In Memoriam: 130 años sin Victor Hugo.

Se cumplen 130 años del deceso de Victor Hugo, el 22 de mayo de 1885. El escritor francés nació en Besançon (Franco Condado) en 1802 y era hijo del general napoleónico Hugo. Repasamos sus 10 títulos más importantes:

1. Odas y baladas (1822-1828)

La primera recopilación de poesía de Víctor Hugo supuso la inicial fama literaria del escritor. Tienen todavía un tono regio, que le llevaría a obtener una pensión del Rey Luis XVIII como gracia. Son los tiempos de su divisa dedicada al gran escritor legitimista: «Quiero ser Chateaubriand o nada». Una muestra del primer Hugo son estos versos dedicados a la Vandea:

«La Loire, vit alors, sur ses plages désertes,
S’assembler les tribus des vengeurs de nos rois,
Peuple qui ne pleurait, fier de ses nobles pertes,
Que sur le trône et sur la croix»

«El Loira luego vio sobre sus playas desiertas
Reunirse tribus de vengadores de nuestros reyes
Gente que no lloraban, en orgullo de sus nobles pérdidas
Más que sobre el trono y la cruz»

2. El último día de un condenado a muerte (1829) 

Primera obra con carga social del escritor, es una novela descriptiva sobre un condenado a muerte y sus vivencias. Desarrolla el fuerte choque entre el mundo fuera de la prisión y el calabozo. Originalmente se publicó sin el hombre de Hugo. Su prosa introspectiva tuvo influencia en Camus o Dostoyevski:

«Hace cinco semanas que vivo con este pensamiento, siempre a solas con él, siempre helado por su presencia, siempre doblegado bajo su peso. En otro tiempo, porque ya me parece que más que semanas hace años, yo era un hombre como otro cualquiera»

3. Hernani (1830)

La obra supuso la ruptura formal de Hugo con las unidades clásicas del Teatro, y en su estreno se organizó toda una batalla en el Théâtre Français de París que enfrentaba a partidarios y enemigos. Evoca la España del siglo XVI a través de la pugna romántica entre el bandido Hernani y Don Carlos (un Carlos I de opereta) por los amores de Doña Sol. La clemencia del Rey – Emperador Carlos, el humanismo de Hugo, se recoge así:

«Puñales enemigos centelleaban contra mí en la oscuridad; me rodeaban asechanzas y escollos, y veinte pueblos que harían temblar a cien reyes; todo esto era premioso y requería rápida y simultánea solución: te llamé para preguntarte: Carlomagno, ¿cómo inauguraré mi imperio? Y tú me respondiste: Siendo clemente»

4. Nuestra Señora de París (1831)

Más conocida en la traducción de su título por los ingleses: «El Jorobado de Notre-Dame». En principio era una reivindicación del arte gótico parisino, amenazado por las obras de reforma de la capital que la darían su fisonomía actual. Narra los amores entre la bailarina gitana Esmeralda y el jorobado Quasimodo, reconstruyendo esos tiempos de cíngaros y aventuras del siglo XV en Francia. El jorobado llegará a morir encima del cadáver de su amada, en el foso de Montfaucon:

«El hombre a quién había pertenecido, habíase dejado morir en aquel sitio. Cuando quisieron separarle del esqueleto a que estaba abrazado, cayó hecho polvo»

5. El Rey se divierte (1832)

La frivolidad de Francisco I, Rey de Francia y gran rival del citado Carlos I, sirvió como excusa para esta divertida obra, que narra las aventuras sentimentales del Rey con sus cortesanas. Es la base literaria de la ópera Rigoletto de Verdi, estrenada en 1851. De hecho, el parlamento del Rey francés sirvió como inspiración para la conocida aria «La donna è mobile»:

«A menudo la mujer varía
Aunque loco es quién confía
Una mujer a menudo
No es más que una pluma al viento»

6. La leyenda de los siglos (1859, 1877, 1883)

Una colección de poemasla única «épica francesa moderna» según Baudelaire, que intenta edificar un gran discurso sobre el largo camino de los hombres hacia la libertad. Construye figuras, muchas de ellas dudosamente históricas, trazando el camino a la iluminación. Dividido en varias eras (Roma, el Islam, los descubrimientos, etc.), es una construcción lírica de gran ambición, una oda a la verdad:

