Animalarios Kafkianos.

1.

La obra de Franz Kafka ha estado asociada siempre a las más disímiles imágenes vinculadas al mundo animal. Desde aquel despertar de Gregorio Samsa convertido en un “monstruoso insecto”, la imaginería del siglo XX, así como muchas de sus teorías literarias, filosóficas, sociales o psicológicas, han recurrido a la obra kafkiana para aprovecharse de un universo metafórico en el que las fronteras entre hombre y animal parecen difuminarse o, incluso, entremezclarse y co(m)penetrarse.

Las asociaciones resultan a veces tan asombrosas como la propia manera en que esas líneas fronterizas se difuminan dentro de la obra del autor de Praga: a Heinz Politzer, por ejemplo, autor de ese clásico de los estudios kafkianos titulado Franz Kafka: el artista, lo que primeramente le fascinó mientras trabajaba con los manuscritos del autor (durante la preparación de la primera edición de sus Obras completas) no fueron ni el lenguaje ni el mundo de imágenes de Kafka, sino su grafía zoomorfa:

“Esa letra tiene garras […] Y no suelta una vez que se ha aferrado a alguien”.

Para Walter Benjamin, los animales de Kafka son recipientes en los que el hombre deposita todo aquello de sí mismo que ha olvidado: su origen, su – digámoslo así— genealogía animal. El propio Kafka, como bien ha sugerido Zygmunt Bauman en Amor líquido, se encargó de recordarnos que si bien el hecho de haber comido del árbol del conocimiento alzó la barrera que nos separó definitivamente de Dios (creando con ello, entre otras cosas, ese mecanismo de dominación llamado religión); Él, Dios, la supuesta figura que abarca todo lo viviente, al no comer del árbol de la vida se distanció para siempre, con su abstinencia, de nosotros, así como de la vida tal como es, incluidos nuestros instintos animales, por lo que desde entonces vivimos empeñados en –yo diría mejor: aprendiendo a— negar ese divorcio.

Como le sucede al yo narrador con el inquieto animal de larga cola imaginado por Kafka en Preparativos para una boda en el campo, sus ansias de tener esa cola bien asida en la mano, siempre fallidas debido al incesante movimiento del animal, provocan en él la impresión constante de que éste quiere amaestrarle. Porque, sino –se pregunta el narrador—:

“¿qué propósito puede tener retirarme la cola cuando quiero agarrarla, y luego esperar tranquilamente que ésta vuelva a atraerme, y luego volver a saltar?”.

¿El hombre en su perenne afán de controlar sus instintos animales, un afán, asimismo, perennemente derrotado? ¿O se trata acaso de esa búsqueda de algo más a través de lo que llamamos “amor”, tan ligado a los apetitos sexuales, y ya prefigurado por Kafka en esa otra escena de El castillo, cuando K. y Frieda tienen sexo por segunda vez, pero ya la entrega no es “tan completa como antes”? Tal vez.

En ese pasaje se nos dice:

“Ella quería algo, y él quería algo […] Algo querían, y ni sus abrazos, ni sus cuerpos encabritados les hacían olvidar nada; les recordaban más bien el deber de buscar algo más; como perros que escarbaban desesperados la tierra, así escarbaban ellos en sus cuerpos”.

Hacer el amor como perros que escarban la tierra. Se me antoja que bajo esta metáfora de resonancias aparentemente tan grotescas subyace una intención mucho más realista que aquella “bestia de dos espaldas” con la que Yago intenta remover los prejuicios raciales del padre de Desdémona.

2.

Legiones de intérpretes freudianos ha tenido la obra de Kafka. Y teólogos. Y marxistas. Y existencialistas. Los animalarios de Kafka, en cambio, parecen resistirse a las interpretaciones unívocas, sus “fábulas” socavan las intenciones moralizantes de los fabularios clásicos, con sus pretensiones antropocéntricas.

Bien lo vio Harold Bloom cuando dijo que:

“el eje de toda la obra de Kafka es el eje de toda su vida: la lucha del yo consigo mismo para ser él mismo”.

