El monte de las ánimas.

Sí, lo tradicional en Halloween es disfrazarse y salir de puerta en puerta para pedir caramelos al estilo americano. Si preferimos el estilo europeo habrá que hacer una fiesta más introspectiva de conexión con nuestros seres queridos desaparecidos y pasar el día con la familia. Pero  aquí, en Algún día en alguna parte vamos a celebrar la noche de Halloween dejándonos seducir por la lectura de “El monte de las ánimas” de Gustavo Adolfo Bécqueruna leyenda que transcurre precisamente una noche de difuntos. Que ustedes la disfruten.

 

Las Ánimas Benditas

 

El monte de las ánimas.

La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria.

Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el rato me decidí a escribirla, como en efecto lo hice.

     Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche.

     Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas.

I

     -Atad los perros; haced la señal con las trompas para que se reúnan los cazadores, y demos la vuelta a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos los Santos y estamos en el Monte de las Ánimas.

     -¡Tan pronto!

     -A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras; pero hoy es imposible. Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, y las ánimas de los difuntos comenzarán a tañer su campana en la capilla del monte.

     -¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?

     -No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún no hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo también pondré la mía al paso, y mientras dure el camino te contaré esa historia. (más…)

100 años del nacimiento de Dylan Thomas.

Hace cien años nació Dylan Thomas (1914-1953), uno de los poetas más emblemáticos del siglo XX, famoso tanto por sus borracheras como por sus versos.

Dylan Thomas (1914-1953) murió en Nueva York con tan solo 39 años por las complicaciones de una neumonía, congregando ante sí lo popular y lo elitista  y dejando tras de sí una obra, una fama y una biografía más propia de estrellas de la música. Con motivo del centenario de su nacimiento el gobierno galés ha organizado este año diversas conmemoraciones.

Un escritor de poemas y cuentos. Un escritor de cuentos y poemas, Dylan Thomas llenaba en Nueva York auditorios de centenares de personas con el peculiar estilo teatral con el que declamaba sus versos y aprovechaba el viaje para sumarse a licenciosas veladas con intelectuales y artistas del momento. Además de poesía,  Dylan escribió una veintena de cuentos, obras teatrales, artículos periodísticos, guiones de radio y televisión. Trabajó en revistas como The Criterion (que tenía a T.S. Eliot como director) o el New English Weekly, que en 1933 publicó algunos de sus poemas más reconocidos: And death shall have no dominion (Y la muerte no tendrá dominio), Before I Knocked y The Force That Through the Green Fuse Drives the Flower. Un año después llegó a las librerías su primer libro: Eighteen Poems (1934), por el que ganó el concurso organizado por The Sunday Referee.

En 1946 aparece Deaths and Entrances (Muertes y entradas), considerada por muchos su obra cumbre, cuya primera traducción, en 1955, dejó la estela de la influencia en poetas españoles como José Ángel Valente, Claudio Rodríguez o Vicente Aleixandre.

A cada paso caos, bohemia, borracheras, disgustos, apuros, amores, alucinaciones, lecturas, escándalos. Eso y más rodearon la vida de Dylan Thomas que ha inspirado a creadores de todas las artes, entre otros a John Lennon, a Robert Zimmerman – que adoptó el nombre artístico de Bob Dylan – y Mick Jagger, que posee parte de los derechos literarios del galés.

Verdad o mentira, todo es leyenda, y en su estela una de sus tantas frases, esta vez de un cuento, en la que está él y todos: “El hombre se enamoró del milagro, pero no pudo retenerlo a su lado y el milagro se fue de él“.

In Memoriam:

 

NO ENTRES DÓCIL EN ESA BUENA NOCHE

No entres dócil en esa buena noche,
la vejez debería arder y enfurecerse al concluir el día;
enfurecerse, enfurecerse contra la muerte de la luz.

Aunque al llegar su fin los sabios sepan que la oscuridad es justa,
ya que sus palabras no desviaron el relámpago
no entran dóciles en esa buena noche.

Los hombres buenos, por ser los últimos, al lamentar lo mucho
que podrían haber brillado sus obras frágiles
se enfurecen, se enfurecen contra la muerte de la luz.