«La Vérité, lumière effrayée, astre en fuite,
Évitant on ne sait quelle obscure poursuite,
Après s’être montrée un instant, disparaît»

«La verdad, luz asustada, astro en fuga
Se evita conocer cual traje oscuro
Y luego de ser mostrada un momento, desaparece»

7. Los Miserables (1862)

Considerada como el clásico de Víctor Hugo, es clave en el viraje social del escritor. La novela retrata los años que van desde 1815 hasta la década de los 30 del mismo siglo. A través de Jean Valljean, Cosette, Marius y los distintos personajes se pretende evocar un fresco con toques de folletín sobre los desposeídos en Francia. Su carácter popular, populachero a veces, la hizo muy criticada por la escena literaria. Así Flaubert consideró que «no había nada grande en ella» y Baudelaire la llamó «inmunda e inepta». La evocación de la soledad de Cosette recoge esa mezcla de ideas sociales y romanticismo de la obra:

«Arrojó una mirada lastimera hacia delante y hacia atrás. Todo era oscuridad. Tomó el camino de la fuente y echó a correr. Entró en el bosque corriendo, sin mirar ni escuchar nada. No detuvo su carrera hasta que le faltó la respiración, aunque no por eso interrumpió su marcha»

8. Noventa y tres (1874)

Su última gran novela tardía, recuerda y reconstruye la resistencia a los revolucionarios, los azules en la novela (por el color de las casacas), de regiones insurrectas como Bretaña o la Vandea. Fue una de las obras favoritas de Ayn Rand, y se cuenta que alguno de sus personajes inspiró al posterior dictador soviético Iósif Stalin. Es una novela dura, con ciertos rasgos ya del fin-de-siècle como la búsqueda del contraste:

«A las violentas danzas en iglesias en ruinas sucedieron los bailes de Ruggieri, Luquet, Wenzel, Mauduit, de la Montansier; a las graves ciudadanas que hilaban sucedieron las sultanas, las salvajes, las ninfas; a los pies descalzos de los soldados cubiertos de sangre, les sucedieron los pies descalzos de las mujeres, adornados con diamantes»

9. Historia de un Crimen (1877, 1878)

No se puede olvidar la faceta de ensayista político, contrario a Napoleón III, de este escritor francés con obras como «Napoleón le Petit» o los dos volúmenes de Historia de un Crimen, que buscaban siempre denunciar los abusos del despotismo. El escritor volverá de su exilio con la III República y vivirá el asedio de los prusianos a París. Esta obra recoge bien el ideal liberal radical del último Hugo, donde llega a prefigurar la Unión Europea:

«Un día, en poco tiempo, las siete naciones que resumen toda la humanidad se aliarán y se fundirán como los siete colores del arco iris, en una curvatura celeste radiante. El prodigio de la paz aparecerá eterno y visible, por encima de civilización, y entonces el mundo contemplará, deslumbrado, el inmenso arco iris de los pueblos unidos de Europa»

10. Los trabajadores del mar (1866, 1883)

Hugo quiso que su obra póstuma fuera la revisión de esta novela, que incluyó una oda titulada «El Archipiélago de la Mancha», además de una nueva introducción. Homenaje a la isla de Guernsey, en el canal de la Mancha, enfrenta a los habitantes del sitio con las ideas del siglo y los cambios que se suceden en su pequeña comunidad. Une las luchas sociales de las novelas anteriores de Hugo, con un marco un tanto rústico, donde tradición y novedad se enfrentan. El final de la novela es un perfecto epitafio para el escritor francés, que morirá el 22 de mayo de 1885: «En el instante de desaparecer el buque en el horizonte, la cabeza desapareció debajo del agua. No quedó ya más que el mar».

Se cumplen 130 años de la muerte de Víctor Hugo. Texto: Julio Tovar. Publicado en ABC.es. 22.05.2015.

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Las raíces reales y literarias de Macondo.

Un día, el niño Gabriel García Márquez (1927-2014) iba asomado a la ventana en un tren amarillo, que no paraba de soltar serpientes de humo con cada pitido, y leyó en la entrada de una finca un letrero metálico azul que en letras blancas decía: Macondo. Y la palabra voló a esconderse en algún refugio de su memoria.

