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Manuel Vázquez Montalbán: marxismo-pop y gente derrotada.

En 1945, en el corazón de la más dura posguerra, un hombre que había sido policía durante la República, afiliado al PSUC, detenido y condenado, volvía a casa después de haber cumplido varios años de prisión. Vivía en la calle Botella, en el Raval de Barcelona. El hombre subía muy abatido esa mañana con una maleta de cartón a su piso donde le esperaba su mujer, una humilde modista, y en mitad de la escalera se cruzó con un niño gordito de cinco años. Los dos se miraron muy sorprendidos al verse por primera vez. Así cuenta Manuel Vázquez Montalbán el momento y el lugar en que conoció a su padre.

En el Raval se agitaba un hormiguero de gente derrotada cuyo único afán era sobrevivir. En medio del hedor escalfado de la alcantarilla y de los gritos de buhoneros y menestrales la radio sacaba a la calle coplas y pasodobles desde los colmados, bares y prostíbulos. El niño creció entre las historias de amor, los lances de pasiones y celos, los sueños imposibles que expandían los dulces boleros por los patios de luces, terrazas y balcones llenos de ropa tendida. Ese fue el primer alimento que nutrió su inconsciente. Concha Piquer cantaba Tatuaje y aquel niño no tenía que forzar la imaginación, puesto que eran de verdad los marineros rubios como la cerveza, llegados en un barco, que él veía entrar y salir de los antros de lenocinio. Todos los días se encontraba con mujeres apoyadas en el quicio de la mancebía, con machacas, chulos, pícaros y tipos anónimos silenciosos y humillados que, no obstante, manifestaban en la mirada una rebeldía soterrada ante una libertad reprimida. Leía los tebeos de El hombre enmascarado, de Fantomas y Juan Centellas; coleccionaba cromos de futbolistas del Barcelona, Calvet, Seguer, Basora, César y Gonzalbo. El horizonte del chaval pudo ser el taller de mecánico, pero su padre, con buen tino, lo matriculó en una academia privada para que estudiara el bachiller y de esta forma el destino se puso a su favor y el chaval pudo llegar a licenciarse en Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona.

Manuel Vázquez Montalbán heredó de su padre la conciencia política de izquierdas. La rebeldía universitaria le llevó a afiliarse al PSUC en 1961, a formar parte incluso del comité central, a cumplir con todos los ritos usuales de la clandestinidad, panfletos, células, consignas, contraseñas, nombres de guerra. Sobrevino la consiguiente redada y dio con sus huesos en la cárcel de Lérida. Muchos escritores burgueses deben sus principales lecturas al año en que los mantuvo en la cama una tuberculosis de adolescencia. Vázquez Montalbán aprovechó sus tres años en el talego para amueblar su cerebro de marxismo y de todo lo demás.

Al salir en libertad era un joven con vocación de poeta y literato todoterreno, llevaba la pluma cargada con la idea fija de disparar contra la injusticia social, pero este designio tan noble trató de conjugarlo con la necesidad y esperanza de llegar un día a comer y vivir de este oficio, aunque fuera trabajando en la mina de sal del periodismo como un forzado. Parece que en un momento determinado se gritó a sí mismo: “A Carlos Marx pongo por testigo que nunca más volveré al Raval”. Logró este empeño, pero el hecho de que no se desclasara y nunca dejara de reconocerse en los suyos cuando le llegó el éxito, fue una de sus conquistas.

Vázquez Montalbán era un marxista leninista con retranca, un ejemplar raro de comunista, que no quería privarse del humor, del sarcasmo y de la ironía, algo sospechoso en el bloque mental cerrado del partido. Empezó a escribir con seudónimo de forma alimenticia en una revista de corte y confección. Desde el primer momento tuvo una obsesión que logró cumplir hasta el final de sus días. En cualquier empresa donde escribió lo primero que exigía era que le dieran de alta en la Seguridad Social, producto de la inseguridad que llevaba inoculada en el cerebro. La pluma de este periodista superdotado comenzó a disparar desde cualquier medio que le dejaran a destajo. Al final encontró una garita propia. ¿Se puede unir a Marx con Juanito Valderrama y a Lenin con Lola Flores?