Los hombres salvajes, que capturaron al sol al vuelo y lo cantaron
y que aprenden, tarde, que entristecieron su camino
no entran dóciles en esa buena noche.

Los hombres graves, moribundos, que ven con ojos cegados
que los ojos ciegos podrían arder como meteoros y ser dichosos,
se enfurecen, se enfurecen contra la muerte de la luz.

Y tú, padre mío, desde tu altura triste,
maldice, bendíceme ahora con tus lágrimas feroces, te lo pido.
No entres dócil en esa buena noche.
Enfurécete, enfurécete contra la muerte de la luz.


DO NOT GO GENTLE INTO THAT GOOD NIGHT

Do not go gentle into that good night,
Old age should burn and rage at close of day;
Rage, rage against the dying of the light.

Though wise men at their end know dark is right,
Because their words had forked no lightning they
Do not go gentle into that good night.

Good men, the last wave by, crying how bright
Their frail deeds might have danced in a green bay,
Rage, rage against the dying of the light.

Wild men who caught and sang the sun in flight,
And learn, too late, they grieved it on its way,
Do not go gentle into that good night.

Grave men, near death, who see with blinding sight
Blind eyes could blaze like meteors and be gay,
Rage, rage against the dying of the light.

And you, my father, there on the sad height,
Curse, bless me now with your fierce tears, I pray.
Do not go gentle into that good night.
Rage, rage against the dying of the light.

Dylan Thomas
Traducción de Ben Clark

 

A reading of “Do Not Go Gentle Into That Good Night” by Dylan Thomas

El Dios de Juan Ramón Jiménez.

Vida. Volumen 1. Días de mi vida

Me gustaría comenzar esta exploración de un posible nuevo canon entrando directamente en un libro de Juan Ramón Jiménez recién publicado. Se trata de un extraordinario volumen publicado por Pre-Textos y titulado Vida. Volumen 1. Días de mi vida, que reúne (¡es el volumen primero!) cientos y cientos de páginas autobiográficas que Juan Ramón fue reuniendo a lo largo de su vida con destino a la creación de esos libros futuros que sólo existían en la nebulosa infinita de su imaginación y que nunca llegaban a concretarse. Hace unos años, Gredos publicó otro volumen no menos extravagante titulado Prosa, de más de dos mil setecientas páginas, que reúne, en increíbles ediciones críticas maravillosamente anotadas, otra montaña de proyectos de libros de los cuales sólo unos pocos – como Platero y yo, por ejemplo– resultarían publicados. El hecho es que la inmensa obra poética publicada de Juan Ramón no es más que la punta de un enorme iceberg de textos en constante revisión. Libros extraños y obsesivos llenos de subsecciones internas que los subdividen ad infinitum, que se entrecruzan entre sí, que se antologizan mutuamente. Escribir siempre ha sido cosa de locos. Pocos locos ha habido en la literatura tan locos (literariamente locos, quiero decir) como Juan Ramón Jiménez.

Quisiera citar un texto de Vida que me parece que reviste una enorme importancia para conocer el pensamiento del Juan Ramón último, el que estaba escribiendo los deslumbrantes poemas de Dios deseado y deseante y el resto de los últimos libros, cimas de la poesía de todos los tiempos. Pertenece al libro Sazón y fue escrito en 1949. Se titula «Las dos eternidades de cada hombre».

“Nuestro dios, esto es, el dios mío de hombre, hombre en este planeta tierra con esta atmósfera de aire, quiere decir, me parece a mí, la conciencia superior que un hombre igual o parecido a mí crea con su sensibilidad y su intelijencia más o menos claripensante, clarisintiente. Dios, para mí, quiere decir conciencia universal presente e íntima; como un gran diamante de innumerables facetas en las que todos podemos espejarnos lo nuestro diferente o igual, con semejante luz; entendemos por encima de todo lo demás; digo por encima, porque todo lo demás no puede ser sino el fundamento de este Dios”.

“Si el fin del hombre no es crear una conciencia única superior, el dios de cada hombre, un dios de cada hombre con el nombre supuesto de dios, yo no sé lo que es”.