Macondo no nació el día que todos creen. Macondo tiene siete actas de fundación: tres tienen que ver con la aparición de este territorio de ficción en sendos libros; dos son citadas por primera vez por el autor sin que sus libros hayan sido publicados, y las otras dos provienen de sus vivencias que darán origen a ese pueblo mítico. Para dar con sus raíces hay que desandar la ruta de la imaginación de la gente a lo real.

En el imaginario universal ese territorio nace en el arranque de Cien años de soledad (1967)“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos”.

Aunque la primera presencia para los lectores estaría en el propio título de un relato de 1955: Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo, en origen titulado El invierno. Otra pista falsa, porque la primera vez real que la gente lo lee es en el relato Un día después del sábado, con el que en 1954 gana el Premio Nacional de Cuento, donde se narra:

“Pero ese sábado llegó alguien. Cuando el padre Antonio Isabel del Santísimo Sacramento del Altar se alejó de la estación, un muchacho apacible, con nada de particular aparte de su hambre, lo vio desde la ventana del último vagón en el preciso instante en que se acordó de que no comía desde el día anterior. Pensó: ‘Si hay un cura debe haber un hotel’. Y descendió del vagón y atravesó la calle abrasada por el metálico sol de agosto y penetró en la fresca penumbra de una casa situada frente a la estación donde sonaba el disco gastado en el gramófono. (…) Y ahí penetró, sin ver la tablilla: Hotel Macondo; un letrero que él no había de leer en su vida”.

La realidad es que García Márquez incorpora la palabra Macondo por primera vez entre 1948 y 1949, cuando escribe la que habría de ser su primera novela: La hojarasca, publicada en 1955. Y lo hace en la narración introductoria:

“De pronto, como si un remolino hubiera echado raíces en el centro del pueblo, llegó la compañía bananera perseguida por la hojarasca. (…) hasta los desperdicios del amor triste de las ciudades nos llegaron en la hojarasca. (…) Después de la guerra, cuando vinimos a Macondo y apreciamos la calidad de su suelo, sabíamos que la hojarasca había de venir alguna vez. (…) Entonces pitó el tren por primera vez. La hojarasca volteó y salió a verlo y con la vuelta perdió el impulso, pero logró unidad y solidez; y sufrió el natural proceso de fermentación y se incorporó a los gérmenes de la tierra”.

Y es una línea más abajo cuando el escritor deja constancia de la fecha más antigua de ese pueblo en la tierra, al fechar ese informe así: “Macondo, 1909”.

Ficciones que hunden sus raíces en la realidad. En este desandar la estación inaugural está a comienzos de los años 50 cuando acompaña a su madre, Luisa Santiaga Márquez, a vender la casa de los abuelos maternos, con los que él vivió sus primeros años, en Aracataca. En ese viaje de reencuentro el mundo que quería contar empieza a tomar cuerpo. García Márquez arranca sus memorias Vivir para contarla, de 2002, evocando aquel viaje. Los dos se alejan del mar de Barranquilla para tomar una lancha motor que los lleve al otro lado de la ciénaga, tierra adentro, allí toman el tren que los cruzará por platanales, pueblos refundidos en la memoria. Llegan a la hora de la siesta. Madre e hijo caminan bajo un sol inclemente por las calles polvorientas rumbo a la Casa. Fue. Fue. Fue. Eso es Aracataca mientras avanzan. La madre se encuentra con su comadre, se abrazan, lloran, a su lado el joven periodista con sueños de escritor mira, y, poco a poco, tras un largo viaje por calles pavimentadas, ciénagas, un tren que se adentró en el calor y los pasos en un pueblo sonámbulo, ve cómo las ideas literarias que le revoloteaban empiezan a armar el rompecabezas:

“Cuando el tren arrancó, con una pitada instantánea y desgarradora, mi madre y yo nos quedamos desamparados bajo el sol infernal y toda la pesadumbre del pueblo se nos vino encima. (…) Todo era idéntico a los recuerdos, pero más reducido y pobre, y arrasado por un ventarrón de fatalidad”.

En realidad, el Nobel colombiano ya había plasmado este episodio en un cuento en 1962. Fue en La siesta del martes, pero mezclado con un acontecimiento que de niño le impactó: la muerte de un ladrón a manos de la dueña de la casa y la visita que hicieron la madre del difunto y su hermana pequeña para llevarle flores a la tumba, tras un largo viaje en tren en medio de platanales y pueblos sin nombre hasta apearse y caminar silenciosas a la hora de la siesta:

“El pueblo flotaba en el calor. La mujer y la niña descendieron del tren, atravesaron la estación abandonada cuyas baldosas empezaban a cuartearse por la presión de la hierba, y cruzaron la calle hasta la acera de sombra”.