Los más recientes estudios literarios han visto en los animales kafkianos y en sus metáforas zoológicas un buen punto de partida para un análisis posthumanista de su obra, en la que la fusión de elementos diversos, heterogéneos, se aleja deliberadamente de las interpretaciones en las que la oposición hombre vs. animal se instaura como un engranaje de dominación de los distintos discursos humanistas de la modernidad.

Ya en fecha tan temprana como 1957, en su magnífico ensayo En lugar de una historia de la literatura, Walter Jens (nada sospechoso de ser un posthumanista) adelantaba, en relación con la metafórica kafkiana, que:

“A partir de ahora todo es posible; se puede incluso nadar en el aire (¡Chagall!), hacia lo único que no hay vuelta atrás es hacia lo normal […] En los oxímorons de Musil y Kafka […], en la conjugación de elementos heterogéneos […] empieza a perfilarse un proceso como consecuencia del cual el nivel comparativo se desmorona y el “como” es suprimido a favor del “es”, la comparación a favor de la identificación […] Para Kafka, Gregor Samsa no vive simbólicamente como un insecto, sino que él, realmente, se ha transformado en un escarabajo”.

Según Jens, las fronteras del lenguaje convencional se resquebrajan, y rompen a su vez, con sus añicos, la impermeabilidad de esa línea que separaba hasta entonces al hombre del animal. Y permeabilidad es lo que mejor puede hallar en Kafka un estudio de su obra desde las distintas perspectivas posthumanistas: eso que Giorgio Agamben llama “lo abierto”. Kafka otorga a sus personajes animales una dignidad de la que a veces carecen sus figuras inequívocamente humanas.

(Para la familia Samsa, el fatídico amanecer de Gregor no es sino un simple “problema doméstico”, como apunta el director de cine David Cronenberg en el prólogo a la nueva traducción al inglés de La metamorfosis, esa obrita fundamental que, con ese título, generó uno de los grandes malentendidos de la recepción kafkiana en el siglo XX, ya que, como bien señala Politzer, más que de una “metamorfosis” en el sentido entomológico (con sus repercusiones metafísicas), se trata más bien de la “transformación” que sufre la familia Samsa –especialmente la hermana de Gregor— desde el momento en el que su pariente aparece ante ellos como un bicho inmundo).

Dice David Cronenberg:

“El Samsa-Escarabajo apenas es consciente de ser un híbrido, si bien goza de aquellos pequeños placeres híbridos que es capaz de encontrar, ya sea colgar del techo o corretear entre las basuras de su cuarto (placeres de escarabajo) o escuchar la música que interpreta su hermana al violín (placer humano). Pero la familia Samsa es tanto el contexto como la prisión del Samsa-Escarabajo, y su sometimiento a las necesidades de su familia, tanto antes como después de su transformación, le llevan en última instancia a darse cuenta de que para ellos resultaría más conveniente que simplemente desapareciera, de hecho sería una expresión de su amor por ellos, y eso es exactamente lo que hace, dejándose morir en silencio”.

3.

Los animales en Kafka son, muchas veces, mudos testigos de las metamorfosis y de las ansiedades que sufre el hombre. Espectadores. Todo un libro ha dedicado el actor, director y crítico teatral Hanns Zischler a la influencia del cine mudo en la escritura del autor praguense. «En el cine […] –dice Alfred Polgar en el epígrafe que da inicio a este libro— toda realidad incómoda aparece suprimida». Y aunque Zischler no consigue siempre demostrar sus tesis, la pregunta que suscita la lectura de este libro es: ¿y si en el caso de Kafka las visitas al cine fueron relevantes, precisamente, porque incitaron en él una toma de conciencia de esas realidades incómodas, no visibles; si lo que produjo fue una ampliación de la visión, una “metamorfosis” (¡esta vez sí!) de la mirada de un ser humano, la transición hacia una perspectiva que pareciera adoptada por el ojo facetado (o robótico) de un insecto? Esa apertura de las perspectivas, de las fronteras y los flujos de pensamiento entre distintas conciencias, entre posibles distintas subjetividades, es precisamente lo que deslumbra a las teorías posthumanistas en la obra de Franz Kafka.

