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In Memoriam: 100 años sin Francisco Giner de los Ríos.

Se acaban de cumplir cien años de la muerte del pedagogo y fundador de la hoy profundamente admirada Institución Libre de Enseñanza (ILE), un proyecto que tuvo que enfrentarse a la cerrazón de una sociedad oprimida por los prejuicios y los dogmas y que fue la puerta de entrada a las más modernas teorías pedagógicas y científicas extranjeras.

La ILE, un fogonazo que duró seis décadas, expandió una renovadora fe laica, que veneraba la cultura y la ciencia, sacaba los libros al monte y sacudía la pelusa del retraso con el envío de talentos al exterior y la invitación a España de quienquiera que tuviese algo notable que aportar: Marie Curie, Albert Einstein,Alexander Calder o John Dos Passos.

Francisco Giner de los Ríos (Málaga, Ronda, 1839 – Madrid, 1915), hijo de un funcionario de Hacienda, fue un inusual visionario, que no quedó atrapado en la telaraña de la teoría ni en la nostalgia del fracaso. En 1875 le apartaron de su cátedra de Filosofía del Derecho y Derecho Internacional de la Universidad Central por negarse a acatar la norma que impedía las críticas a la religión católica o a la monarquía. Ese mismo año Giner de los Ríos fue encarcelado en Cádiz, donde comenzó a mascar su futuro proyecto. En julio escribe:

“Mi plan, para el año próximo, es abrir en Madrid dos clases privadas, a ver si puedo vivir de mi trabajo por este camino. Si se realizan algunos ofrecimientos que nos hacen, tal vez organicemos modestamente una pequeña institución de enseñanza superior libre, con una escuela de Derecho”.

Giner de los Ríos fundó la Institución Libre de Enseñanza (ILE) en 1876, junto a otros catedráticos como Gumersindo de Azcárate, Teodoro Sainz Rueda y Nicolás Salmerón, y ejerció su labor iluminadora hasta que la Guerra Civil acabó con ella y el franquismo silenció su legado, que no se recuperó “oficialmente” hasta la década de 1980.

El espíritu de la ILE se sustentó sobre el ideario krausista, que defendía la tolerancia académica, la libertad de cátedra y una nueva moral social basada en el cultivo de la ciencia. Giner fue un importante divulgador de estas teorías desarrolladas por el alemán Karl Christian Friedrich Krause, aunque su introductor en España fue su maestro Julián Sanz del Río, que murió antes de ver el nacimiento de la ILE.

Se volcaron en la enseñanza primaria y secundaria. Antonio Machado sería uno de sus alumnos:

“Era don Francisco Giner un hombre incapaz de mentir e incapaz de callar la verdad; pero su espíritu fino, delicado, no podía adoptar la forma tosca y violenta de la franqueza catalana, derivaba necesariamente hacia la ironía, una ironía desconcertante y cáustica, con la cual no pretendía nunca herir o denigrar a su prójimo, sino mejorarle. Como todos los grandes andaluces, era don Francisco la viva antítesis del andaluz de pandereta, del andaluz mueble, jactancioso, hiperbolizante y amigo de lo que brilla y de lo que truena. Carecía de vanidades, pero no de orgullo; convencido de ser, desdeñaba el aparentar. Era sencillo, austero hasta la santidad, amigo de las proporciones justas y de las medidas cabales. Era un místico, pero no contemplativo ni extático, sino laborioso y activo. Tenía el alma fundadora de Teresa de Ávila y de Iñigo de Loyola; pero él se adueñaba de los espíritus por la libertad y por el amor. Toda la España viva, joven y fecunda acabó por agruparse en torno al imán invisible de aquél alma tan fuerte y tan pura” (Antonio Machado)

Giner también impulsó otros proyectos claves de la España del 14, como la Junta para la Ampliación de Estudios y la Residencia de Estudiantes, que dieron sus frutos visibles en la intelectualidad española varias décadas después de la fundación de la ILE.

Las teorías pedagógicas de Giner de los Ríos quedaron ampliamente expuestas en sus obras esenciales, entre las que figuran Estudios sobre educación (1886), Educación y enseñanza (1889), Estudios sobre artes industriales(1892), Resumen de Filosofía del Derecho (1889) y Estudios y fragmentos sobre la teoría de la persona social (1899).

Los siguientes libros ofrecen un interesante y completo acercamiento a la figura de Giner de los Ríos y su legado:

In Memoriam:

Fuente: El Cultural | El País | Diario Sur | Wikipedia | Fundación Francisco Giner de los Ríos

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25 años sin Muro.

El pasado 9 de noviembre de 2009 ya recordamos en una entrada de este mismo blog los 20 años. Han pasado cinco y este domingo 9 de noviembre se cumple el primer cuarto de siglo desde la caída del Muro de Berlin, símbolo de la Guerra Fría y cicatriz de hormigón que dividió a Alemania y al mundo en dos. El muro recortó las calles de Berlín durante casi 30 años y, como era previsible, ha dejado profundas y duraderas secuelas en el cuerpo social que la padeció.

Veinticinco años después, los medios de comunicación han recordado aquellos sucesos y han dedicado sus portadas al aniversario o bien han elaborado especiales online, con contenidos multimedia, artículos, reportajes, exposiciones, etc. que conmemoran el acontecimiento. Les dejo a continuación algunos de ellos, por si les interesa realizar alguna lectura o visionado durante este fin de semana.

Cultura para después de un Muro.

Películas, libros, canciones, cuadros, graffitis, esculturas, fotografías… el muro de Berlín, símbolo y frontera de la Guerra Fría, ha inspirado a todo tipo de creadores y artistas a modelar una obra que lo ha tratado de explicar, reflejar, comprender o simplemente utilizar con mayor o menor fortuna. Y hoy podemos encontrar un puñado de obras que sirven -y lo seguirán haciendo en el futuro- para conocer mejor la existencia de lo que para muchos solo fue una línea roja en un mapa y para otros la frontera de sus vidas. Disfrutemos de ellas.