Y la verdad se remonta a aquellos años infantiles cuando él ve que una finca junto a la vía del tren se llama Macondo. En Vivir para contarla escribe:

“Esta palabra me había llamado la atención desde los primeros viajes con mi abuelo, pero sólo de adulto descubrí que me gustaba su resonancia poética. Nunca se lo escuché a nadie ni pregunté siquiera qué significaba. La había usado ya en tres libros míos como nombre de un pueblo imaginario, cuando me enteré en una enciclopedia casual que es un árbol del trópico parecido a la ceiba, que no produce flores ni frutos, y cuya madera esponjosa sirve para hacer canoas y esculpir trastos de cocina. Más tarde descubrí en la Enciclopedia Británica que en Tanganyka existe la etnia errante de los makondos y pensé que aquel podría ser el origen de la palabra”.

Lo cierto es que vendieron esa casa donde nace el verdadero Macondo. Los años que vivió con su abuela Tranquilina Iguarán Cotés y su abuelo el coronel Nicolás Ricardo Márquez Mejía. Lo cierto es, también, que Macondo tiene una vida circular porque es hasta Cien años de soledad, en 1967, donde se cuenta su origen. Y ahí se juntan la realidad geográfica e histórica de Aracataca y de su lugar mítico. La única vía de llegar a Aracataca desde Barranquilla coincide con el viaje que hizo con su madre en los 50:

“En su juventud él (José Arcadio Buendía) y sus hombres, con mujeres y niños y animales y toda clase de enseres domésticos, atravesaron la sierra buscando una salida al mar, y al cabo de veintiséis meses desistieron de la empresa y fundaron a Macondo para no tener que emprender el viaje de regreso. Era, pues, una ruta que no le interesaba, porque solo podía conducir al pasado”.

Así, Macondo quedó lindando al oriente con una sierra impenetrable, al sur por los pantanos y una ciénaga sin límites, al occidente con una “extensión acuática sin horizontes, donde había cetáceos de piel delicada con cabeza y torso de mujer, que perdían a los navegantes con el hechizo de sus tetas descomunales, y al norte la salida inencontrada al mar”. Se quedaron allí porque a medida que avanzaban la naturaleza se cerraba detrás de ellos. “Un espacio de soledad y olvido, vedado a los vicios del tiempo”.

Las raíces reales y literarias de Macondo. Texto: WINSTON MANRIQUE SABOGAL. El Pais.com. 23.04.2015.

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La Noche en Blanco Málaga 2015.

Mañana sábado 16 de mayo se celebrará en Málaga la octava edición de la Noche en Blanco 2015. Durante esta noche los museos estarán abiertos y se programarán visitas guiadas a las que se podrá asistir de forma gratuita. Un gran evento cultural que aglutina más de 183 actividades (que incluyen proyecciones de películas, representaciones teatrales, conciertos, etc) en 143 espacios de la ciudad y en la que participarán por primera vez el Centre Pompidou Málaga, el Museo Ruso de San Petersburgo y la Casa de Gerald Brenan, todo de forma gratuita. Una velada, que comenzará a las 20.00 horas y se alargará hasta las 2 de la madrugada, en la que el hilo conductor será el mar, de tal manera que su iconografía, su lema – “Mirando al mar” – y su inspiración estarán presentes por toda la ciudad.

El programa de actividades de la Noche en Blanco 2015 se divide en seis categorías, “Arte. Museos y exposiciones” con 48 iniciativas, “Intervenciones artísticas. Acciones urbanas” con 27, “Artes visuales” con 15, “Artes escénicas y literarias” con 25, “Música” con 37, y “Visitas extraordinarias” con 29.

DESCARGARPrograma de actividades La Noche en Blanco. Málaga 2015 (PDF)

Sitio Oficial: www.lanocheenblancomalaga.com/

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La Cena.

La Cena. Texto: José Antonio Garriga Vela. Diario Sur – 14.02.2010.