En un brillante ensayo publicado en el semanario Die Zeit, Peter Kümmel establece un paralelismo entres los animales kafkianos y los instrumentos que usan en la actualidad los ejércitos modernos. Para su literatura, Kafka “se fía de diminutos ayudantes” cuando se trata de explorar el mundo, de esclarecer situaciones:

“Allí donde los americanos inventan moscas teledirigidas, dotadas de cámaras y bombas, así como polvo inteligente, todo con el fin de conquistar territorios enemigos, Kafka, con el mismo propósito [el de conquistar territorios ignotos, valga la aclaración], pone en movimiento a perros (Investigaciones de un perro), a topos (La construcción), a ratones (Josefina, la cantante), y hasta a pulgas (Ante la ley)”.

Y es que no es casual que el mundo kafkiano sirva para ilustrar los nuevos estudios sobre los límites de la inteligencia humana, eso que también queda abarcado en una extensión del concepto de posthumanismo y que, en una transición no tan ilógica, confluye en otro término no menos significativo cuando se habla de Kafka en la actualidad: el transhumanismo, en el que las fronteras entre lo humano y lo inanimado, entre hombre y máquina, entre sujeto y objeto se diluyen, abriendo el grifo (ya no tan simbólico) para la fusión entre humanidad y tecnología.

“Todas las cosas del mundo humano son imágenes que han despertado a la vida”, nos dice el propio autor.

¡Otra vez David Cronenberg!

En el relato “La cruza”, un animal que es mitad gato y mitad cordero, que se alimenta de leche porque no es capaz de cazar ratones (“jamás ha cometido un asesinato”), se nos recuerda que la ingeniería genética ha sido capaz de fabricar una fresa que es mitad fresa y mitad lenguado (porque un lenguado es capaz de resistir temperaturas bajo el agua que ninguna fresa del Silicon Valley californiano podría aguantar en tierra durante una helada). ¿La casi romántica Urpflanze de Goethe convertida en pesadilla?

El 9 de octubre de 1911 Kafka, en su diario, sopesa lo que será su vida futura y se imagina que está siendo testigo de una casi indolora vivisección de su cráneo, donde el cuchillo, “con algo de frialdad y cautela, deteniéndose a veces, retornando, tranquilamente en ocasiones, sigue diseccionando finas capas de un cerebro todavía en funcionamiento”. Y es con un “sueño” como éste (donde el cráneo se abre en presencia de su dueño en momentos de indudables reflexiones eróticas) con lo que se establece una relación casi directa y libidinosa entre el universo de Kafka y las fantasías de David Cronenberg con sus cópulas entre carne y metal, entre hombre y tecnología, en esa “nueva carne”.

4.

Las tres grandes novelas de Kafka – interpretadas a lo largo del siglo XX como metáforas sociales o psicológicas — nos proporcionan ahora una referencia casi ineludible a otra teoría que, aunque no se afianza hasta después de la Segunda Guerra Mundial, empieza a cobrar fuerza en la época en que Kafka escribía sus obras: el holismo (las partes están interrelacionadas entre sí, pero carecen de sentido por sí mismas).

El absurdo aparente de estas novelas de Kafka se deriva de la perspectiva que adopte el exégeta. Desde las miradas de sus distintos protagonistas (Josef K. o K.) resulta imposible establecer un nexo lógico con lo que sucede en ellas. Pero si adoptáramos, quizás, una perspectiva a vuelo de pájaro (como si viéramos desde lo alto un laberinto creado especialmente para ratones usados en un experimento científico), tal vez encontraríamos un sentido lineal a todo que borrase (para nuestra tranquilidad) las fronteras entre el comportamiento de un roedor y el nuestro. Ahora bien, ¿es necesario encontrar un sentido definitivo? ¿No nos han demostrado los estudios sobre el cerebro y sus comunicaciones sinápticas que, como norma, no es posible fijar un patrón, que la hostia de hoy contra una pared puede ser la hostia de mañana contra otra (o contra la misma) o que el beso al tabique pasado mañana constituye una de las variables?

Justo en tiempos de Kafka, Pavlov hacía sus experimentos sobre la salivación de los perros, y Wolfgang Köhler realizaba sus pruebas de inteligencia con monos. (El mono Pedro Rojo, en “Un informe para una academia”, ha obtenido hasta un pasaporte para ser admitido entre los seres humanos, pero termina sus días como un artista sumido en la melancolía.) ¿Un espejo del circo? ¿Un payaso?