Aquellas canciones románticas que salían de los colmados de su barrio, las letras de las coplas, los cromos de futbolistas del CF del Barcelona, los anuncios de Netol y de Norit el Borreguito, los tebeos, los carteles de películas, los rostros de las artistas, el olor de los teatros de revistas del Paralelo formaban un légamo de la memoria y sobre ella se deslizaban los fantasmas que habían perdido la guerra. Ese material fermentado afloró en un reportaje que le dio, de pronto, nombre y fama. Su Crónica sentimental de España había permanecido olvidada o, tal vez, retenida varios meses en uno de los cajones de la revista Triunfo, hasta que en septiembre de 1971 se publicó la primera entrega con un éxito fulminante. Este material popular que siempre había sido despreciado por los intelectuales, Vázquez Montalbán lo transformó en una categoría y sin librarlo de la carga de nostalgia lo llenó de claves secretas para entender los sueños derrotados por una dictadura. Fue ese instante de gracia en que logró la inspiración en el campo inexplorado de un marxismo-pop, de propia creación.

En el estudio de su casa de Valvidriera y en su masía de Cruilles en el Ampurdán tenía tres o cuatro máquinas de escribir cargadas en batería cada una con un folio en el rodillo. Cumplía como un profesional puntualmente con su trabajo estajanovista, novelas, ensayos, poemas, artículos, reportajes, crónicas, viajes, a borbotones, con unas facultades extraordinarias de memoria y de talento.Triunfo, Hermano Lobo, EL PAÍS, Interviú, Por Favor. No sabía negarse a ningún prólogo, a ningún encargo. Se había empeñado en demostrar que un marxista tenía derecho al humor; ahora estaba dispuesto a demostrar que también tenía derecho al placer. Vázquez Montalbán pasó de la recia tortilla de patatas y del vino Savin a saberlo todo de cocina y de marcas de whisky. Se hizo gastrónomo. Escribió de cocina para hacer un marxismo digestivo y realizar la proeza de enseñar a la izquierda a comer. El hecho de que no lo consiguiera convirtió a Vázquez Montalbán en un escritor romántico.

Los premios le llegaron cuando ya tenía más de cincuenta libros publicados. Todo lo que sabía de marxismo, de libros, de crítica, de cocina, de triunfos y derrotas de la vida lo aplicó para armar la psicología de su personaje más famoso. El detective Pepe Carvalho era el trasunto del propio Manolo. En la pequeña distancia era un hombre tímido, de mirada baja, con tendencia a coger peso. Unas veces lo veías muy gordo y después de una temporada lo veías muy flaco. En la clínica de Incosol en Marbella perdía diez kilos y sus ojos desvalidos expresaban la tristeza de no poder darle al cuerpo el placer que predicaba y al que tenía derecho más allá de la ideología. Viajaba como comía, como escribía, de forma compulsiva. Había ganado el Planeta con la novela Los mares del Sur y ya que lo había soñado literariamente el destino le hizo morir en el aeropuerto de Bangkok, el 18 de octubre de 2004, cuando regresaba de Sídney. Como es lógico, Vázquez Montalbán siguió publicando después de muerto desde algún lugar del universo. Cuando años después pasé por ese aeropuerto pude recordar con gran emoción a mi amigo al subir por la misma escalera mecánica donde él cayó fulminado por un infarto. Esta escalera unía la zona de tránsito con las salas de embarque. Vázquez Montalbán no pudo embarcar. La zona de tránsito era para él hacia el otro mundo, también hacia la posteridad.

El marxismo-pop y la gente derrotada. Texto: Manuel Vicent. Publicado en El País.com. Babelia. 28.01.2015.

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Los 10 mejores libros del año 2014 según Babelia.