El Beso (1969). Picasso“Era la primera vez que salía a cenar con Laura. Fuimos a un restaurante que habían inaugurado unos días antes. Nada mas sentarnos, le dije que fuera mirando la carta mientras yo iba un instante al baño. Era unos de esos baños con luces que se encienden solas y que como te demores más de la cuenta se piensan que ya te has ido y se apagan. Estuve un rato manoseando el lavabo e intentando dar con el método para conseguir que saliera agua del grifo. Al final descubrí una palanca en el suelo. La pisé y el agua brotó milagrosamente. En ese momento se fue la luz. Me sequé las manos a oscuras y a oscuras encontré el pomo de la puerta. Pero por más que lo intenté, no conseguí abrir. Después de un largo rato de manipular sin éxito el dichoso picaporte, me comencé a impacientar. Laura me estaba esperando y era probable que, en ese instante, se preguntase qué estaba haciendo aquel pobre infeliz al que conocía de manera superficial desde hacía tiempo y que la había invitado a cenar el día de los enamorados.

Me imagino que ella pensaba en silencio en sus cosas mientras yo golpeaba la puerta y gritaba sin demasiada convicción. Nunca me han gustado los gritos. Al cabo de un rato, intenté relajarme. Pensé que algún cliente acudiría de un momento a otro al baño y entonces acabaría la pesadilla. Todo habría sido distinto si me hubiese llevado el móvil en vez de dejarlo en el bolsillo de la chaqueta que había entregado en el guardarropa. No quería que nadie interrumpiera aquél deseado encuentro. El caso es que habían transcurrido más de diez minutos y nadie venía a socorrerme. No acababa de entender la enorme paciencia de Laura. ¿Cómo podía ser que no sospechara de mi demora? Tal vez había llegado a la conclusión de que yo estaba con el estómago revuelto y no se atrevía a interrumpirme. En cualquier caso, ella no podía tardar mucho en acercarse a la puerta del baño de caballeros y llamarme.

No lo hizo. Pasaron otros diez o quince minutos y Laura no daba señales de vida. Yo tampoco, pensaría ella. Durante ese tiempo nadie intentó entrar en el baño. Entonces recordé que, cuando llegamos, no había ningún cliente en el restaurante. Quizás Laura seguía sola delante de una mesa vacía y esperando a un hombre al que apenas conocía. Un hombre que podía tener la costumbre de pasar media hora en el baño antes de cenar. Después de varios intentos frustrados de abrir la puerta, me senté en la tapa del váter y me puse a esperar a que alguien me echara de menos, aunque no fuera Laura. Pero fue ella. Oí su voz: «¿Estás ahí?». Nada más responder, me abrió sin problemas. Luego cenamos sin problemas. Nos despedimos sin problemas. Cuando estaba en la cama pensé en lo que estaría pensando ella, y supe que nunca más volveríamos a vernos”.

En Algún Día│ José Antonio Garriga Vela.

Orson Welles cumple 100 años.

Orson Welles nació el 6 de mayo de 1915, hace hoy cien años. Hijo de un inventor de mediana fortuna y una concertista de piano, huérfano desde niño,  joven prodigio, volcó su pasión en el teatro. Debutó a los tres años como figurante en “Sansón y Dalila“, en la Opera de Chicago, y sus juegos fueron siempre la pintura, la linterna mágica y las marionetas. A los 16 años se hizo pasar por una estrella de Broadway para conseguir trabajo en Dublín. A los 22 ya era el actor teatral mejor pagado.

Adaptó Los miserables (1937), de Victor Hugo y a los 23 realizó la famosa trasmisión radiofónica de “La guerra de los Mundos” (1938) de H.G. Wells, por la cadena CBS, haciendo creer a demasiada gente que los marcianos realmente estaban invadiendo el planeta. Provocó con ello pánico y algún ataque de nervios. La brillante travesura le abrió las puertas de Hollywood de par en par, y los estudios RKO le firmaron su primer contrato, con total libertad creativa, para realizar a los 25 años un proyecto titulado “Ciudadano Kane” (1941). Inspirada en el magnate de la prensa William Randolph Hearst, la película fue un alegato sobre el poder y la soledad que, a la vez que hondura y valentía, aportó innovaciones técnicas y fue considerada “la cumbre del Séptimo Arte”.

La ópera prima del cineasta tuvo muy baja taquilla, pero fue candidata a 9 premios Oscar, ganando el de mejor guión. Durante los años siguientes Orson Welles trabajó como actor y director de varios proyectos, teniendo unos cuantos problemas financieros y laborales.