Las fronteras se difuminan…

La mirada al laberinto de la ciencia podría ser muy bien la mirada al corte transversal de un hormiguero. La teoría holística y su obsesión por los sistemas parecen casi un resultado directo de los laberínticos mundos kafkianos.

(El holandés Escher es un lúdico observador y heredero de Kafka)

La versión de Orson Wells de El proceso parece inspirarse en los mundos de Escher y en ese kafkiano ojo micro y macroscópico para la multiplicidad de perspectivas de la vida. Anthony Perkins ante la descomunal puerta del tribunal es la más estremecedora alegoría de una hormiga que intenta penetrar los impermeables resquicios de una vida regulada racionalmente para un hombre que no existe sino en teoría. Karel Čapek, un contemporáneo y compatriota de Kafka, escribió en dos ocasiones sobre hormigas: en El drama de los insectos y en R.U.R., ambas de 1921.

5.

Toda la obra de Kafka es un extraño laboratorio repleto de animales extraños, un zoo muy especial donde se atesoran ejemplares de una fauna salida de la imaginación, pero que, en su existencia literaria, podrían enseñarnos una mirada completamente nueva hacia el mundo que nos rodea. Max Brod cuenta que en una ocasión, frente a una pecera en el Acuario de Berlín, su amigo Franz se puso a hablar directamente con los peces. «Ahora al menos puedo miraros en paz, ya no os como», les decía. Y añade Brod:

“Si nunca habéis oído a Kafka diciendo esta clase de cosas con sus propios labios, es difícil imaginar con qué sencillez y facilidad las expresaba, sin la menor afectación y sin el menor sentimentalismo, que era algo que le resultaba totalmente ajeno”.

Tal vez es un buen punto de partida para dejar de ver a Kafka unilateralmente como el símbolo de una condición humana enajenada y empezar a rastrear su obra en busca de las claves de una conciencia ampliada a todo cuanto nos rodea. Para ello, sin embargo, sería preciso borrar del pizarrón los trazos del discurso lineal que intenta domarnos y explicarnos, y atender más a las expansiones fractales y rizomáticas de la vida.

Fuente: Animales Kafkianos. Escrito por José Aníbal Campos. Publicado originalmente en HermanoCerdo.com. Diciembre 2014.

En Algún día: Franz Kafka.

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¡Cuán tristes pasan los días!…

¡Cuán tristes pasan los días!…
¡cuán breves… cuán largos son!…
Cómo van unos despacio,
y otros con paso veloz…
Mas siempre cual vaga sombra
atropellándose en pos,
ninguno de cuantos fueron,
un débil rastro dejó.

¡Cuán negras las nubes pasan,
cuán turbio se ha vuelto el sol!
¡Era un tiempo tan hermoso!…
Mas ese tiempo pasó.
Hoy, como pálida luna
ni da vida ni calor,
ni presta aliento a las flores,
ni alegría al corazón.

¡Cuán triste se ha vuelto el mundo!
¡Ah!, por do quiera que voy
sólo amarguras contemplo,
que infunden negro pavor,
sólo llantos y gemidos
que no encuentran compasión…
¡Qué triste se ha vuelto el mundo!
¡Qué triste le encuentro yo!…

A mi madre
Rosalía de Castro (1837-1885)

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In Memoriam: 100 años sin Francisco Giner de los Ríos.

Se acaban de cumplir cien años de la muerte del pedagogo y fundador de la hoy profundamente admirada Institución Libre de Enseñanza (ILE), un proyecto que tuvo que enfrentarse a la cerrazón de una sociedad oprimida por los prejuicios y los dogmas y que fue la puerta de entrada a las más modernas teorías pedagógicas y científicas extranjeras.

La ILE, un fogonazo que duró seis décadas, expandió una renovadora fe laica, que veneraba la cultura y la ciencia, sacaba los libros al monte y sacudía la pelusa del retraso con el envío de talentos al exterior y la invitación a España de quienquiera que tuviese algo notable que aportar: Marie Curie, Albert Einstein,Alexander Calder o John Dos Passos.