Babelia ha dado a conocer este sábado su lista con los libros más destacados del año 2014 (una lista de 20 títulos por génerossegún una encuesta elaborada por 41 críticos y colaboradores (votaciones en pdfdel suplemento cultural de El País. El libro más valorado por todos esAsí empieza lo malo” (Alfaguara) de Javier Marías. (Entrevista con Javier Marías en canal YouTube Algún día)

Los 10 mejores libros del año 2014 según Babelia:

  1. Así empieza lo malo (Alfaguara), de Javier Marías.
  2. El impostor (Literatura Random House), de Javier Cercas. (Entrevista en canal YouTube Algún día)
  3. José Ortega y Gasset (Taurus), de Jordi Gracia.
  4. Un hombre enamorado (Mi lucha II) (Anagrama)de Karl Ove Knausgård.
  5. Días de mi vida (Vida I) (Pre-Textos), de Juan Ramón Jiménez.
  6. Hasta aquí (Bartleby), de Wislawa Szymborska. (Traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán).
  7. La hierba de las noches (Anagrama), de Patrick Modiano. (Traducción de María Teresa Gallego).
  8. El balcón en invierno (Tusquets), de Luis Landero. (El balcón en invierno, de Luis Landero – Podcast Algún día)
  9. Diccionario de la lengua española (Espasa), de Real Academia Española.
  10. Como la sombra que se va (Seix Barral), de Antonio Muñoz Molina.  (Entrevista en canal YouTube Algún día).

Consulta el ESPECIAL sobre ‘Los libros del año 2014′ en Babelia.com
Lista de los 20 libros de 2014 elegidos por 41 críticos y periodistas de El País.
Las puntuaciones de los críticos (PDF)


Los 10 mejores libros negros de 2014Blog Elemental de El País.com (30/12/2014).
Los mejores libros de Historia de 2014 – Blog Historias de El País.com (10/12/2014).

Especial Literatura Infantil y Juvenil en Babelia.

En un número monográfico sobre la literatura infantil y juvenil de la edición impresa de Babelia, y durante toda una semana en Babelia.com, los especialistas ofrecen consejos para fomentar la lectura entre los niños -sin imposiciones- y los críticos analizan los títulos más relevantes del año. Sueños, piratas y una revolución pingüina pueblan los mejores libros de 2014, elegidos por 25 especialistas y libreros. Estos son los 20 artículos de Babelia que repasan la literatura infantil y juvenil de este año 2014.