El cuarto mandamiento” (The Magnificent Ambersons, 1942) fue masacrada en el cuarto de montaje, “La dama de Shanghaicontó con la labor de Rita Hayworth (quien fuera su esposa), y luego el cineasta redondearía una sobresaliente “Sed de mal” (1958), “Mr. Arkadin” (1955), y estupendas adaptaciones de Kafka (“El proceso”, 1962) y Shakespeare (“Macbeth” (1948), “Otelo” (1952), “Campanadas a medianoche”, 1965). En 1973 estrenó “Fraude“, un experimento presentado como un falso documental y, a partir de entonces, sólo grabó narraciones con su personalísima voz para producciones ajenas.

Para financiar esos proyectos personales trabajó en infinidad de roles secundarios, algunos de ellos notables (“El tercer hombre”, “Impulso criminal”, 1959), pero se debió enfrentar a la mediocridad de los productores y al feroz conservadurismo de Hollywood.

Filmó lo que pudo y otro tanto quedó inconcluso. Dejó por el camino sendas adaptaciones de “Don Quijote“, “Moby Dick”,  “El mercader de Venecia” y “Rey Lear. También dejó sin terminar una película filmada en Brasil, “Todo es verdad”, The Other Side of the Wind y el thriller psicológico “The Deep”.

Apadrinó al joven director Peter Bogdanovich, que a lo largo de varios años lo entrevistó y escribió el libro This is Orson Welles, un imperdible para fanáticos del director y del cine.

España aparece una y otra vez en la vida de Welles. De hecho, su hija Beatriz respetó la petición escrita en su testamento y en 1987 viajó a España para esparcir sus cenizas en un pozo en la finca “El Recreo de San Cayetano”, propiedad del torero y gran amigo Antonio Ordóñez, a apenas seis kilómetros de la localidad malagueña de Ronda.

Falleció el 11 de octubre de 1985, (se cumplirán 30 años de su muerte el próximo 10 de octubre) a los 70 años de edad. Cien años después de su nacimiento, a pesar de los desbordes, las victorias y todas las derrotas, el legado de Welles está intacto. Basta mirarlo para que regrese la emoción.

In Memoriam: 

La guerra de los mundos. Emisión radiofónica original (1938). Descargar

La guerra de los mundos de Orson Welles (Adaptación 70º aniversario. RNE – 30 octubre 2008). Descargar

Orson Welles, el prodigio de un mito – El País.
Todo en él era grande – El País.
Orson Welles en 25 citas – El Mundo.
Orson Welles, el mejor contrapicado de la historia – ABC.
Tres libros para el centenario de Orson Welles – ABC.
Orson Welles en 10 claves – EFE
14 cosas que debes saber sobre Orson Welles – La Vanguarddia
Podcast – Orson Welles, un genio de 100 años (Tres en la carretera)

Especial Orson Welles en El Cultural.
El maverick impredecible.
Decálogo de un genio.
Historia de una obsesión.
Tras la pista de un innovador.
El mago.

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Feria del Libro de Málaga 2015.

La 45 edición de la Feria del Libro de Málaga 2015, que se desarrollará del 30 de abril al 10 de mayo en “El Palmeral de las Sorpresas” (Muelle 2-Puerto de Málaga), estará dedicada al escritor, poeta y periodista Manuel Alcántara, hombre de letras que lleva toda una vida dedicada a la cultura y el periodismo.

Asimismo, consolidando lo que ya venía siendo habitual, la Feria dará especial importancia al encuentro de los lectores con sus autores favoritos, tanto en presentaciones como en firmas. En este sentido, ya está confirmado que por el recinto de la Feria pasarán autores como Fernando Delgado, Maruja Torres, Chantal Maillard, Luis Eduardo Aute o Manuel Vilas, entre otros muchos.

Además, por primera vez, la Feria del Libro quiere rendir homenaje a personalidades destacadas de las letras malagueñas, a través de los Premios Feria del Libro de Málaga. Así, este año recaerán en el homenajeado Manuel Alcántara, por su dilatada trayectoria como escritor y periodista; a Pepe Guerrero, librero vocacional que ha estado casi medio siglo trabajando en la Librería Prometeo y a la Asociación Cientacuentos Cuentapiés, fundada por Alicia Acosta en 1996, dedicada al mundo del libro y al fomento de la lectura entre los más pequeños.

