Nocturno I A veces, cuando en alta noche tranquila, sobre las teclas vuela tu mano blanca, como una mariposa sobre una lila y al teclado sonoro notas arranca, cruzando del espacio la negra sombra filtran por la ventana rayos de… Leer más ›
50 poemas
Pedro Salinas: ¡Qué gran víspera el mundo!
¡Qué gran víspera el mundo! No había nada hecho. Ni materia, ni números, ni astros, ni siglos,… nada. El carbón no era negro ni la rosa era tierna. Nada era nada, aún. ¡Qué inocencia creer que fue el pasado de… Leer más ›
Amor constante más allá de la muerte. Francisco de Quevedo.
Cerrar podrá mis ojos la postrera Sombra que me llevare el blanco día, Y podrá desatar esta alma mía Hora, a su afán ansioso lisonjera; Mas no de esotra parte en la ribera Dejará la memoria, en donde ardía:… Leer más ›
Nanas de la cebolla. Miguel Hernández.
«Esta semana, como las anteriores, llega martes y no ha llegado tu carta. También empiezo a escribir ésta para que me dé tiempo a echarla después, cuando el correo me traiga la tuya, que no creo que falte hoy. Estos… Leer más ›
Palabras para Julia. José Agustín Goytisolo.
Palabras para Julia. Tú no puedes volver atrás porque la vida ya te empuja como un aullido interminable. Hija mía es mejor vivir con la alegría de los hombres que llorar ante el muro ciego. Te sentirás acorralada te sentirás… Leer más ›
Poema XX: Puedo escribir los versos más tristes esta noche, de Pablo Neruda.
Poema XX. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.» El viento de la noche gira en el cielo y canta. Puedo escribir los versos… Leer más ›
El remordimiento. Jorge Luis Borges.
El remordimiento He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz. Que los glaciares del olvido me arrastren y me pierdan, despiadados. Mis padres me engendraron para el juego arriesgado y hermoso de… Leer más ›
Si el hombre pudiera decir. Luis Cernuda.
Si el hombre pudiera decir. Si el hombre pudiera decir lo que ama, si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo como una nube en la luz; si como muros que se derrumban, para saludar la verdad erguida… Leer más ›
Gacela de la terrible presencia. Federico García Lorca.
Gacela de la terrible presencia. Yo quiero que el agua se quede sin cauce. Yo quiero que el viento se quede sin valles. Quiero que la noche se quede sin ojos y mi corazón sin la flor del oro. Que… Leer más ›
Vida. Vicente Aleixandre.
Vida. Un pájaro de papel en el pecho dice que el tiempo de los besos no ha llegado; vivir, vivir, el sol cruje invisible, besos o pájaros, tarde o pronto o nunca. Para morir basta un ruidillo, el de otro… Leer más ›
El cuerpo en el alba. Emilio Prados.
Ahora sí que ya os miro cielo, tierra, sol, piedra, como si viera mi propia carne. Ya sólo me faltábais en ella para verme completo, hombre entero en el mundo y padre sin semilla de la presencia hermosa del futuro…. Leer más ›
Sonatina. Rubén Darío.
La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro, está mudo el teclado… Leer más ›
Elegía. Miguel Hernández.
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé con quien tanto quería). Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas, compañero del alma, tan temprano. Alimentando lluvias,… Leer más ›
La Aurora. Federico García Lorca.
La Aurora La aurora de Nueva York tiene cuatro columnas de cieno y un huracán de negras palomas que chapotean las aguas podridas. La aurora de Nueva York gime por las inmensas escaleras buscando entre las aristas nardos de angustia… Leer más ›