  1. Los mejores títulos del 2014. Veinticinco especialistas y libreros han escogido los mejores títulos de 2014 para niños y jóvenes. A la cabeza, un clásico de Sendak, aventuras y el relato de una protesta chilena. Por ELISA SILIÓ.
  2. FOTOGALERÍAMejores álbumes ilustrados. En el puesto número uno, ‘La cocina de noche’, de Maurice Sendak; en el dos, ´Doce poemas de Federico García Lorca´, ilustrado por Gabriel Pacheco.
  3. FOTOGALERÍALos mejores títulos para nuevos lectores‘El tesoro de Barracuda’, de Llanos Campos, y ‘El libro de las camas’, de Sylvia Plath, los preferidos.
  4. FOTOGALERÍALo más valorado para adolescentes‘Al sur de la Alameda’, de Lola Larra, y ‘El rey Matías I’, de Janusz Korczak, entre las novedades más relevantes. 
  5. FOTOGALERÍAToda la verdad del Barón Müchausen. Un recorrido por las ilustraciones de Javier Zabala para ‘Las aventuras del barón Münchausen’, que acaba de editar Nórdica Libros. 
  6. FOTOGALERÍAUna blancanieves Saharaui. Dibujos infantiles y dramáticas fotografías documentales contrastan en la colección “Te Cuento”.
  7. Lecturas recomendadas. Una lista, no canónica, de títulos interesantes para toda biblioteca infantil. Por Gemma Lluch (experta en literatura infantil y juvenil), Inés Puig Vázquez (maestra y fundadora de leoteca.es), Enrique García Ballesteros (librero) y Daniel Nesquens (autor).
  8. Biblioteca no apta para mayores. La mejor forma de estimular al niño: permitirle que elija libros que conecten con sus intereses. Y que los padres aporten el ejemplo de leer. Por VIRGINIA COLLERA.
  9. Un libro para niños tontos. ‘¡Fuego!’ es un poema infantil muy conocido en Polonia. Cargado de humor, narra agilidad la extinción de un incendio. Su traducción es un ‘collage’ lleno de estímulos. Por GUSTAVO PUERTA.
  10. Relatos iniciales. Mucho antes que el dominio del lenguaje se ha desarrollado esa herramienta fundamental de la literatura que es el deseo y la capacidad de ponerse en el lugar de otro. Por ANTONIO MUÑOZ MOLINA.
  11. Primer flechazo de lector. Crecieron en los setenta y ochenta, cuando la modernidad llegaba a las letras infantiles. Hoy escriben y publican libros. ¿Qué leían de pequeños? Por ANDREA AGUILAR.
  12. ¿Quien elige las lecturas, el padre o el hijo?.  Paz Gil, librera, e Ismael Alonso, profesor, ante el dilema: ¿hay que seleccionar los libros de los niños o es mejor dejarles libertad?
  13. CRÍTICA: Matar las hormigas es cruelMundo cruel (Wonder Ponder) es un libro-caja que indaga, mediante el juego y preguntas inofensivas, en torno a la crueldad. Por NURIA BARRIOS.
  14. CRÍTICA: Gafas para ver el mundo. premio Nobel Patrick Modiano indaga en Catherine (Blackie Books) sobre el pasado y la ausencia en una novela con dibujo de Sempé.
  15. CRÍTICA: El mejor amigo del niño. En El jefe de la manada (Siruela) de Inés Garland, una novela de aventuras y suspense, hombres y animales forman un grupo en el que sus papeles nunca están del todo claros. 
  16. CRÍTICA: Cien por cien natural. En Mi pequeño bosque y Mi pequeño jardín (Lóguez Ediciones) la ilustradora Katrin Wiehle dibuja sin contornos, jugando solo con el color.  
  17. CRÍTICA: Vida en torno al fuego. La británica Isabel Greenberg firma su primera novela gráfica en torno a la historia de la Tierra y su cosmogonía.
  18. CRÍTICA: La rebelión de los colores. Las ilustraciones de Oliver Jeffers consiguen que los niños (y los mayores) miren y usen sus lápices de colores de una manera distinta.
  19. El lobo de Caperucita es un lobo machista. Una colección renueva cuentos clásicos con temas de actualidad y fotografía documental. Por ANDRÉS GARCÍA DE LA RIVA 
  20. Cinco pistas sobre Mafalda: solo dibujos y sin voz. A Quino no le agrada la versión cinematográfica de sus tiras: sus personajes ‘hablan’. Por ÁLEX GRIJELMO.

En Alguna Parte: Especial Literatura Infantil y Juvenil.

Entrada actualizada el 19 de diciembre de 2014.

Babelia: 1000 Semanas de Cultura.

Babelia, el suplemento cultural de El País celebra sus mil ediciones, en las que ha tomado el pulso de la creación y el pensamiento, con artículos de algunos de los nombres imprescindibles de la cultura. Veinte años en los que este suplemento ha ido dando las claves de la actualidad literaria y que ahora recogen su esencia en este canon con la publicación esta semana, además, de un suplemento especial, con artículos de:

Y los orígenes de Babelia – MANUEL VICENT.
La civilización del espectáculo – MARIO VARGAS LLOSA.
Literatura, compromiso y moral – HÉCTOR ABAD FACIOLINCE.
De verdades, puños y perogrulladasÁNGEL S. HARGUINDEY.
Pensar hoyEMILIO LLEDÓ.
Un apretón de manosJOAQUÍN ESTEFANÍA.
¿Letras de transición?JOSÉ-CARLOS MAINER.
Esa realidad invisibleJUAN GELMAN.
Los libros que han marcado el paso hacia el nuevo milenioCríticos de Babelia.
Diálogo politeístaWINSTON MANRIQUE SABOGAL.
20 años, 20 leccionesANTONIO MUÑOZ MOLINA.
Los editores y sus maneras de concebir la vidaANIK LAPOINTE (RBA).
¿Qué les pasó a nuestros abuelos en la guerra?SANTOS JULIÁ.
Lugar común la muerteJUAN CRUZ.
El futuro de la arquitecturaNORMAN FOSTER.
Edificios adaptablesZAHA HADID Y PATRIK SCHUMACHER.
La vanguardia es el públicoFRANCISCO CALVO SERRALLER.
En busca del alma de la tecnologíaBILL VIOLA.
Misterio del aire sonoroDANIEL BARENBOIM.
Soluciones de emergenciaDIEGO A. MANRIQUE.
Cuando los ritmos locales se hicieron universalesCríticos de Babelia.
Los años en los que Scorsese fue uno de los nuestrosCríticos de Babelia.
El magnífico enfermoMARCOS ORDOÑEZ.
Cuatro de veinteMARCOS ORDÓÑEZ.

Los Libros de 2010 de Babelia.

La edición de ELPAÍS.com, ha publicado un especial con los libros más destacados de 2010 según una encuesta  realizada a 55 críticos y colaboradores del suplemento cultural Babelia. Críticas de las obras más destacadas, los títulos agrupados por ocho géneros (los cinco primeros de cada uno), la lista de las votaciones de cada uno de los 55 especialistas que participaron y un análisis completo de la encuesta. El más valorado por todos, “Verano” de J. M. Coetzee.

La lista de los 10 libros de 2010 de Babelia, que son doce debido a un triple empate en el décimo lugar, es la siguiente:

1- Verano, de J. M. Coetzee (Mondadori)
2- Poesía reunida, de William Butler Yeats (Pre-Textos)
3- Blanco nocturno, de Ricardo Piglia (Anagrama)
4- El sueño del celta, de Mario Vargas Llosa (Alfaguara)
5- El amor verdadero, de José María Guelbenzu (Siruela)
6- Retratos y encuentros, de Gay Talese (Alfaguara)
7- Algo va mal, de Tony Judt (Taurus)
8- Dublinesca, de Enrique Vila-Matas (Seix Barral)
9- Tarde o temprano. Poemas 1958-2009, de José Emilio Pacheco (Tusquets)
10- Esencia y hermosura. Antología, de María Zambrano (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores)
Tiempo de vida, de Marcos Giralt Torrente (Anagrama)
Tierra desacostumbrada, de Jhumpa Lahiri (Salamandra).

Consulta el ESPECIAL sobre ‘Los libros del año’ de Babelia en ELPAÍS.com.
Las puntuaciones de los 55 críticos.

Especial Literatura Infantil y Juvenil en Babelia.

Para leer y ser feliz
ROCÍO GARCÍA.

Nunca olvidar el niño que somos
ROCÍO GARCÍA.

Los premios de 2010
VICTORIA FERNÁNDEZ.

Primeros pasos en filosofía
ELISA SILIÓ.

El mejor regalo del mundo
ELISA SILIÓ.

Las cinco fuentes del Rey
ELISA SILIÓ.

Esperando al contratista (Marguerite Duras).

Texto: Enrique Vila-Matas. El País, Babelia, 10 de julio de 2010.

