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Una historia violenta. Antonio Soler.

 

“A veces suceden así las cosas. Mi madre no dejaba de hablar de eso. En realidad creo que sólo hablaba de eso. De que ahora se daba cuenta de cómo era la gente que conocía desde hacía tanto tiempo. Mi padre, sus hermanas, su madre. Incluso la gente muerta. Llevaba años viéndola y sólo ahora se daba cuenta de quiénes eran. Eso decía, mirando a ninguna parte, con los ojos perdidos de un ciego. Viendo algo que estaba allí delante de ella y que los demás todavía no veíamos. Según eso, las personas —yo incluido— eran siempre extraños, tenían una naturaleza oculta y cambiante, al parecer llena de abismos”

El protagonista de Una historia violenta es un niño asombrado. A su alrededor se desarrolla la vida, una obra de teatro de la que forma parte y cuyo sentido se esfuerza por comprender. Un microcosmos de pulsiones incontroladas, deseos, sexualidad larvada, poder. Con una prosa efectiva y sustentada en la brevedad, se nos muestra cómo los protagonistas van descubriendo un mundo donde la igualdad no existe y los privilegios vienen con la cuna, donde la violencia es muchas veces gratuita y los vencidos lo son para siempre, donde toda revuelta es aplastada por «las cosas como son» y el último relámpago de realidad lo da el descubrimiento de la muerte.

Ficha del Libro: Galaxia Gutenberg

Página 2 (RTVE) – Entrevista a Antonio Soler.

En Algún Día│ Antonio Soler.

Las invasiones bárbaras.

Las invasiones bárbaras. Texto: Antonio Soler. Diario Sur.08.05.2011.

“Entre la pesadumbre y el espanto uno observa la fotografía y si fuese beato se santiguaría para dar gracias por no haber estado allí. La plaza de la Constitución convertida en un escenario de baile de salón para cruceristas. Momias, jóvenes con el cerebro en alquiler, trenzados en un baile feliz acabando de convertir el centro de una ciudad que se soñaba moderna en un parque temático. Ya no basta con que la calle Larios tenga esa vocación ni que muchas de las calles adyacentes se hayan convertido en una especie de Carihuela tomada por sombrillas, mesas y parafernalia del buen turista. Ahora se ensaya ese último toque para convertir en Disneylandia lo que debería ser el dinámico centro de una ciudad con algo más de futuro que el de la pachanga.

El turismo como fuente de riqueza, inevitable. Pero hay diferentes turismos, diferentes calidades que van desde la ganadería fina al turismo de élite, pasando por el cultural. Vender baratijas y dos cocacolas a cambio de convertir la ciudad en escenario para el esperpento no significa invertir de cara al futuro. Es un modo de abaratar el concepto turístico y sobre todo el concepto del ciudadano que ha de ver convertidas las calles supuestamente más nobles de su ciudad en un espectáculo hortera. «Bienvenido mister Marshall» again. Cualquier cosa para seducir un turismo de bajo perfil que se lo traga todo. Las ciudades se crean identidades, sellos que, por arriba o por abajo, las distinguen.

El planeta globalizado ha acotado las posibilidades del viajero -aquel ser inquieto que explora el mundo en busca de lo distinto para ensanchar sus horizontes-. El viajero ha sido sustituido por un turista que al viajar solo busca lo conocido. El turista no viaja, simplemente se traslada, para comer lo que ya conoce y estar en lugares neutros en los que la decoración cambia pero la esencia es la misma que dejó en su casa. Una musiquilla de mariachis, zíngaros o cantantes aflamencados y un sello en el pasaporte además de unas fotos al lado de un monumento es lo que va a distinguir un lugar de otro. Parece que, esgrimiendo unas supuestas prioridades económicas a cortísimo plazo, hay mucha gente interesada en que Málaga luzca ese marchamo barato, material previsible y facilón para visitantes poco exigentes. No basta con inaugurar un museo cada día. Hay que dotarlos de un espíritu que no es compatible con el baile de pasodobles en la plaza del pueblo. En ‘Aprendiendo de Las Vegas’, un viejo libro que ilumina este fenómeno, se dice que «está muy bien decorar una construcción, pero nunca construyamos la decoración». Pues eso, intentemos vender lo que somos, no lo que se piensan que debemos ser. Porque en el fondo, esto último encierra un gran complejo, el de creer que no somos nada y que nada tenemos que ofrecer”.