25 aniversario de la caída del muro de Berlín. – Especial en El País.

25 artículos imprescindibles para entender la caída del Muro de Berlín, según Babelia.

El Berlín contracultural ya es burgués
La ciudad intenta salvar la vitalidad que la convirtió en referencia de lo alternativo. Por LUIS DONCEL.

Entrevista con Nooteboom: “Alemania ha superado su pasado. España no”
El holandés creció bajo la sombra de la ocupación nazi y es referente sobre Berlín, su pasado y sus misterios. Por BERNA G. HARBOUR.

Historia visible
Hombre pragmático, a la manera holandesa, a Cees Nooteboom se le nota mucho una indiferencia instintiva hacia las abstracciones. Por ANTONIO MUÑOZ MOLINA.

La difícil vida de los escritores sin el Muro
Con la RDA desaparecía también una literatura comprometida con un país anómalo. Por IBON ZUBIAUR.

Benditas novelas de espías, de secretos y mentiras
Sin las obras de John le Carré y Graham Greene no se puede entender el género. Por GUILLERMO ALTARES.

La literatura no se reunificó
Los autores del Este sacaron las letras alemanas de su estancamiento en la intranscendencia comercial. Por CECILIA DREYMÜLLER.

Ocho libros para entender un derrumbe
De la historia de una ciudad dividida a las peripecias de dos amantes separados por un muro de hormigón. Por PATRICIO PRON.

Cuando el sol salió por fin en el Este
Algunas voces vivían en el exilio aquel 9 de noviembre. Otras se habían forjado en la clandestinidad. Por MARÍA R. SAHUQUILLO.

Esqueleto de una época pasada
La división Este-Oeste surge de los libros como pequeños trozos de aquel muro de Berlín, feo, pero monstruosamente sólido. Por LÉA COHEN.

Escrito sobre el Muro
En sólo dos años se hizo añicos esa nebulosa política, ideológica y militar que Ronald Reagan denominó “imperio del mal”. Por MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO.

Julia Franck: “La grietas mayores se han cerrado en Berlín”.
Un diálogo con la autora, nacida en Alemania Oriental y huida al Oeste a los ocho años. Por FERNANDO ARAMBURU.

Rüdiger Safranski: “En la Guerra Fría ganó la libertad”.
El filósofo alemán recuerda que la bancarrota de la RDA pesó más que el Muro y analiza el desorden surgido de sus escombros. Por J. A. ROJO.

A un lado la vida, al otro la supervivencia.
‘La vida de los otros’ o ‘Un, dos, tres’ nos hablan del Berlín dividido. Pero el Muro sigue esperando una obra maestra del cine. Por CARLOS BOYERO.

El martillazo pendiente.
El poscomunismo de 1989 coincidió con el apogeo del poscolonialismo, una tendencia que, paradójicamente, propuso una visión folclórica de América Latina. Por IVÁN DE LA NUEZ.

Arquitectura de destrucción y construcción.
El Berlín del siglo XXI escenifica la paradoja de ser una ciudad nueva pero con historia. Por ANATXU ZABALBEASCOA.

Descarada, inquieta y creativa siempre será Berlín.
En el periodo de entreguerras fue más ansiosa de cambios que París, en los años ochenta fue revelándose a Occidente y en los noventa protagonizó una fiebre artística única. Por ESTRELLA DE DIEGO.

“La revolución que derribó el Muro ha sido la más hermosa del mundo”.
El abogado y escritor Ferdinand von Schirach defendió a Honecker y ahora medita sobre la maldad y bondad de los seres humanos. Por ENRIQUE MÜLLER.

Guitarras rojas.
La RDA intentó crear un pop elemental para consumo propio. Terminó tolerando un rock convencional, que en el fondo alentaba sueños subversivos de consumismo y libertad. Por DIEGO A. MANRIQUE.

Savia del Este para las orquestas occidentales.
La calidad de los músicos del bloque amplió las fronteras de este arte. Después irrumpirían Asia y América Latina. Por JESÚS RUIZ MANTILLA.

Apuntes para un mapa del Muro, antes y después.
De Heiner Müller, dramaturgo estelar de la RDA, a un musical con el rockero Udo Lindenberg, el telón de acero generó su propio repertorio teatral. Por MARCOS ORDÓÑEZ.

Stalin, el hombre de acero.
Con el Muro de Berlín cayó el bloque soviético que el líder comunista construyó sirviéndose del terror. Por J. A. ROJO.

¿Qué perdimos con la caída del Muro?.
Después del 9 de noviembre de 1989, ¿se hizo mejor el Este y peor el Oeste? Las dos visiones de IGNACIO VIDAL-FOLCH Y BERNA G. HARBOUR.

Fotorrelato | El lienzo más largo.
Kiddy Citny fue uno de los grafiteros más reconocidos, además de participar en la película de Wim Wenders ‘El cielo sobre Berlín’. Por RUT DE LAS HERAS BRETÍN.

Trampantojo, por Max.
La viñeta de Babelia se fija en el Muro 2.0

En los muros de Facebook.
Lo más consultado en Youtube sobre el Muro: una actuación de David Hasselhoff. Los avisos para navegantes de RICARD RUIZ GARZÓN.


