo es eliminar el excedente político del conflicto -el conflicto imaginario- para tener presentes los intereses reales y dar a conocer los verdaderos límites de los conflictos de intereses. No obstante, nosotros sabemos que no vamos a cumplir esto sólo en aras del esclarecimiento de la verdad; ella sola no tiene la fuerza capaz de anular la campaña de propaganda política ni de romper la fuerza sugestiva de la ilusión. No hay esperanza si no es por el establecimiento de instituciones, que concedan la supremacía de las demandas de la vida por sobre las de la política, dando así una gran base concreta para la aclaración de la verdad. El Dr. Magnes aludió a estas instituciones. Por este camino será posible llegar a un acuerdo positivo, sintético, creativo. (…) “

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 319 seguidores