En Algún Día: Antonio Soler.

Mi madre se llamaba Libertad y yo fui un niño que soñaba.

Discurso íntegro del escritor Antonio Soler en su Nombramiento como hijo predilecto de Málaga. 17.02.2006.

Mi madre se llamaba Libertad y yo fui un niño que soñaba. Ahora a aquel niño lo hacen Niño Prodigio. Para quienes no estén en la broma contaré aquella anécdota en la que un paisano del poeta Benítez Reyes le preguntaba si a él todavía no lo habían hecho Niño Prodigio de Rota, su ciudad natal. Bueno pues a mí sí, a mí me han hecho Niño Prodigio. De Málaga, mi ciudad.

No hay aquí una pizarra llena de ecuaciones o de logaritmos para resolver con los ojos vendados. No. No tengo los ojos vendados. Veo a los amigos. Si cerrara los ojos también los vería. Ese, se lo garantizo, es mi privilegio.

«Yo le di a la ciudad mis ojos primeros, mi corazón de viento», escribió en un libro doloroso y bello Francisco Umbral. Yo también le di a la ciudad mis ojos primeros. Y después elegí esta ciudad para vivir. Y la elegí como escenario para algunas de mis novelas. Pero nunca en esos libros Málaga ha sido un mero decorado. Ha sido la geografía de un sentimiento. Eugenio Gross, plaza Vasconia, barrio de la Trinidad, nombres cotidianos que intenté impregnar de poesía.

Mi corazón de viento. Aquí fui un joven que escribía, calle Mármoles arriba. Un joven sin porvenir que escribía La noche, la novela de un circo de vagabundos. Mi gente, mi arcilla.

Me encerraba y escribía, contra muchos elementos. A veces sentía que el mundo me había abandonado y, a pesar del calor de unos pocos, tenía un sensación de orfandad, de no ser de ninguna parte. Un apátrida, sin otro pasaporte que el de la literatura. Creo que nunca fui tan extranjero, que nunca estuve tan lejos de aquí, como en aquel momento, ni siquiera cuando tiempo después fui un malagueño errante que anduvo por los campos de Francia, remontó el Mississipi, miraba pasar el tiempo en un bar de Lisboa o entraba en las calles perdidas de Italia y aprendía que la belleza es un sacramento.

En aquel tiempo escribía con la determinación y la voluntad de quien sabe que su vida está en juego.

Siempre supe que la literatura era más que un oficio. Para mí era una actitud ante la vida, una forma de estar en el mundo. Un modo de ser. Una rebeldía. O eso o nada.

Me ha compensado con creces la literatura. Me ha traído libros, amigos, conocimiento, viajes, amor. María del Mar. Hoy vuelve a compensarme con toda su generosidad.

Quienes escriben en Málaga, quienes aquí pintan, hacen música, cine o teatro, están aquí conmigo. Los constructores de sueños, aquellos que no se conforman con la realidad tal como les viene dada. Los que enriquecen la vida de los demás con sus propios sueños.

Y no hablo de bohemios absurdos que sueñan banalidades. «En los sueños comienzan las responsabilidades», escribió Yeats.

Hablo de los indomables, de aquellos que ejercen la crítica. Los incómodos, los heterodoxos. Aquellos que se guían por un impulso ético de no claudicación, de rigor y compromiso con lo que escriben. Málaga ha sido paraíso de esa gente de vanguardia, esa es la ciudad que queremos, la que siempre está abierta y mira al mundo. De esa ciudad me consideraré hijo hoy y siempre.

Si a mí me hacen Hijo Predilecto, Málaga tiene gemelos, trillizos, familia numerosa. Si a mí me otorgan este honor lo hacen a toda una familia.

Por eso mi gratitud a esta corporación se multiplica. Siento un profundo agradecimiento personal, pero les aseguro que eso es lo de menos. Vanidad, orgullo, reconocimiento, palabras pequeñas. Mi gratitud mayor viene por la felicidad que este nombramiento produce a quienes conmigo van. Estén o no en este mundo. Que están.