Especiales:

25 años sin Muro. – Especial en 20minutos.es
El Muro de Berlín. 25 años de su caida. – Especial en Semana.es
Berlin 1989. – Especial en elmundos.es
25 años de un nuevo orden. – Especial en eltiempo.com
25 aniversario de la caída del Muro de Berlín. – Especial en elcorreo.com
25 años de la caída del muro de Berlín – Especial en Cadena Ser
25 años de la caída del muro de Berlín. – Especial en RTVE.es
Especial interactivo 20 años de la caída del Muro. – RTVE.es
Especial del lab: “Caídos en el Muro” – RTVE.es

Un análisis en el Washington Post.
El Wall Street Journal apostó por una comparación mediante imágenes.
The New Yorker reproduce un artículo que publicó en los primeros días de su construcción.
The Berlin Wall in The New Yorker.
También vale le pena leer lo que publicó la revista Nuestro Tiempo en su número de noviembre de 2009.

El mundo y la literatura, por Fernando Aramburu.
Los muros que siguen en pie a 25 años de la caída del Muro de Berlín.

15 libros ambientados en Berlín. – Las lecturas de Mr.Davidmore.
Libros de la Editorial Acantilado para conmemorar el 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín.

En Algún día: In Memoriam: 20 años de la caída del muro de Berlín.


Videos:
Se levanta el muro de Berlín (1961).
Informe Semanal – La caída del muro de Berlín (1989).
Informe semanal – El muro de Berlín cumple 25 años (1986).
En portada – 1989: ¿Una sola Alemania?.
Documentos TV – Así cayó el muro.
La caída del Muro de BerlínCanal Historia.
East Side Gallery: el arte en el Muro de Berlín
Especial Días de cine: 25 años de la caída del Muro de BerlínCanal YouTube Algún día en alguna parte.
Berlín 14-14Canal YouTube Algún día en alguna parte.

Un 23-F de hace 30 años.

El 23 de febrero de 1981, la joven democracia española vivió su prueba más difícil. Militares nostálgicos del antiguo régimen protagonizaron un intento de golpe de Estado que pudo haber acabado en un baño de sangre o una nueva dictadura. El resultado final fue la consolidación definitiva del sistema democrático, aunque a costa de un retraso en el proceso de descentralización del Estado. La intentona golpista no fue un hecho del todo inesperado, dado el amplio malestar existente en sectores del Ejército por el cambio político emprendido tras la muerte de Franco.

Todo empezó a las 18.23 horas, cuando un pelotón de guardias civiles al mando del teniente coronel Antonio Tejero irrumpió en el Congreso de los Diputados mientras se votaba la investidura como nuevo presidente de Leopoldo Calvo Sotelo (UCD). Éste debía suceder en el cargo al dimisionario Adolfo Suárez, también de la coalición centrista UCD.

El forcejeo de Tejero con el general Manuel Gutiérrez Mellado (vicepresidente del Gobierno) y los posteriores disparos al techo realizados por los asaltantes no presagiaban nada bueno. Sólo permanecieron en su asiento, desafiando la orden de tirarse al suelo, el propio Gutiérrez Mellado, el presidente Suárez y el dirigente comunista Santiago Carrillo. Diputados y senadores quedaban secuestrados en el edificio representativo de la soberanía popular, dejando al país entero en vilo.

Un capitán que acompañaba a Tejero adelantó a los parlamentarios la pronta llegada de una ‘autoridad militar competente’ para disponer lo que fuese procedente. Ante la situación creada, se constituyó en el Ministerio del Interior un Gobierno provisional de subsecretarios que asumió las funciones del ejecutivo secuestrado en las Cortes. El director de la Seguridad del Estado, Francisco Laína, se puso al frente de dicho gabinete de crisis. El jefe del Estado Mayor del Ejército, José Gabeiras, apoyó el orden democrático y entabló contacto telefónico con Laína.

Fiel también al ordenamiento constitucional, el director general de la Guardia Civil, el general José Luis Aramburu Topete, se dirigió al Congreso para emplazar a Tejero a rendirse. El teniente coronel golpista se mantuvo firme, llegando a amenazar a Aramburu con pegarle un tiro y luego suicidarse. A la vista de su empecinamiento, el jefe de la Benemérita decidió retirarse.

Estado de excepción en Valencia. Ya de noche, los tanques salieron a las calles de Valencia por orden del teniente general Jaime Milans del Bosch, quien declaró el estado de excepción en su región militar. Otros militares sediciosos como el general Luis Torres Rojas y el comandante Ricardo Pardo Zancada intentaron que se sumasen al golpe las fuerzas de la División Acorazada Brunete: pretendían con ello asegurar el control de puntos estratégicos de Madrid como la sede de RTVE.

Las instalaciones de Prado del Rey permanecieron ocupadas por varios destacamentos de la Brunete alrededor de dos horas, en las que Televisión Española alteró su programación y Radio Nacional emitió marchas militares. La intervención de los generales José Juste (jefe de la Brunete) y Guillermo Quintana Lacaci (capitán general de la primera región militar) impidió que los golpistas pudiesen disponer del grueso de esta importante división.

El general Alfonso Armada, pieza importante de la trama golpista, entró en el Congreso sobre las 23.50 horas para despachar con Tejero. Quiso erigirse en jefe de un gobierno de concentración nacional, pero no logró convencer a Tejero, quien abogaba por la creación de una junta estrictamente militar. La suerte del golpe quedó echada tras la intervención del Rey en TVE en torno a la una y cuarto de la madrugada: el monarca ordenó expresamente a los militares sublevados que se retirasen a sus cuarteles. Pasado el mediodía del 24 de febrero, los asaltantes del Congreso se entregaron tras haber liberado a los diputados retenidos. El resto de los golpistas ya estaban a disposición de la justicia militar.

La jornada del 24-F fue testigo de una de las manifestaciones ciudadanas más multitudinarias de la historia de España: un millón y medio de personas se congregaron en Madrid detrás de una pancarta que rezaba “Por la libertad, la democracia y la Constitución”.