Más información: http://ferialibromalaga.com/ | www.facebook.com/flmalaga

Descarga Programa Feria del Libro Málaga 2015 (PDF) :

Homenaje.
Programa de actividades literarias.
Programa de actividades infantiles.
Programa de firmas.

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Discurso íntegro de Juan Goytisolo en la ceremonia de entrega del Premio Cervantes 2014.

A la llana y sin rodeos

«En términos generales, los escritores se dividen en dos esferas o clases: la de quienes conciben su tarea como una carrera y la de quienes la viven como una adicción. El encasillado en las primeras cuida de su promoción y visibilidad mediática, aspira a triunfar. El de las segundas, no. El cumplir consigo mismo le basta y si, como sucede a veces, la adicción le procura beneficios materiales, pasa de la categoría de adicto a la de camello o revendedor. Llamaré a los del primer apartado, literatos y a los del segundo, escritores a secas o más modestamente incurables aprendices de escribidor.

A comienzos de mi larga trayectoria, primero de literato, luego de aprendiz de escribidor, incurrí en la vanagloria de la búsqueda del éxito -atraer la luz de los focos, “ser noticia”, como dicen obscenamente los parásitos de la literatura- sin parar mientes en que, como vio muy bien Manuel Azaña, una cosa es la actualidad efímera y otra muy distinta la modernidad atemporal de las obras destinadas a perdurar pese al ostracismo que a menudo sufrieron cuando fueron escritas. La vejez de lo nuevo se reitera a lo largo del tiempo con su ilusión de frescura marchita. El dulce señuelo de la fama sería patético si no fuera simplemente absurdo. Ajena a toda manipulación y teatro de títeres, la verdadera obra de arte no tiene prisas: puede dormir durante décadas como La regenta o durante siglos como La lozana andaluza. Quienes adensaron el silencio en torno a nuestro primer escritor y lo condenaron al anonimato en el que vivía hasta la publicación del Quijote no podían imaginar siquiera que la fuerza genésica de su novela les sobreviviría y alcanzaría una dimensión sin fronteras ni épocas.

“Llevo en mí la conciencia de la derrota como un pendón de victoria”, escribe Fernando Pessoa, y coincido enteramente con él. Ser objeto de halagos por la institución literaria me lleva a dudar de mí mismo, ser persona non grata a ojos de ella me reconforta en mi conducta y labor. Desde la altura de la edad, siento la aceptación del reconocimiento como un golpe de espada en el agua, como una inútil celebración.

Mi condición de hombre libre conquistada a duras penas invita a la modestia. La mirada desde la periferia al centro es más lúcida que a la inversa y al evocar la lista de mis maestros condenados al exilio y silencio por los centinelas del canon nacionalcatólico no puedo menos que rememorar con melancolía la verdad de sus críticas y ejemplar honradez. La luz brota del subsuelo cuando menos se la espera. Como dijo con ironía Dámaso Alonso tras el logro de su laborioso rescate del hasta entonces ninguneado Góngora, ¡quién pudiera estar aún en la oposición!

Mi instintiva reserva a los nacionalismos de toda índole y sus identidades totémicas, incapaces de abarcar la riqueza y diversidad de su propio contenido, me ha llevado a abrazar como un salvavidas la reivindicada por Carlos Fuentes nacionalidad cervantina. Me reconozco plenamente en ella. Cervantear es aventurarse en el territorio incierto de lo desconocido con la cabeza cubierta con un frágil yelmo bacía. Dudar de los dogmas y supuestas verdades como puños nos ayuda a eludir el dilema que nos acecha entre la uniformidad impuesta por el fundamentalismo de la tecnociencia en el mundo globalizado de hoy y la previsible reacción violenta de las identidades religiosas o ideológicas que sienten amenazados sus credos y esencias.

En vez de empecinarse en desenterrar los pobres huesos de Cervantes y comercializarlos tal vez de cara al turismo como santas reliquias fabricadas probablemente en China, ¿no sería mejor sacar a la luz los episodios oscuros de su vida tras su rescate laborioso de Argel? ¿Cuántos lectores del Quijote conocen las estrecheces y miseria que padeció, su denegada solicitud de emigrar a América, sus negocios fracasados, estancia en la cárcel sevillana por deudas, difícil acomodo en el barrio malfamado del Rastro de Valladolid con su esposa, hija, hermana y sobrina en 1605, año de la Primera Parte de su novela, en los márgenes más promiscuos y bajos de la sociedad?