Hace varios días, Esteban Pérez Estrada me felicitó por la distinción que hoy se me concede y lo hizo del mejor modo posible. Me dijo que se alegraba él y que se alegraba Rafael, mi amigo. Y me dijo que a partir de este momento Rafael Pérez Estrada y yo éramos hermanos. Hijos Predilectos de esta ciudad.

Hermanos. Luisito Sanjuán. Meliveo, Bayón, Cañeque, Garriga, estos benjamines que cogen el relevo, Pablo Aranda, Agustín, Corbata. Esta familia, esta banda.

Me han llamado el escritor de los desheredados. Poetas que no escribieron ningún verso, bailarinas, prostitutas, soldados prófugos -qué fue de aquel tiempo de banderas y fuego-, músicos acanallados, boxeadores sin futuro -Kid Padilla, un combate, una derrota-, los héroes de la frontera.

Una vez me preguntaron que cómo conocía tan bien a los débiles, a los olvidados, cómo me había metido en su piel. Y la respuesta es que nunca me metí en ninguna piel que no fuese la mía. Ellos soy yo. Soy uno de ellos. Alguien que nació entre los débiles y que se preparó para pelear allí donde no le correspondía, en el territorio de los fuertes.

Hoy es nuestro día. Hoy es el día de los que le dirigimos palabras a la noche. Un tiempo para los malditos, para los que le hablaron a una botella o a una página en blanco como si fuese un altar, un micrófono o una pistola apuntándonos al corazón.

No, Meliveo, nunca nos convertiremos en hombres de provecho. No estamos hechos para ese baile, para esa música. Lo nuestro es el camino, la lanza y el viaje.

Hoy quedo aquí agradecido en nombre de todos. En el de mis padres y mis hermanos de sangre, Ramón, Mari Carmen y Toni, en el de sus hijas, mis otros hermanos y en el de aquellos que nunca, incluso en los momentos más difíciles abandonan la dignidad.

Mañana, ellos y yo volveremos a la batalla. Volveremos a ser incómodos, tal vez audaces. Nos queda camino, nos queda noche y nos quedan páginas por escribir. Las mejores. Ahora, con este sueño que cobra vida, me llega otra responsabilidad. Intentaré cumplirla hasta el final, intentaré no defraudaros nunca.

Mañana volveré a ser un malagueño errante que de nuevo irá por el mundo, pero sabiendo que ya nunca seré huérfano. Sabiendo que os tengo y que en las capas más profundas de la piel llevo el nombre de Málaga tatuado igual que Málaga, en la leyenda de su escudo, lleva escrita la palabra Libertad, el nombre de mi madre.

Gracias.

En Algun Día: Antonio Soler.

El año que vivimos pobremente.

El año que vivimos pobremente. Texto: Antonio Soler. Diario Sur.02.01.2011.

“No se sabe si el descenso a los infiernos económicos servirá de algo. Si el cuento de Navidad tendrá moraleja y si la moraleja calará en el alma de alguien una vez que salga el sol y la Navidad sea sólo bruma, un propósito de enmienda, el desvarío de una borrachera sentimental. Dickens nos cuenta que su mister Scrooge quedó corregido para siempre, que el aprendizaje al que lo sometió el fantasma lo sacó eternamente de la miseria moral en la que andaba sumergido. Lo que no sabemos es si nosotros sacaremos aprendizaje de la miseria o volvermos a ser unos fantasmas, si la crisis que nos ha depsojado de toda la purpurina finalmente nos ayudará a extraer conclusiones profundas o si al doblar la primera esquina de la prosperidad nos volveremos a enfundar el petulante traje de los nuevos ricos y a vivir dentro de un nuevo espejismo.

Aseguran que ya hemos pasado por lo más estrecho del campo de minas, por ese tramo donde las espoletas estaban más juntas a pesar de que la sensación es que el laberinto sigue siendo estrecho y el peligro abundante. El fondo de las arenas movedizas siempre es incierto y a nadie le sorprende demasiado que exista esta sensación. Los destrozos se siguen viendo por todas partes, a nuestro alrededor continúan cayendo parados, cascotes de empresas dinamitadas, los escombros del estado del bienestar que creíamos conquistado para la eternidad, este derrumbe. Dicen que el capitalismo es un castillo de naipes. Un castillo de naipes y un ventilador que lo echa por tierra para que la construcción vuelva a comenzar. Un bucle. La baraja no da para más. Ahora, además, los dueños del ventilador no conocen fronteras ni regímenes ni jefes. Han sometido a la política y a los gobiernos y está por ver si nos devuelven aquel reino que creíamos conquistado. Somos los peones del juego y seremos los vasallos si no encontramos y asimilamos y digerimos la moraleja de este capítulo.