Condenas de hasta 30 años. El macrojuicio del 23-F, celebrado en Madrid ante el Consejo Supremo de Justicia Militar, se saldó el 3 de junio de 1982 con duras condenas para los rebeldes. Tejero y Milans del Bosch fueron condenados a 30 años de cárcel. Otras 28 personas recibieron penas de entre un año de suspensión de empleo y 6 años de prisión. El Tribunal Supremo aumentó en 1983 las condenas: de 5 a 10 años para el coronel Diego Ibáñez Inglés (colaborador de Milans en Valencia); de 6 a 12 para Torres Rojas y Pardo Zancada; y de 6 a 30 para Armada. En 1996, tras la salida de la cárcel de Tejero, los protagonistas del fallido golpe ya se hallaban en libertad. Todos ellos se beneficiaron de indultos.

Uno de los secretos aún por desvelar del 23-F es la identidad del llamado “Elefante Blanco”, la alta personalidad militar que supuestamente debía presentarse en las Cortes y hacerse con las riendas del golpe. Algunos analistas consideran que el “Elefante Blanco” era un mero símbolo del Ejército en su conjunto. Otros atribuyen ese título a Armada, quien siempre lo ha negado.

Sólo 20 meses después de la fracasada sublevación militar, el PSOE llegaba al poder con una abultada mayoría absoluta. Muchos historiadores marcan el final de la Transición en esas elecciones de octubre de 1982 que convirtieron en presidente a Felipe González.

Texto: Nicolás Fabelo. RTVE.es. 22.02.2011.

Especial 23-F-en RTVE.es
23-F:Las ediciones especiales de El PAÍS.
23-F: Video Resumen en EL Mundo.es.
Los otros protagonistas del 23-F. abc.es.
El 23F y la cultura.

In Memoriam: Juan Marichal.

Juan Marichal (Santa Cruz de Tenerife, 1922 – México, 9 de agosto de 2010), el hombre que redescubrió desde el exilio la obra de Manuel Azaña y trabajó por la reivindicación histórica de Juan Negrín, su paisano canario, falleció esta madrugada en Cuernavaca, México, según ha comunicado su hijo, el profesor Carlos Marichal, con quien vivía allí desde hace siete años.

Marichal es uno de los intelectuales más importantes de la España que hizo la diáspora durante la Guerra Civil.  Premio Nacional de Historia en 1996, Premio Nacional de Ensayo en 1995 y Premio Canarias de Literatura en 1987 junto a la escritora María Rosa Alonso, Juan Marichal nació en 1922, en Tenerife; su familia era republicana; estudió en Madrid, y cuando aún era un chiquillo vivió el inicio de la guerra (que él llamó incivil) en el barrio de Chamberí. El horror de aquellos episodios y el posterior exilio, que inició cuando aun no había concluido la contienda, fueron hechos fundamentales en la formación de su carácter, introvertido y analítico, preocupado siempre por la esencia de su país herido.

Don Juan Marichal fue director del Departamento de Lenguas Romances de la Universidad de Harvard. Como estudioso de la obra de Azaña, que convirtió en un símbolo de la España trasterrada, y también del pensamiento político republicano, consiguió poner en pie un legado que durante las primeras décadas de la posguerra permaneció ennegrecido por las campañas franquistas en contra del que había presidido el Estado hasta 1939.

Fue también un gran estudioso de la literatura y del pensamiento hispanoamericano, que contribuyó a divulgar en España como ensayista y como conferenciante. In Memoriam.

Fuente: El País.com.

La historia hecha palabra.

Las grandes novelas que hacen vivir al lector en distintas épocas.

Quo vadis? (1896) Henri Sinkiewicz.

Desde Los mártires de Chateaubriand hasta Ben-Hur el tema más popular de la novela histórica del XIX fue el de cristianos perseguidos. Quo vadis? corona la serie, con todos los tópicos del género: jóvenes amantes, -bella y virtuosa cristiana frente a fogoso guerrero romano- ; y tipos secundarios memorables: el voluble y cruel Nerón, el elegante y simpático Petronio, el gigantón Ursus, y los apóstoles Pablo y Pedro (a quien el propio Cristo dirige la inquietante pregunta del título). Impactante dramatismo y escenarios espectaculares: la Roma imperial, catacumbas, casas patricias, el circo con sus fieras, diálogos vibrantes, banquetes y catástrofe final: el gran incendio de Roma. Happy end romántico y suicidio teatral de Nerón. Sinkiewicz, experto en relatos históricos, mereció el premio Nobel. Las versiones del cine lo hicieron un clásico.

La gran marcha (2005) E. L. Doctorow.

Narración vibrante de fulgores épicos, arrolladora por su tema y por su estilo. Por un lado, la famosa marcha de la caballería del general Sherman (1864) desde Atlanta por Georgia y las Carolinas, arrasando ciudades y campos de los confederados. De otro, una narración rápida, cinematográfica, que da vida y color a diversas figuras en escenas de intenso dramatismo. Ciudades en llamas, desastres, muerte, gestos heroicos, lastimera turba fugitiva de damas sureñas y esclavos errantes tras las tropas y ruinas, en el torbellino poco heroico que dirige el implacable Sherman, un personaje más en el elenco de sus emotivas figuras. Doctorow es genial en la creación de tipos y caracteres, y en los diálogos vivaces, continuos e impresionantes por su fuerte tensión dramática. En definitiva, una novela histórica impactante, por su rigor, estilo y diseño clásico.

La marcha Radetzky (1932) Joseph Roth.