Francisco Giner de los Ríos (Málaga, Ronda, 1839 – Madrid, 1915), hijo de un funcionario de Hacienda, fue un inusual visionario, que no quedó atrapado en la telaraña de la teoría ni en la nostalgia del fracaso. En 1875 le apartaron de su cátedra de Filosofía del Derecho y Derecho Internacional de la Universidad Central por negarse a acatar la norma que impedía las críticas a la religión católica o a la monarquía. Ese mismo año Giner de los Ríos fue encarcelado en Cádiz, donde comenzó a mascar su futuro proyecto. En julio escribe:

“Mi plan, para el año próximo, es abrir en Madrid dos clases privadas, a ver si puedo vivir de mi trabajo por este camino. Si se realizan algunos ofrecimientos que nos hacen, tal vez organicemos modestamente una pequeña institución de enseñanza superior libre, con una escuela de Derecho”.

Giner de los Ríos fundó la Institución Libre de Enseñanza (ILE) en 1876, junto a otros catedráticos como Gumersindo de Azcárate, Teodoro Sainz Rueda y Nicolás Salmerón, y ejerció su labor iluminadora hasta que la Guerra Civil acabó con ella y el franquismo silenció su legado, que no se recuperó “oficialmente” hasta la década de 1980.

El espíritu de la ILE se sustentó sobre el ideario krausista, que defendía la tolerancia académica, la libertad de cátedra y una nueva moral social basada en el cultivo de la ciencia. Giner fue un importante divulgador de estas teorías desarrolladas por el alemán Karl Christian Friedrich Krause, aunque su introductor en España fue su maestro Julián Sanz del Río, que murió antes de ver el nacimiento de la ILE.

Se volcaron en la enseñanza primaria y secundaria. Antonio Machado sería uno de sus alumnos:

“Era don Francisco Giner un hombre incapaz de mentir e incapaz de callar la verdad; pero su espíritu fino, delicado, no podía adoptar la forma tosca y violenta de la franqueza catalana, derivaba necesariamente hacia la ironía, una ironía desconcertante y cáustica, con la cual no pretendía nunca herir o denigrar a su prójimo, sino mejorarle. Como todos los grandes andaluces, era don Francisco la viva antítesis del andaluz de pandereta, del andaluz mueble, jactancioso, hiperbolizante y amigo de lo que brilla y de lo que truena. Carecía de vanidades, pero no de orgullo; convencido de ser, desdeñaba el aparentar. Era sencillo, austero hasta la santidad, amigo de las proporciones justas y de las medidas cabales. Era un místico, pero no contemplativo ni extático, sino laborioso y activo. Tenía el alma fundadora de Teresa de Ávila y de Iñigo de Loyola; pero él se adueñaba de los espíritus por la libertad y por el amor. Toda la España viva, joven y fecunda acabó por agruparse en torno al imán invisible de aquél alma tan fuerte y tan pura” (Antonio Machado)

Giner también impulsó otros proyectos claves de la España del 14, como la Junta para la Ampliación de Estudios y la Residencia de Estudiantes, que dieron sus frutos visibles en la intelectualidad española varias décadas después de la fundación de la ILE.

Las teorías pedagógicas de Giner de los Ríos quedaron ampliamente expuestas en sus obras esenciales, entre las que figuran Estudios sobre educación (1886), Educación y enseñanza (1889), Estudios sobre artes industriales(1892), Resumen de Filosofía del Derecho (1889) y Estudios y fragmentos sobre la teoría de la persona social (1899).

Los siguientes libros ofrecen un interesante y completo acercamiento a la figura de Giner de los Ríos y su legado:

In Memoriam:

Fuente: El Cultural | El País | Diario Sur | Wikipedia | Fundación Francisco Giner de los Ríos

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Javier Marías en Revista Mercurio.