Seremos irremisible y definitivamente pobres si aceptamos todo lo que ha ocurrido en los últimos tiempos como un mero pasaje económico, una cuestión relativa a bancos, bolsa, préstamos basura y tiburones financieros. Hemos asistido a un naufragio, sabemos que no somos ni inmunes a las mareas ni invencibles ni intocables y que todos esos abalorios que llevábamos con nosotros como elementos de primera necesidad no son más que el oropel con que nos habían disfrazado la realidad. Tendríamos que haber aprendido a distinguir lo superfluo de lo esencial. La vieja prédica de Machado, distinguir valor y precio. Si no lo hacemos, estos años, sí, habremos vivido pobremente pero los próximos serán todavía peores, aunque el Ibex vuelva al cielo y los marcadores internacionales digan otra vez que somos los hijos de un nuevo milagro, los habitantes de un renovado castillo de naipes usados”.

En Algún Día: Antonio Soler.

Robos.

Robos. Texto: Antonio Soler. Diario Sur.26.12.2010.

“De tienda en tienda, atorando las escaleras mecánicas de los centros comerciales, va la tropa comprando y repartiendo felicidades. La navidad se expande como un gas empalagoso mientras las dependientas envuelven regalos con ímpetu fabril. Les están poniendo el lazo rojo a los ataúdes. Eso que venden, discos, películas, libros, serán la reliquia del porvenir, la repetición monotemática a la que estarán condenados los futuros compradores navideños. Porque no habrá más. La creación está siendo llevada al paredón con escolta de fanfarria.

Después de la caída de la ley Sinde, España vuelve a la caverna y enarbola orgullosa esta prodigiosa ostentación de analfabetsmo ante la relamida Europa que preserva a sus artistas. Los políticos de la oposición, haciendo un vergonzante alarde de populismo, sellan el pasaporte de los ladrones y les dan certificado de buena conducta -de excelencia lo llamarán en estos tiempos de navaja verbal y virtual-. Pueden robar música, cine y próximamente literatura, porque lo contrario sería negarles el acceso a la cultura. Qué gran espíritu por la ilustración se ha levantado repentinamente entre la clase política, qué preocupación por extender la cultura del hurto y el expolio. Y el ladrón respira tranquilo, respira a fondo y escupe sobre esos macarras que le querían cortar el paso. Ahora el ladrón tiene el aval político, el crédito social que legitima su delito e incluso lo enaltece con ese adorno del adjetivo cultural.

¿Y no es una limitación a la cultura cobrar un libro en El Corte Inglés? ¿Y los que fabrican la cultura? Ah, esos señoritos, esos engreídos que además de dedicarse a lo que quieren pretenden cobrar, huir de su condición mendicante. El artista, el creador, debe ser un tipo despegado de las miserias terrenales, un bohemio que está pagado más que suficientemente con la peculiaridad de su trabajo y no un proxeneta que comercia con el arte. El artista y los que trabajan en esa industria, mezcladores de sonido, técnicos, correctores, eléctricos, distribuidores. Al paro. Que aprendan. Y si dentro de cinco años, de veinte o de los que sea se derrumba definitivamente el negocio no importa, vemos las mismas películas, oímos la misma música y leemos los mismos libros, y si no hay renovación que no la haya y si no hay progreso que no lo haya. Lo que importa es arruinar el sector cultural. Ladrones sin camiseta de rayas ni antifaz, aficionados de medio pelo entregados al saqueo, unos acosados por el mileurismo pero otros predicando desde la comodidad del funcionariado sobre el destino circense que deben seguir los creadores. Representantes de la España más oscura que ahora se sienten europeos y hasta universales porque dos veces al año se pasean por las plazas turísticas de Europa o por la orilla de Brooklyn sin que se les pegue otra cosa más que la mugre del camino”.