Hace ya algún tiempo, dedique unas páginas a los titulados Documentos cervantinos hasta ahora inéditos del presbítero Cristóbal Pérez Pastor, impresos en 1902 con el propósito, dice, de que “reine la verdad y desaparezcan las sombras”, obra cuya lectura me impresionó en la medida en que, pese a sus pruebas fehacientes y a otras indagaciones posteriores, la verdad no se ha impuesto fuera de un puñado de eruditos, y más de un siglo después las sombras permanecen. Sí, mientras se suceden las conferencias, homenajes, celebraciones y otros actos oficiales que engordan a la burocracia oficial y sus vientres sentados, (la expresión es de Luis Cernuda) pocos, muy pocos se esfuerzan en evocar sin anteojeras su carrera teatral frustrada, los tantos años en los que, dice en el prólogo del Quijote, “duermo en el silencio del olvido”: ese “poetón ya viejo” (más versado en desdichas que en versos) que aguarda en silencio el referendo del falible legislador que es el vulgo.

Alcanzar la vejez es comprobar la vacuidad y lo ilusorio de nuestras vidas, esa “exquisita mierda de la gloria” de la que habla Gabriel García Márquez al referirse a las hazañas inútiles del coronel Aureliano Buendía y de los sufridos luchadores de Macondo. El ameno jardín en el que transcurre la existencia de los menos, no debe distraernos de la suerte de los más en un mundo en el que el portentoso progreso de las nuevas tecnologías corre parejo a la proliferación de las guerras y luchas mortíferas, el radio infinito de la injusticia, la pobreza y el hambre.

Es empresa de los caballeros andantes, decía don Quijote, “deshacer tuertos y socorrer y acudir a los miserables” e imagino al hidalgo manchego montado a lomos de Rocinante acometiendo lanza en ristre contra los esbirros de la Santa Hermandad que proceden al desalojo de los desahuciados, contra los corruptos de la ingeniería financiera o, a Estrecho traviesa, al pie de las verjas de Ceuta y Melilla que él toma por encantados castillos con puentes levadizos y torres almenadas socorriendo a unos inmigrantes cuyo único crimen es su instinto de vida y el ansia de libertad.

Sí, al héroe de Cervantes y a los lectores tocados por la gracia de su novela nos resulta difícil resignarnos a la existencia de un mundo aquejado de paro, corrupción, precariedad, crecientes desigualdades sociales y exilio profesional de los jóvenes como en el que actualmente vivimos. Si ello es locura, aceptémosla. El buen Sancho encontrará siempre un refrán para defenderla.

El panorama a nuestro alcance es sombrío: crisis económica, crisis política, crisis social. Según las estadísticas que tengo a mano, más del 20% de los niños de nuestra Marca España vive hoy bajo el umbral de la pobreza, una cifra con todo inferior a la del nivel del paro. Las razones para indignarse son múltiples y el escritor no puede ignorarlas sin traicionarse a sí mismo. No se trata de poner la pluma al servicio de una causa, por justa que sea, sino de introducir el fermento contestatario de esta en el ámbito de la escritura. Encajar la trama novelesca en el molde de unas formas reiteradas hasta la saciedad condena la obra a la irrelevancia y una vez más, en la encrucijada, Cervantes nos muestra el camino. Su conciencia del tiempo “devorador y consumidor de las cosas” del que habla en el magistral capítulo IX de la Primera Parte del libro le indujo a adelantarse a él y a servirse de los géneros literarios en boga como material de derribo para construir un portentoso relato de relatos que se despliega hasta el infinito. Como dije hace ya bastantes años, la locura de Alonso Quijano trastornado por sus lecturas se contagia a su creador enloquecido por los poderes de la literatura. Volver a Cervantes y asumir la locura de su personaje como una forma superior de cordura, tal es la lección del Quijote. Al hacerlo no nos evadimos de la realidad inicua que nos rodea. Asentamos al revés los pies en ella. Digamos bien alto que podemos. Los contaminados por nuestro primer escritor no nos resignamos a la injusticia».

Descargar: Discurso íntegro de Juan Goytisolo  

Vídeo YouTube: Discurso íntegro de Juan Goytisolo. Premio Cervantes 2014

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En Algún Día: Juan Goytisolo.

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