Confesiones póstumas de Yukio Mishima.

Yukio Mishima de verdadero nombre Kimitake Hiraoka, fue un escritor y dramaturgo japonés nacido en Tokio el 14 de enero de 1925 y muerto el 25 de noviembre de 1970. Se suicidó en un acto ritual como protesta por lo que él consideraba decadencia y occidentalización del país. Hoy se conmemora el aniversario de su muerte. In Memoriam:

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“Todos dicen que la vida es un escenario. Pero la mayoría de las personas no llegan, al parecer, a obsesionarse por esta idea, o al menos no tan pronto como yo. Al finalizar mi infancia estaba firmemente convencido que así era, y que debía interpretar mi papel en ese escenario sin revelar jamás mi auténtica manera de ser. Como esa convicción iba acompañada de una tremenda ingenuidad, de una total falta de experiencia, pese a que existía la constante sombra de duda en mi mente que me hacía sospechar que quizá no estuviera en lo cierto, lo indudable es que todos los hombres enfocaban la vida exactamente como si de una interpretación teatral se tratara. Creía con optimismo que tan pronto como la interpretación hubiera terminado bajaría el telón y el público jamás vería al actor sin maquillaje. Mi presunción es que moriría joven era otro factor que colaboraba a mantener esa creencia. Sin embargo, con el paso del tiempo, ese optimismo, o, mejor dicho, ese sueño en vigilia, concluiría en una cruel desilusión”.

(…) “Cuando un muchacho de 14 o 15 años descubre que es más dado a la introspección y a la conciencia de sí mismo que la mayoría de los chicos de su misma edad, incurre fácilmente en el error de creer que ello se debe a que ha alcanzado una madurez superior a la de sus compañeros. Ciertamente cometí ese error. En realidad, aquella tendencia a la introspección se debía, en mi caso, a que yo tenía mayor necesidad que los demás de comprenderme a mí mismo. Ellos podían comportarse de acuerdo con su natural manera de ser, en tanto que yo debía interpretar un papel, lo cual exigía notable comprensión y estudio de mí mismo. En consecuencia, no se debía a la madurez, sino a mi sensación de incertidumbre, de incomodidad, que era la que me obligaba a tener pleno conocimiento de mí. Esa conciencia era un puente que me llevaba a la aberración, y, entonces mi manera de pensar tenía que limitarse a la incertidumbre, a la formulación de hipótesis”.

(…) “Pensaba que quizá con entusiasmo (¡conmovedor pensamiento ciertamente!) podría escapar de mi infantil condición. Parecía que aún no me hubiera dado cuenta de que aquello que me asqueaba era mi verdadera forma de ser, formaba parte de mi verdadera vida. Era como si creyera que aquellos habían sido años de un sueño del que podría escapar a la «verdadera vida».

(…) “Sentía la necesidad de comenzar a vivir ¿Comenzar a vivir mi verdadera vida? Incluso en el caso de que se tratara de una pura mascarada y no de mi vida, realmente había llegado el momento en que debía ponerme en marcha, avanzar arrastrando mis pesados pies”.

Yukio Mishima – “Confesiones de una máscara” (1949)

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Harakiri: forma de suicidio ritual, practicada en Japón por razones de honor o por orden superior, consistente en abrirse el vientre.

El 25 de noviembre de 1970, los medios de difusión internacionales publican una noticia espeluznante: el escritor Yukio Mishima ha acometido un acto político sin parangón. Acompañado de cuatro jóvenes seguidores, ha secuestrado al jefe de las Fuerzas de Autodefensa Japonesa, el general Mashita, y le ha obligado a reunir a los mil soldados de su guarnición. Mishima ha arengado al ejército nipón durante media hora a fin de conseguir el rearme de Japón. Acto seguido, el escritor y uno de los secuestradores, un estudiante católico llamado Morita, se han infligido el seppuku (que los occidentales conocemos como harakiri, su forma incompleta) como ‘reproche al Ejército japonés por relegar al olvido a la Institución Imperial; y al pueblo japonés por dejarse embaucar por la sociedad de consumo olvidando las antiguas tradiciones, que conforman el núcleo de su identidad como individuos y como pueblo’.