Revista Mercurio. Febrero 2015. Nº 168.
(Descargar PDF)

Artífice de un estilo personal, claramente identificable, defensor de una propuesta que incorpora a la novela rasgos del ensayismo y referente de la generación que abanderó —fue de los primeros, pues había empezado a publicar muy joven— la entonces llamada nueva narrativa, Javier Marías es uno de los novelistas mayores de las últimas décadas, tal vez el más traducido y celebrado fuera de nuestras fronteras. Cada nueva entrega confirma ese lugar de privilegio, a la vez que ahonda en un mundo caracterizado, en la forma, por la prosa envolvente, demorada, digresiva; en el fondo, por el planteamiento de problemas morales que vertebran el conjunto: la oportunidad de saber o de contar, la responsabilidad por lo que hacemos o dejamos de hacer, las formas cambiantes del deseo o las consecuencias, a menudo imprevisibles, de lo que decimos o callamos, de lo que ocurrió o podría haber ocurrido o sólo sucede en el pensamiento.

Experta conocedora de la obra de Marías, Elide Pittarello repasa su itinerario novelístico para localizar algunas de sus constantes, en particular desde Todas las almas y Corazón tan blancodestacando procedimientos como las reiteraciones o el uso de imágenes o fragmentos de textos ajenos —incluidas las habituales citas de Shakespeare— que actúan como recursos para profundizar en lo que la autora llama “introspección trascendente”, precisa definición de su discurso literario. En conversación con Guillermo Busutil, el propio Marías habla de su última novela, Así empieza lo malo, y aborda cuestiones como la posibilidad o la conveniencia de conocer el pasado —el de la Transición, en este caso— e incluso el presente, las implicaciones del dilema llevado al terreno de la justicia, el papel decisivo del lenguaje a la hora de interpretar la realidad o el lugar de la reflexión —“la novela es para mí una forma de reconocimiento”— en sus ficciones, además de su interés por el cine, el relato corto o el articulismo.

De sus colaboraciones en la prensa, recogidas en sucesivos volúmenes donde se alternan los artículos de actualidad con otros sobre temas literarios o vinculados a su memoria personal, escribe Jordi Gracia, que valora cada uno de los registros y expresa su preferencia por aquellos en los que Marías recrea episodios autobiográficos, rinde homenaje a los amigos y maestros o trata de sus devociones como lector o espectador. Desde su insólita condición de personaje, Francisco Rico recuerda cómo acordó con el autor el juego por el que comparecería, en un principio con otro nombre, luego con el suyo propio, en varias novelas de Marías, evaluando con humor las correspondencias del retrato con el original, los beneficios que le han reportado los cameos y la controversia que mantienen ambos a propósito de sus estatutos respectivos.

Tras matizar, de acuerdo con la distinción propuesta por Luc Moullet, que Marías es un autor de obra —entendida como “conjunto vasto que halla el sentido en la diversidad”—, Pere Gimferrer escoge tres títulos a su juicio decisivosNegra espalda del tiempo, calificado por Pittarello como su libro “más estremecedor y revolucionario”, aunque no siempre, dice Gimferrer, haya sido bien comprendido; la trilogía Tu rostro mañana, de la que elogia su precisión y elegancia, y el más reciente, ya citado Así empieza lo malo, con el que el autor madrileño ha proseguido una indagación que se remonta a los inicios de los setenta y señala, desde hace mucho y no sólo entre nosotros, un hito de la literatura española contemporánea.

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Podcast – Entrevista a Ernesto Sábato en “A fondo” (1977).

Esta semana en el “Podcast Algún día en alguna parte“, publicamos el audio de la entrevista realizada por el periodista Joaquín Soler Serrano al escritor y ensayista argentino Ernesto Sábato (1911-2011) el 3 de abril de 1977 para Televisión Española en el programa “A fondo“.

El escritor nos habla de la influencia en su obra de su pueblo natal pampeano (Rojas), de la figura de su padre y de “la soledad”. Explica también su simpatía por el anarquismo, su ingreso en el Partido Comunista y su posterior abandono en 1934.

Ir a descargar

También disponible en iTunes.

En Algún día: Ernesto Sábato.

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Franz Kafka y Milena Jesenská, un amor epistolar.