En Solferino el teniente Trotta salvó la vida al joven emperador. Ese gesto heroico determinó su destino, el de su hijo y el de su nieto. Que morirá al fin bajo las balas del frente ruso medio siglo después en otra guerra. Al tiempo que agoniza, ya viejísimo y solo, Francisco José, y se desmorona el universo al que los tres Trotta sirvieron. Un mundo de orden, fantasmagórico, de uniformes, guarniciones de frontera, duelos de honor, deudas de juego, vino y amoríos furtivos, viejos criados, lealtades y calladas ternuras. Las músicas militares puntúan con fugaz ironía unas vidas pautadas por la rutina y la desesperanza: “El mundo en que todavía merecía la pena vivir estaba condenado a desaparecer”. Roth, que recuerda a Chéjov y Schnitzler, es un maestro de la melancolía. La marcial marcha de Radetzky suena como un Réquiem por el Imperio.

Espartaco (1951) Howard Fast.

La rebelión de los esclavos y gladiadores contra Roma en el siglo I antes de Cristo era un tema histórico muy atractivo, vista como la primera gran rebelión proletaria. Espartaco derrotó cinco veces a los ejércitos romanos; luego Craso y Pompeyo aniquilaron a los rebeldes con ejemplar ferocidad. Howard Fast y Arthur Koestler, marxistas y libertarios ambos, escribieron a la par dos novelas apasionantes sobre esa revolución de trágico final. Koestler insiste más en esa audaz aurora precomunista y su utopía traicionada; Fast subraya la grandeza humana del gladiador protagonista (ahora tiene ya la cara de Kirk Douglas) con emotivas figuras y vivaces diálogos. La novela se editó pese a censuras políticas al comienzo, pero alcanzó, como el oportuno filme, un éxito impresionante.

De noche bajo el puente de piedra (1953) Leo Perutz.

Ved aquí la Praga misteriosa y mágica de la época de Rodolfo II, evocada a través de los 15 episodios fantásticos de la novela De noche bajo el puente de piedra. Leo Perutz, un maestro del relato de intriga, describe su antiguo barrio judío, de oscuras callejas, sinagogas, hechizos y fantasmas, y, al otro lado, la corte del enigmático y enloquecido Rodolfo, con su intrigante tropel de alquimistas, bufones, sirvientes y astrólogos. El emperador, y su amor desdichado, protagoniza sorprendentes escenas mágicas; el rico judío Mordecai Meisel, otras. Sus destinos se cruzan en esa ciudad prodigiosa, la misma del Golem y el rabino Loew, y del belicoso Wallenstein, donde todo puede suceder. Lo histórico y lo fantástico se dan la mano en esta trama “de buscadores de oro y buscadores de Dios”.

Yo, Claudio (1934) Robert Graves.

Menuda familia la de los Judio-Claudios! Superior al más dramático culebrón telefílmico, con intrigas, pasiones turbulentas y crímenes taimados. Más allá de los sabios cotilleos de Suetonio y Tácito, la crónica cruel y escandalosa de los primeros emperadores de Roma, llega aquí en las memorias del escurridizo y puntual narrador, el viejo Claudio, ya no el torpe erudito elevado a la púrpura por azar, según contaron los antiguos, sino un cronista implacable, irónico y mordaz, según Robert Graves, experto en clásicos, de chispeante imaginación y admirable estilo. Con mano maestra evoca escenas y personajes estupendos (la cruel Livia, el turbio Tiberio, el loco Calígula, etcétera). Y sus diálogos son de una frescura teatral. Con buenos remakes en cine y televisión.

Memorias del imperio (1987) Fernando del Paso.

Como en un colosal y abigarrado mural mexicano, aquí se pinta en fragmentos la catástrofe de un imperio fulgurante y fugaz, concluido en el fusilamiento esperpéntico de Maximiliano en Querétaro en 1867. En la narración alternan diversas voces; es una trama polifónica, un gran mosaico barroco y patético. La narradora principal es la emperatriz viuda y loca, Carlota, que monologa en su vieja Bélgica, sesenta años después del gran desastre, su amor y su reino perdidos. Pero hay otros relatores, cada uno con acento propio: Maximiliano, un soldado raso, un médico, un historiador, Juárez, etcétera. La prosa zigzagueante, el contraste de diversas perspectivas, los tonos carnavalescos y la heteroglosia dan un aire casi surrealista a esta imponente “sinfonía bajtiniana” (según S. Menton), la más inolvidable ficción histórica latinoamericana.

La muerte de Virgilio (1945) Hermann Broch.

En vibrante prosa lírica de tonos filosóficos, el autor exiliado evoca la angustia del poeta latino enfrentado a la gran duda: ¿a qué sirve la poesía y la épica? Virgilio llega a Brindisi de noche muy enfermo, en la nave del emperador Augusto. Viene de Grecia; presiente su pronta muerte. En sus últimas horas, febril, lo acosa un torrente de fantasmales sueños, y decide quemar el penoso poema de sus últimos años. Augusto, mecenas tenaz, batalla por salvar esa Eneida para gloria de Roma. Discuten -durante más de cien páginas- del poder y la poesía. Vence Augusto; el poeta cede y se resigna: quizás, en fin, su voz perdure más que la propaganda imperial y conserve su dolorido sentir. Larga novela y poética, mínima acción, densa elegía de trascendentes ecos.

La historia hecha palabra. Texto: Carlos García Gual. Babelia. 07/08/2010.

Los juglares y la historia – Gisbert Haefs.
Una cantera inagotable de ficción – Fietta Jarque.
El mito se renueva – Carlos García Gual.
Verdad y mentira en la novela histórica – Dasso Saldívar.

La vuelta a la historia en cincuenta frases. Helge Hesse.

Muchas frases célebres que leemos, oímos y pronunciamos a diario son milenarias. Nacieron en momentos cruciales de la historia mundial, porque alguien las pronunció o las escribió. Algunas de ellas son incluso más antiguas que nuestro idioma. Todas ellas nos cuentan algo sobre nuestra cultura y nuestra historia.