Tras el acto de honor de su líder, Mishima, fundador de la “Asociación de los Escudos”, los otros tres individuos han liberado al general. Japón queda paralizado y la pequeña pantalla alcanza récords de audiencia. Mishima, previsor, había alertado a los medios de comunicación de su gesta y los nipones no dan crédito a los acontecimientos. Mishima es admirado y pese a su bien merecida fama como escritor es tachado de exhibicionista, mitómano, megalómano, fascista, homosexual, narciso, masoquista…

Pero su suicidio no debe nublar nuestro juicio valorativo. Mishima fue un gran escritor, que llegó a estar varias veces en el umbral del Nobel. Muestra de ello fue el juicio emitido por el que fuere su profesor, Yasunari Kawabata, primer escritor japonés ganador del premio Nobel. El 18 de octubre de 1968 La Vanguardia publicaba sobre ambos: ‘El nuevo premio Nobel tiene un sentido hondamente arraigado con la tradición japonesa, y al contrario de lo que le ocurre a su más joven discípulo, Yukio Mishima, no se ha dejado influir por las tendencias occidentalistas en el desarrollo de su arte. Aún hoy, empero, Kawabata se ha considerado un renovador dentro de del tradicionalismo y la literatura japonesa’.

Por su parte Yasunari Kawabata afirmaría: “Ignoro por qué me han dado el Nobel a mí, existiendo Mishima. Un genio literario como el suyo lo produce la humanidad sólo cada dos o tres siglos. Tiene un don casi milagroso para las palabras”.

Pero, ¿quién era Yuki Mishima? Su verdadero nombre era Kimitake Hiraoka y nació en Tokio en 1925. Nacido en una familia de samuráis, fue criado por una madre débil, dominada por una opresiva abuela. Estudió Derecho pero dejó las leyes para dedicarse a su vocación definitiva, la literatura. Cultivó su cuerpo y su mente y se concentró en la práctica del deporte y las artes marciales. Contrajo matrimonio ataviado con un occidental chaqué y cortó una clásica tarta nupcial de tres pisos coronada por un macarrónico cupido. Vivió con intensidad los años de la posguerra y recibió con frustración la década de los sesenta, cuando el mundo empezó a preocuparse por el desarme y la conservación de la naturaleza.

Japón logró recuperar sus territorios a golpe de manifestaciones y una juventud guerrera dada a las manifestaciones callejeras. Mishima, mientras, tras estar varias veces en el umbral del Nobel, continuaba albergando fuertes sentimientos militaristas y era incapaz de aceptar la contemporización con Estados Unidos. Fue entonces cuando empezó a perder el norte, eso sí, sin dejar de escribir, cuasi hasta el último aliento. La misma mañana de su de su postrero acto de honor había dejado corregidas las pruebas de imprenta de la que sería su última novela, que cierra su cuatrilogía de El mar de la fertilidad iniciada en 1966 con Nieve de Primavera.

Sea como fuere, Mishima logró el poco envidiable récord de profundidad y amplitud de la herida al acometer su harakiri. Sus compatriotas incapaces de asimilar su sacrificio, apelaban a su pérdida de cordura. El psiquiatra Juan Antonio Vallejo Nájera lo expondría así: “Mishima no había perdido la razón. Decidió su muerte años antes y llevaba muchos meses planeándola cuidadosamente, con total lucidez”.

La Máscara tras la máscara Mishima – Diario Sur.
Blog dedicado a todos los amantes de Yukio Mishima
Mishima, el placer de matarse – La Vanguardia.
Yukio Mishima antes de hacerse el “harakiri”: “Estoy agotado” – El Mundo

Entrada publicada originalmente el 26 de noviembre de 2008. Revisada y ampliada el 25 de noviembre de 2015 con motivo del 45 aniversario del fallecimiento de Yukio Mishima.



Categorías:Efemérides

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1 respuesta

  1. en algun tiempo , en algun lugar , se desarrolla la tragedia de la vida , en este punto del cosmos los actores se llaman hombres . que vasta conciencia , que inimaginable entidad astral en la vastedad del infinito dedicara un instante a observarnos?
    o acaso somos juzgadores de nuestros propios actos y el genio y el imbecil merecen iguales blasones.
    aaaahhh..si la permanencia en este escenario fuese tan corta como el detello de un relampago , si la vejez no nos alcanzara tan pronto valdria la pena vivir .
    Como la flor del cerezo que en el punto culminante de su belleza comienza a morir.gracias.

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