Andesmas es la contracción de tres apellidos: An (telme), des (Forêts) y Mas (colo). Se ha dicho que fue un guiño irónico de Marguerite Duras a los tres hombres que en aquellos días de 1960 en los que escribía su novela L’après-midi de M. Andesmas (Una tarde de M. Andesmas) le reprochaban sus excesivas intervenciones en la prensa. Tal vez quiso reírse de ellos, indicarles a sus tres queridos amantes que ya no necesitaba de ninguna clase de tutela masculina, que podía andar perfectamente sola y había entrevisto, además, un lugar de soledad magnífica ante el abismo: un lugar encontrado (según Adler en su biografía sobre la escritora) entre Saint-Tropez y Gassin, una casa fascinante porque desde ella podía dominarse un valle, un bosque, un pueblo y, al fondo, el inmenso mar. Esa casa, que no acabó comprando y a la que solo parecía faltarle una terraza frente al espacio que se estiraba hacia el vacío, la transformó en el escenario de su ficción sobre el señor Andesmas, anciano sobrecogido por la intensidad de una luz y de un abismo.

A Una tarde de M. Andesmas suelo volver en días como hoy en los que me vence una extraña modorra, quizás por haberme quedado de pronto sin incertidumbres acerca del arte de novelar. En ocasiones como ésta, cuando caigo en ese estúpido sopor sin dudas, suelo reaccionar a tiempo y recurrir al libro de Duras. Lo hojeo, lo releo, y poco a poco voy viendo cómo esa novela, al tiempo que crea interrogantes y origina todo tipo de ideas narrativas de lo más subversivas, me permite ir felizmente recuperando mi inseguridad, pues todo el libro es un estimulante tratado de poesía de las incertezas.

Desde mi recobrada incertidumbre de ahora, dudo tanto de todo que me pregunto incluso si contarles a ustedes que Tango-Tango -pieza que Carlos d’Alessio compuso para India Song y que se oye por toda esta casa de campo de gran horizonte tropical desde la que escribo- me está llevando, con su poder evocador, hasta la carta desgarradora que en los años setenta mandó Duras a Claude Gallimard, el mensaje que escribió en los días en los que comenzaba a sentirse aislada y frente al abismo y despreciada por su editor:

“Usted está desbordado de trabajo. Y yo tengo que vivir, estoy sola y ya no soy joven y no quiero acabar en la miseria. (…) No hay vuelta de hoja, quiero defenderme, no soy ninguna santa. Nadie lo es. El martirio de los últimos años de Bataille (siempre le faltaban unos pocos francos) no me parece normal. (…) Si no vendo más aquí, me iré al extranjero”.

Ese “me iré al extranjero” me transporta a los días en los que Duras, muchos años después, ya en pleno declive de su vida, regresó literalmente a lo que llamó el estado salvaje de la infancia. De ese foráneo viaje interior le hablaría precisamente a Javier Grandes cuando le dijo que había regresado a cierta jungla de desvarío, al estado más salvaje de la infancia, y ya no recordaba nada, ni se acordaba de nadie.

A esa vida extranjera va precisamente asomándose el viejo que, situado en Una tarde de M. Andesmas en el centro de una plataforma, alcanza sólo a ver el borde de un abismo lleno de luz y atravesado por pájaros. Ocioso y solo, el señor Andesmas espera al contratista de obras Michel Arc, al que quiere encargar la construcción de una terraza en ese elevado lugar. Reposa el anciano en un sillón de mimbre. Hace mucho calor. Morosidad narrativa. Del abismo cuyo fondo no puede ver sube la música de un pick-up. Es la canción del verano: “Cuando las lilas florezcan, amor mío, / cuando las lilas florezcan para siempre”.

Pasa un perro anaranjado. Michel Arc tarda. Se le espera, pero no llega. (En un primer momento la novela iba a titularse Por descontado, el contratista vendrá). La espera se apodera del relato y M. Andesmas ve de pronto a la mujer de Michel Arc que le habla frente al abismo y le cuenta que ha sido abandonada por su marido. El viejo a su vez ha sido engañado por su querida hija, que se ha fugado con el contratista. Todo muy banal, si se quiere. Pero quizás Duras quiere indicarnos que su trama -cualquier trama- está siempre muy por debajo de la gran poesía de la nada. Lo cierto es que la sombra del haya parece por momentos agrandarse. Se tensa la dramática banalidad y sube de vez en cuando desde el fondo del valle la canción del verano. “Cuando las lilas florezcan para siempre”.