Si nos fijamos en las citas célebres de la historia, echamos un vistazo a los personajes que las acuñaron e investigamos las circunstancias en las que nacieron, constataremos que no sólo nos permiten realizar un viaje al pasado, sino también una sucesión de visitas relámpago a los momentos decisivos de la historia de la humanidad.

Este libro es una invitación a ese viaje, a través de cincuenta frases célebres, personajes y momentos de gran relevancia histórica. Desde «Conócete a ti mismo» hasta «El eje del mal», median ni más ni menos que dos mil seiscientos años.

Detrás de cada cita que se estudia en este libro se esconde por lo menos un episodio crucial de la historia. Cada una de ellas abre una puerta a un período y un espacio propios, desvela sorprendentes huellas de épocas pasadas y muestra a sus autores y su personal visión del mundo.

Como en todo viaje, uno debe tomar siempre la decisión de dónde se detiene, qué visita y qué deja de lado. Como este libro trata de la historia de la humanidad, he incorporado citas literarias sólo cuando éstas remitían a un acontecimiento político o social relevante. Es probable que haya lugares en los que desearían permanecer más tiempo, a pesar de que nuestros pasos nos lleven ya por otros derroteros. Este viaje no pretende ser exhaustivo ni equilibrado, lo que, por otro lado, tampoco sería posible, entre otras cosas porque no todos los acontecimientos importantes de la historia mundial han dado lugar a alguna cita célebre.(…)

Sólo sé que no sé nada.
Sócrates (hacia 470-399 a. C.)

Cuando el año 400 a. C. se acercaba a su fin, un tal Meletos presentó en Atenas un escrito de acusación. Su argumentación parecía algo traída por los pelos, y la pena solicitada, ridículamente exagerada. Meletos acusaba al filósofo Sócrates, de setenta años, de no reconocer los viejos dioses e incluso introducir dioses nuevos y de corromper a la juventud; y por ello había que aplicarle nada menos que la pena de muerte.

Sócrates era por aquel entonces el filósofo más conocido de Atenas. Sin embargo, y por grande que fuera su fama, no se le tenía en absoluto por un ideal de su tiempo. Muchos de sus conciudadanos consideraban su actitud, su aspecto y su estilo de vida como una afrenta. A menudo, abordaba a desconocidos en medio de la calle y entablaba con ellos conversaciones filosóficas que no siempre terminaban de forma agradable. Al que quisiera ir por la tarde a comprar al ágora, la plaza del mercado de Atenas, podía sucederle que no pudiera llevar a cabo su deseo porque un hombrecillo sucio y desaliñado, de nariz aguileña, cabezón, de pelo ralo y frente ancha y pronunciada, le clavaba la mirada y, sin que viniese a cuento, le preguntaba qué era la sabiduría o qué podía considerarse bueno y justo. Si el otro respondía, Sócrates le formulaba inmediatamente la siguiente pregunta, que generalmente ponía en duda la respuesta anterior. Si el incauto ensayaba otra respuesta, ahora más meditada, recibía al instante otra pregunta de Sócrates, que abordaba de forma aún más incisiva las debilidades de su argumentación y que lo dejaba aún más perplejo y dubitativo. Al cabo de un rato, la mayoría pensaba seguramente que Sócrates sólo quería ponerles en ridículo. Ése no era, sin embargo, su objetivo: Sócrates preguntaba para adquirir conocimiento. Interrogaba de esa forma no sólo a los demás, sino también a sí mismo, poniendo constantemente en duda sus ideas y conclusiones. Esa forma de conversación en la que el maestro plantea siempre otra pregunta y anima al alumno a meditar sobre las preguntas que le son formuladas y sobre lo que quiere decir en las respuestas que da, para así alcanzar el verdadero saber, recibe en filosofía el nombre de método socrático; era el instrumento más valioso de Sócrates en su pugna por alcanzar el verdadero conocimiento y la actitud correcta que se desprende de éste.

(…) El argumento socrático “Sólo sé que no sé nada” fue esencial para la filosofía, pues toda búsqueda de conocimiento debe comenzar con la confesión de que hay algo que se ignora. Sócrates quería poner de manifiesto la ignorancia y la creencia errónea de que se conoce algo y, mediante un razonamiento lógico (que Sócrates equiparaba a la virtud), guiar a los individuos hacia la actitud correcta.

El fin justifica los medios.
Nicolás Maquiavelo (1469-1527)

Un retrato de Maquiavelo, realizado mientras aún vivía, nos muestra a un hombre pálido, envuelto en una elegante y regia túnica de paño grueso que parece esconder, y casi aplastar, un débil cuerpo enjuto. Al posar para el pintor, el retratado era todavía un hombre joven. Los ojos oscuros y despiertos transmiten curiosidad y astucia. La boca, de labios finos y prietos, parece sonreír dentro del rostro angosto. ¿Es ésta la sonrisa de un astuto hombre de poder? ¿O simplemente muestra la melancolía de un hombre que ha visto los abismos del ser humano? ¿Y la postura? La cabeza ligeramente ladeada hacia delante, con el pelo moreno y corto, aunque algo más largo en la nuca. ¿Se agacha a la espera de realizar un ataque artero, o es el gesto de Maquiavelo el de un hombre que suspira desilusionado?