En Algún Día: Antonio Soler.

Sueños.

Sueños. Texto: Antonio Soler. Diario Sur.12.12.2010.

“Europa es una vieja fábrica de sueños a la que los estudiantes ingleses le rompen las vitrinas mientras los operarios municipales de todo el continente la adornan de Navidad. Los sueños se desploman como las estatuas de los atletas drogados. Más lejos, más alto, más fuerte, más dopado. Al espíritu del barón de Coubertin le faltaba la última cláusula. Las princesas del tartán se convierten en traficantes al dar la medianoche en el reloj del estadio. Las moralejas de los cuentos se están viniendo abajo. Ha llegado el tiempo de la culpa o de la verdad. Por lo visto, una cosa y otra ya vienen a significar lo mismo. Los secretos vuelan por medio mundo gracias a un potente ventilador australiano. Sólo nos va quedando el revés de los sueños. No la moraleja del cuento, sino el cuento mismo. Mario Vargas Llosa. La defensa de la mentira, la defensa de la ficción como único camino para llegar a las puertas de la verdad, sin poseerla ni apropiársela nunca, sólo rozándola y sin ser dueños de ella ni de ningún sueño, sólo del motor de los sueños.

La ropa tendida en mitad de la calle. Moratinos, Aznar, Trinidad Jiménez, Zapatero, Rajoy, sus comidillas y su ropa interior puestas en tendedero público. Lo que casi todos sospechábamos. Chavez es un payaso para la hoy ministra de Exteriores, Evo Morales un ignorante para el anterior jefe de nuestra diplomacia. Es lo que se decía al caer el telón de la comedia. En las pistas de atletismo también dicen que era un secreto a voces todo lo que ahora destapa la Operación Galgo. Podencos, perdigueros, caniches. Todos ladrando en clave para que entendamos a medias. Es su oficio. Mientras, en Estocolmo, el contador de mentiras, Varguitas, el de la casa verde y las guerras del fin del mundo, el cachorro, el destripador de Flaubert, Onetti y Victor Hugo, el escribidor, decía en voz alta, en un micrófono que no se había quedado abierto sino que él lleva abriendo a conciencia hace medio siglo, lo que otros susurraban en un rincón de las recepciones o en el confesionario de la embajada norteamericana. Denunciaba el populismo, la democracia jorobada del altiplano, del Caribe, de los de la guayabera y el terno pseudomilitar. Y señalaba el camino de la literatura y el conocimiento como una vía para acabar con las patrañas y con las fronteras, fortificadas, impenetrables, de la ignorancia. La gran herramienta de los tiranos.

Sí, Europa es un sueño con carcoma al que siguen llegando náufragos y europeos nacidos en otras partes del mundo, como Vargas Llosa. Vuelan los pesados telones que encerraban secretos, se derrumban con un estruendo sordo héroes fabricados en laboratorios clandestinos o en salones de pasos perdidos. Atletas y revolucionarios de pacotilla. Alguien ha abierto el retrete de la diplomacia. Y en medio, el fabricante de las mentiras dice la verdad”.

En Algún Día: Antonio Soler.

Málaga, paraíso perdido. Antonio Soler.

Málaga_Paraiso perdidoLa presencia de Málaga es una constante en la obra narrativa de Antonio Soler. Le sale así. Él mismo ha confesado en alguna ocasión que «es algo que fluye de forma natural» cuando se pone a escribir. No en vano, es la ciudad que le vio nacer y en la que reside habitualmente. Ahora Málaga es la protagonista principal de su nueva apuesta literaria, un volumen publicado por la Fundación José Manuel Lara dentro de su colección ‘Ciudades andaluzas en la Historia’. Una obra cuyo origen se remonta varios años atrás, pero que definitivamente ve la luz bajo el título de “Málaga, paraíso perdido”, un ensayo en el que el novelista relata lo acontecido en su ciudad natal desde la segunda mitad del siglo XIX hasta el estallido de la Guerra Civil. O sea, se acerca a la Málaga que vivía entre los contrastes del esplendor industrial y las desigualdades sociales, entre la cultura de los poetas de la Generación del 27 y los feroces índices de analfabetismo.

Ficha editorial: Fundación José Manuel Lara

En Algún Día: Antonio Soler.

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