Termina por parecernos magistral el registro poético de Duras en esa plataforma que da al vacío. Parte de su talento en el relato de esa espera parece proceder de viejas enseñanzas de su admirado Maurice Blanchot, partidario de una literatura que buscara la fuerza oculta de las palabras, una literatura que sólo existiera en y a través de la literatura y en la que, en definitiva, el acto mismo de escribir perforara el núcleo de ilegibilidad. Por eso en algún momento puede incluso llegar a parecernos que Duras, dinamitando una a una las palabras del silencio, se ha dejado allí la vida.

Se diría que Una tarde de M. Andesmas, que se lee con el ya casi olvidado placer de demorarse en frases que tienen larga carga lírica propia, es como una feliz provincia del gran imperio de los sentidos, pero de los sentidos más inesperados, más insurrectos. ¿O acaso Duras no aportó siempre una gran fuerza de subversión en el seno mismo de las fuerzas narrativas? Por su lento compás poético, La siesta de M. Andesmas es capaz de generar placer al margen de las significaciones. El libro fascinó a Antonio Gamoneda, que fue quien me lo descubrió cuando escribió acerca de esta novela de Duras una nota memorable en un Babelia de 1996: “Advertí cómo el libro no imitaba la realidad ni la imaginaba, sino que la creaba: el tiempo de la escritura pasaba con lentitud y facilidad, físicamente; existían silencios reales; como decía el texto, estaba en curso un acontecimiento, y éste consistía en ausencia, inmovilidad, abandono. El discurso era el curso de los hechos; la narratividad valía físicamente por la inmovilidad de M. Andesmas esperando”.

Novela de la poesía de la espera y de la acción morosa y etérea que nos recuerda que existe un arte de la suprema libertad, un arte que novela la realidad desde la ficción misma. “Monsieur Andesmas soy yo”, podría haber dicho en cualquier momento Duras, pensando en sus pobres amigos y amantes (An-des-Más), próximos los tres a entrar en el estado salvaje y extranjero de la vejez, tan pensado sólo para abismarse.

Ausencia, inmovilidad, abandono. La recuerdo a ella, a la autora, inmóvil en lo alto de la escalera final de su casa de Neauphle-le-Château. Quieta, vacía de repente, después de haberme regalado Una tarde de M. Andesmas y preguntarme si conocía a Barral, a su editor español. No es un recuerdo raro. Más de una vez nos había confesado que de pronto se sentía literalmente vacía, como si percibiera que existía, pero sin identidad. “Me noto a veces ausente del lugar desde donde hablo”, nos dijo un día. Ella venía de Indochina y de un gran silencio, y sabía que callar era un modo de expresarse y también que tenía que buscar en la literatura la fuerza oculta de la palabra. Por eso sólo sentía realmente que escribía cuando esa fuerza afloraba.

Cae de golpe en el Trópico la tarde, cae sobre esta casa de campo, justo cuando Tango-Tango está llegando a sus últimos compases y en la novela M. Andesmas piensa en su hija que se ha ido con Michel Arc y le ha abandonado allí frente al cielo eterno. Quiere olvidarse de los dos. “Alguna vez me libraré de su recuerdo. ¿Habrá usted muerto para entonces?”, le pregunta a la mujer del contratista. Silencio, desesperación. Las manos cruzadas de la mujer presionando las rodillas del viejo. La noche avanzando sobre la plataforma, sobre el abismo, sobre el mar. Abajo, en el valle, siguen el pick-up y la vida. “Cuando las lilas florezcan, amor mío”, sería la respuesta que daría hasta la misma sombra del haya.

Sitio oficial │www.enriquevilamatas.com
Relecturas en Babelia.

En Algún Día │Enrique Vila-Matas.

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