Quien conozca la interpretación usual de la obra más conocida de Maquiavelo, Il principe (El príncipe), reconocerá en el retrato descrito a un cínico hombre de poder alejado de cualquier tipo de moral. No en vano, el texto consiste en un manual práctico en el que Maquiavelo explica de qué modo llega el soberano al poder y cómo, acto seguido, logra afianzarse en él. Y todavía resulta más asombroso el lenguaje práctico, analítico y claro con el que describe los, a veces, monstruosos métodos que posibilitan una exitosa subida al poder, y que hasta incluso parecen ser requeridos para lograr tal fin. Para él no cabía duda: quien desee obtener éxito político no debe arredrarse ante la mentira, la traición y la maquinación, y en ocasiones deberá recurrir incluso al homicidio. Lo decisivo es únicamente alcanzar el poder político. La máxima “El fin justifica los medios” no aparece de forma literal en la obra de Maquiavelo. Lo que ocurre es que, al establecerse como hilo conductor del libro El príncipe y al ser allí donde por primera vez en la historia es objeto de un amplio debate, se la suele asociar, por regla general, a Maquiavelo y a su obra más difundida.

(…) Maquiavelo deseaba la unidad de su quebrantado país natal, y El príncipe era su visión de cómo podía lograrse esa unidad en la forma de un seguro sistema estatal. Esta unidad tenía que ser llevada a cabo por un “hombre fuerte” y El príncipe debía ser su guía práctica. En sus viajes conoció al ambicioso César Borgia (1475-1507), personaje que le causó una profunda impresión. La divisa de Borgia era: “Aut Caesar aut nihil” (“O César o nada”). ¿Fue Borgia un modelo para El príncipe? Teniendo en cuenta la descripción que Maquiavelo hace de la obtención y la conservación del poder, parece que la forma de actuar de Borgia sea su modelo en todo momento. Éste logró, gracias a la fuerza de su ejército mercenario, tener temporalmente una extensa parte de Italia bajo su control; además, supo quebrantar, o al menos refrenar, tanto el poder del Estado pontificio como el de numerosos príncipes de provincias. Hasta parecía que podía someter a toda Italia. César Borgia no se arredraba ni ante la crueldad ni ante la violencia. No sólo fue un tirano como gobernador de las regiones que había conquistado, sino que también asesinó a numerosos adversarios por medio de sus cómplices o con sus propias manos. Esto nos recuerda el consejo que Maquiavelo brinda en El príncipe: el gobernador debe intentar ser clemente, pero en caso de duda no debe amedrentarse ante la crueldad y la violencia.

Sangre, sudor y lágrimas.
Winston Churchill (1874-1965)

¡Menuda entrada en funciones! No se esperaba menos de Winston Churchill en Gran Bretaña, donde hacía tiempo que era conocido como un orador de verbo poderoso, cuando el 13 de mayo de 1940, en una de las horas más graves de la historia británica, se dirigió a la nación con las siguientes palabras, poco antes de ser nombrado primer ministro: “I have nothing to offer but blood, tears, toil and sweat” (“No tengo nada más que ofrecer que sangre, lágrimas, fatigas y sudor”). Abreviadas y cambiadas de orden en aras del ritmo, estas palabras se hicieron célebres en la fórmula “Blood, sweat and tears” (“Sangre, sudor y lágrimas”).

Europa estaba en guerra. Tras la invasión de Polonia por la Wehrmacht, el Reino Unido y Francia habían declarado la guerra a Alemania. Durante años, Chamberlain, el predecesor de Churchill, había intentado evitar esa guerra, mientras que Hitler, desde su llegada al poder en 1933, no había escatimado esfuerzos para provocarla. Después de que Chamberlain hubiese tolerado las ofensivas de Alemania contra Austria, los Sudetes y Checoslovaquia, se había llegado a un punto en que la guerra ya no se podía evitar: la estrategia del apaciguamiento había fracasado. Con el comienzo de la guerra, los focos volvieron a alumbrar a una figura que durante años había quedado en la sombra y cuyas exhortaciones a que se actuara militarmente contra el gran peligro que representaba Hitler habían sido una prédica en el desierto: Winston Churchill. Este descendiente del famoso duque John Churchill von Marlborough, quien en el siglo XVII había defendido los intereses de Inglaterra frente a las ambiciones de poder europeas de Luis XIV, había sido en las últimas décadas la figura más controvertida de la política británica. Se había hecho famoso cuando, en calidad de corresponsal en la guerra de los Bóers de 1899-1900, protagonizó una huida espectacular después de haber sido hecho prisionero. Luego fue elegido diputado parlamentario y llegó a ocupar diversos cargos ministeriales. A finales de los años veinte, tras haber fracasado como canciller del Tesoro, fue condenado al ostracismo político. La carrera de Churchill parecía finiquitada, y su situación se volvía más precaria cada vez que tomaba la palabra para exigir una política consecuente de mano dura: primero contra Mahatma Gandhi, quien aspiraba a lograr la independencia de la India y con ello ponía en peligro el núcleo del imperialismo británico, y después, a partir de 1933, contra Adolf Hitler.

(…) La tenacidad de Churchill y el modo inflexible con que persiguió el objetivo de vencer a Hitler -de quien incluso rechazó una oferta de paz- hicieron de él la figura clave de la resistencia de la Europa libre frente al dominio de la Alemania nazi. Con la entrada en guerra de Estados Unidos y la oposición cada vez mayor del Ejército Rojo soviético a la ofensiva de la Wehrmacht, la influencia de Churchill menguó. Al tiempo que fue quedando claro que Alemania y sus aliados perderían la guerra, Churchill se fue viendo cada vez más relegado al papel de socio menor de Estados Unidos.