Jueves 

«Ya ve Milena, me quedo echado en mi silla de reposo, por la mañana, desnudo, medio en el sol, medio en la sombra, después de una noche casi enteramente insomne; cómo dormir, cuando soy demasiado liviano para el sueño y revoloteo constantemente en torno a usted, cuando en realidad estoy aterrado, exactamente como escribe usted hoy, por eso “que me ha caído en el regazo”, tan aterrado como los profetas que según se cuenta eran débiles criaturas (ya o todavía, es lo mismo), cuando oyeron la voz que los llamaba y se sintieron aterrados, no querían obedecer, hundían los pies en el suelo y sentían un miedo enloquecedor; ya habían oído anteriormente voces, pero no sabían de dónde provenía el tono aterrador de esta voz determinada -si era la debilidad de su oído o la potencia de la voz-, ni tampoco sabían, porque eran criaturas, que la voz ya había vencido y ya se había acuartelado, justamente gracias a ese terror preliminar y lleno de premoniciones  que les inspiraba, y que sin embargo no demostraba todavía su condición de profetas, ya son muchos los que oyen la voz, pero en realidad es muy dudoso afirmar aún objetivamente que la merezcan, y para mayor seguridad sería mejor negarlo de antemano… Así estaba yo, cuando llegaron sus dos cartas. 

Algo tenemos en común, Milena, según creo: somos tan tímidos y tan temerosos que cada carta es distinta, casi todas las cartas se asustan de la anterior y aún más de la respuesta. Usted no es así por naturaleza, eso se ve fácilmente, y yo, hasta es posible que tampoco yo sea así por naturaleza, pero ya se ha convertido casi en mi propia naturaleza; sólo cuando estoy desesperado y a veces cuando estoy enfadado pierdo esa cualidad y, por supuesto, cuando tengo miedo. 

Muchas veces tengo la impresión de que estuviéramos en una habitación con dos puertas opuestas, y cada uno tuviera aferrada la manija de una puerta, y apenas uno mueve los párpados ya está el otro detrás de su puerta, y ahora basta que el primero diga una sola palabra para que el otro cierre su puerta detrás de sí y desaparezca. Volverá a abrir la puerta, por supuesto, ya que tal vez es una habitación que no puede abandonarse. Si por lo menos el primero no se pareciera tan exactamente al segundo, si se quedara quieto, si por lo menos aparentara no mirar al segundo, si se dedicara a poner lentamente en orden el cuarto, como si fuera un cuarto como todos los demás; pero en cambio hace exactamente lo mismo que el otro junto a su puerta, a veces se encuentran ambos cada uno detrás de su puerta, y la hermosa habitación queda vacía. 

Esto da origen a dolorosos malentendidos, Milena; usted se queja de algunas cartas, dice que les da vuelta por todos lados y nada cae de ellas, y sin embargo son ésas, justamente ésas, si no me equivoco, en las que me sentía tan cerca de usted, tan subyugado en mi sangre, tan subyugador de la suya, tan profundamente en el bosque, tan reposado en la calma que uno realmente no quiere decir nada, salvo, por ejemplo que el cielo se divisa por entre las ramas de los árboles, nada más, y una hora después uno repite lo mismo, y sin embargo, no hay en esa frase “una sola palabra que no haya sido cuidadosamente meditada”. Y tampoco dura mucho, en el mejor de los casos un instante, pronto vuelven a sonar las trompetas del insomnio nocturno. 

Reflexione, además Milena, en qué condiciones me acerco a usted, qué viaje de treinta y ocho años hay detrás de mí (y un viaje mucho más largo todavía, porque soy judío), y cómo, al tomar una curva aparentemente casual del camino, la veo, cuando no esperaba verla, y menos aún tan definitivamente tarde, entonces Milena, no puedo gritar, ni tampoco grita nada en mí, ni siquiera digo mil tonterías, porque no están en mí (omito las otras tonterías, de esas poseo en exceso), y quizá sólo advierto que estoy arrodillado al ver que sus pies están ante mis ojos, y al acariciarlos.