Tengo un sueño.
Martin Luther King (1929-1968)

El 28 de agosto de 1963, un domingo soleado, se reunió una inmensa multitud al pie del Lincoln Memorial. Que el lugar de reunión fuera precisamente el monumento a ese presidente era algo muy adecuado al propósito de aquel día. No en vano, cien años antes Abraham Lincoln había liberado a millones de personas de la esclavitud con la Proclamación de Emancipación de 1862 y la victoria de las tropas de la Unión en la guerra civil americana (1861-1865). Ahora los descendientes de esos antiguos esclavos venían a reclamar lo que Lincoln había declarado en su célebre discurso del 19 de noviembre de 1863 en el campo de batalla de Gettysburg; esto es, que la nación norteamericana se había fundado sobre la idea de la igualdad de todos los seres humanos. En 1963, esta igualdad todavía quedaba muy lejos para la gran mayoría de los afroamericanos. La mayoría de ellos vivían en la pobreza y en el sur del país sufrían una rigurosa segregación racial. El que en las escuelas, las estaciones de tren, los teatros y cines se colgara el excluyente cartel de “For whites only” (“Sólo para blancos”) sólo era una parte del problema. Era impensable la posibilidad de desempeñar cargos públicos.

Cien años después de las palabras de Lincoln, entre los 250.000 congregados ante su monumento no sólo había personas de piel negra; más de 60.000 blancos se habían adherido a la marcha a Washington. (…) Después de numerosos discursos, comunicados y cantos a la libertad y la igualdad de todas las personas, apareció ante la multitud, justo después de que la cantante de blues Mahalia Jackson interpretase un espiritual negro, un hombre de color: Martin Luther King Jr., ministro de la Iglesia bautista nacido en Georgia y jefe del Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos. Ese instante se convirtió en uno de los momentos estelares de su vida.

(…) Al comienzo de su discurso, Luther King invocó a Lincoln: “Hace cien años, un gran americano, bajo cuya simbólica sombra nos encontramos hoy, firmó la Proclamación de Emancipación”. Sin embargo, hoy -continuó- todavía no existe esta igualdad. (…) Su discurso fue una obra maestra en la elección de las palabras y el ritmo, y no sólo iba a ser inolvidable para las personas que lo oyeron ese día de verano en la capital estadounidense, sino que, incluso como texto leído, las palabras de Luther King no han perdido su capacidad de emocionar. (…) Terminó con una serie de frases, pronunciadas con un tono de voz variable y que comenzaron todas ellas con las palabras “I have a dream” (“Tengo un sueño”): “Tengo un sueño, el sueño de que un día mis cuatro hijos pequeños vivan en una nación que no los juzgue por el color de su piel, sino por su carácter… ¡Hoy tengo un sueño!”.

Luther King concluyó su discurso exhortando a todos los presentes a hacer “que repicase la libertad” por todo el país. “Cuando repique la libertad y la hagamos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada Estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día en que todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: ‘¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!”.

(…) La marcha no sólo provocó rechazo entre los blancos conservadores. Los dirigentes radicales del movimiento negro reprocharon a Luther King que hubiera suavizado el conflicto racial y que hubiese representado una “versión de clase media” del verdadero Black Movement. Haciendo un juego de palabras, Malcolm X llamó a la manifestación Farce on Washington (Farsa de Washington). Con todo, aquella manifestación tuvo mayor influencia en la política y la opinión pública que cualquier otro acto anterior del Movimiento por los Derechos Civiles, y la marcha se convirtió en un modelo para los activistas de todos los demás movimientos de emancipación y liberación. En la década de 1960, estos movimientos, no sólo en Occidente, tuvieron una influencia cada vez mayor en el progreso de las sociedades.

Fuente: Frases históricas. Domingo. El Pais.com. 21.06.2009.

Ficha del Libro: Ediciones Destino.

In Memoriam: Manuel Fernández Álvarez.

El catedrático de Historia y académico de la Real de Historia Manuel Fernández Álvarez ha fallecido esta mañana a los 88 años en Salamanca, a consecuencia de las complicaciones derivadas de una intervención quirúrgica a la que fue sometido la pasada semana en una hospital de esa ciudad.

Manuel Fernández Álvarez (Madrid 1921), miembro de la Real Academia de la Historia, profesor emérito de la Universidad de Salamanca y del Colegio Libre de Eméritos, es bien conocido por sus estudios históricos sobre la Edad Moderna (La sociedad española del Renacimiento o La sociedad española en el Siglo de Oro, por el que recibió el Premio Nacional de Historia en 1985).

Es autor de 38 libros y de más de 100 artículos, en su mayoría sobre la España de los Austrias, en la que es considerado uno de los máximos especialistas a nivel mundial. Ha dedicado más de cincuenta años al estudio del siglo XVI, fruto de los cuales son su obra magna «Carlos V, el césar y el hombre» (VI Premio Don Juan de Borbón al libro del año en 2000), el monumental «Corpus documental de Carlos V (Salamanca, 1973-1981)» y el ensayo «Carlos V: un hombre para Europa».

También es autor de los títulos «Isabel la Católica»; «Felipe II y su tiempo»; «Juana la Loca. La cautiva de Tordesillas»; «El fraile y la Inquisición»; «Casadas, monjas, rameras y brujas»; «Sombras y luces en la España imperial»; «Cervantes visto por un historiador» (Premio Quijote del Año de la Sociedad Cervantina de Esquivias y Premio de Ensayo y Humanidades Villa de Madrid 2006), «Pequeña historia de España», «La princesa de Ëboli» y «El Duque de Hierro». Fernando Alvarez de Toledo, III duque de Alba. En 2007 vio la luz su «Diario de un estudiante en tiempos de la Guerra Civil». En 2006 recibió la Medalla de Oro de la Ciudad de Salamanca, y en 2007 el Premio de Ciencias Sociales de Castilla y León.

Su último libro publicado es «España. Biografía de una nación» (Espasa), puesto a la venta hace apenas cinco días y en el que abordaba por vez primera toda la historia de nuestro país. “Este es mi legado. Sin ninguna duda, mi obra más importante”.

Fragmento de España, biografía de una nación, de Manuel Fernández Alvárez.

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