Y no me exija sinceridad, Milena. nadie puede exigírmela más que yo, y sin embargo, muchas cosas me rehúyen, es más, quizá me rehúyan todas. Pero al alentarme en esta cacería, no me alienta nada de eso, ya no puedo dar un paso más, de pronto se vuelve mentira, y el perseguido acosa al perseguidor. Voy por un camino tan peligroso, Milena. Usted se encuentra segura junto a un árbol, joven, hermosa, sus ojos subyugan con su brillo el dolor del mundo. Estamos jugando a un juego infantil, yo me arrastro por la sombra, de un árbol a otro, estoy en pleno camino, usted me llama, me señala los peligros, quiere darme ánimos, se desespera al ver mi paso inseguro, me recuerda (¡a mí!) la seriedad del juego… no puedo, desfallezco, ya he caído. No puedo escuchar al mismo tiempo las voces terribles de mi interior y la suya, pero en cambio puedo oír la suya sola y confiar en usted, en usted como en nadie más en el mundo». 

Suyo, F.

Extraído de: Cartas a Milena, de Franz Kafka.

En Algún día: Franz Kafka.

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Bolañomanía XXVI: Exposición “Archivo Bolaño. 1977-2003″.

La exposición “Archivo Bolaño. 1977-2003” que podrá visitarse a partir del 12 de febrero de 2015 en la Casa del Lector en Matadero Madrid, constituye un homenaje al escritor chileno nacido en 1953, con manuscritos, entrevistas, cartas, poemas, cuentos, dibujos, fotografías o libros y con un total de 14.364 páginas originales, de las cuales 1.750 son inéditas.

Esta exposición es una adaptación de la producida por el CCCB en 2013 en Barcelona (se añade material de su etapa de México). Fue comisariada entonces por Juan Insua y Valérie Miles, quienes vuelven a hacerse cargo del montaje junto con Carolina López, viuda del escritor.

Organizada en tres capítulos, la exhibición “Archivo Bolaño. 1977-2003″ recorre la vida del escritor desde sus días como anónimo, con apenas 24 años, cuando llegó a Barcelona procedente de México, en 1977 (“La universidad desconocida Barcelona 1977-1980”); pasando por su etapa de madurez en Gerona del 80 al 84 (“Dentro del caleidoscopio. Gerona 1980-1984”), y finalmente su período en Blanes, donde vivió hasta su muerte el 15 de julio de 2003 (“El visitante del futuro 1985-2003”).

La muestra recupera cerca de 240 manuscritos, centenares de fotografías y dibujos, 26 cuentos completos; cien poemas y 5.000 páginas inéditas que no se sabe si alguna vez se publicarán. Desde el Bolaño joven ocupado sólo en encontrar su potente voz literaria hasta aquel otro que escribe para ganarle tiempo a la muerte.

“No creáis a los críticos, leedlos si no tenéis más remedio. Pero no los creáis ni una sola palabra ¿Cómo pueden ellos juzgar a los poetas? ¿Cómo pueden los críticos juzgar a los equilibristas muertos o malheridos? Sus interpretaciones tomadlas como ficción/ Sin mayor trascendencia. ¡Sólo es trascendente la poesía!…”, dice Bolaño en uno de los paneles de la exposición.

Entre el material hay 26 cuentos inéditos como “Sepulcro de vaqueros”, “Comedia del horror de Francia”; cuatro novelas inéditas: “La virgen de Barcelona” (1979) y tres más de su etapa gerundense: “Diorama y “El espíritu de la ciencia ficción”  – que dedicó a Philip K. Dick ambas escritas en 1984, y “La paloma de Tobruck”, de 1983

La exposición se cierra con una muestra de los textos más significativos de Bolaño para que los lectores jóvenes que no lo conocen queden prendidos por la magia de sus palabras, porque cualquier joven que quiera escribir tiene que pasar por conocer bien la obra del autor de “Los detectives salvajes”.

Quizás demasiado poco pudorosa y a la vez entrometidamente necesaria, Archivo Bolaño muestra a un escritor empeñado en serlo. “En un vano intento de que el Tiempo/ no me devore/ Soy un pasajero ilegal en este autobús del Infierno”,

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Sitio Oficial: Casa del lector.
Bolaño, legado salvajeEl Mundo.
Roberto Bolaño, el más hermoso de todos los parricidasVozpópuli.
La «cocina literaria» de Bolaño – Diario Sur.
El espíritu de Bolaño visita Madrid – El Cultural.

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