“Pero sí, yo sé lo que es. Que nuestro dios no es sino nuestra conciencia. Por ella, por él, podemos ser desgraciados o felices en nuestra vida; tener dios o no tenerlo; tenerlo de modo más o menos consciente; junto o separado, sólo o dividido”.

“Y esta conciencia nuestra puede darnos la eternidad figurada primero; luego la real, con nuestra alegría de permanecer, por dios, en nuestra acción y nuestra obra a través de lo posible venidero”.

Añadamos dos citas más, tomadas del mismo libro: «Mi solución: una religión de la conciencia». Y un poco más abajo: «Esta es mi religión: la religión de la conciencia humana superior».

Nuestro dios, dice Juan Ramón, no es sino nuestra conciencia. En las notas del volumen, debidas a la inteligente y erudita pluma de las editoras, Mercedes Juliá de Agar y María Ángeles Sanz Manzano, se insiste que esta visión que Juan Ramón tiene de Dios es deudora de la de Spinoza.

Sin embargo, afirmar que Dios es nuestra conciencia es exactamente lo mismo que sostiene el hinduismo, la filosofía vedanta y el yoga. Es inútil buscar a Dios, nos dicen una y otra vez los autores antiguos y modernos, ya que Dios eres tú mismo. Nuestra conciencia es, precisamente, Shiva. En la tradición de Siddha Yoga, la afirmación principal es «Dios existe en ti bajo la forma de tu yo». En el vedanta no dualista de Shankaracharya, el yo verdadero no es otro que el Testigo eterno y universal, es decir, el Atman, que no es otra cosa, en realidad, que brahman, el Absoluto.

Hace unos cuantos posts recordábamos aquel pasaje asombroso, incomparable, del fin de la Divina Comedia, cuando Dante, traspasados todos los cielos, se enfrenta directamente al origen de la luz, a la divinidad. Y lo que ve es una esfera en cuyo interior encuentra una efigie –explica el poeta– que nos representa a nosotros. ¿A nosotros, al ser humano, o a él mismo, al ser humano Dante Alighieri?

Dante descubre al final de su inmenso viaje que Dios no tiene otro rostro que su propio rostro, del mismo modo que, setecientos años más tarde, Juan Ramón descubriría que Dios no es otra cosa que la propia conciencia. Dios existe en ti mismo bajo la forma de tu yo.

Esto no quiere decir que Dios sea una mera idea, una ilusión o una «creación» de nuestro deseo o nuestro miedo. Ya imaginamos que nuestro posible lector comprenderá que no es en ese nivel pedestre en el que estamos hablando y que, desde luego, no es en ese nivel en el que habla Juan Ramón.

Llamamos «Dios» a la totalidad de la conciencia humana, a todo aquello a que la conciencia puede aspirar. Llamamos Dios a una posibilidad de conocimiento que excede los límites de nuestro intelecto y de nuestro yo psicológico y al que sólo podemos acceder mediante el lenguaje de la imaginación, el arte y los sueños.

«Una religión de la conciencia», escribe Juan Ramón. Quitemos, quizá, la dolorosa y problemática palabra «religión». Un estudio de la conciencia. Una exploración de la conciencia. Una geografía de la conciencia, quizá.

El Dios de Juan Ramón Jiménez. Texto: Andrés Ibáñez. Publicado en Revista de Libros. Blog Del mundo flotante. 23.10.2014.

En Algún Día: Juan Ramón Jiménez.

In Memoriam: Ramiro Pinilla.

Ramiro Pinilla (1923-2014)

 

El escritor vizcaíno Ramiro Pinilla, decano de los novelistas españoles, ha fallecido este jueves 23 de octubre de 2014 a los 91 años de edad. Ramiro Pinilla ha destacado en su obra literaria por la fuerte conciencia social que impregnaban sus trabajos y por reflexionar en ellos sobre la condición del ser humano. El escritor forjó una saga de más de 50 personajes que pueblan una historia del País Vasco que se inicia a finales del XIX y que termina en los años ochenta, y donde Ramiro Pinilla habla minuciosamente de la amenaza de la industrialización para la vida tradicional, y de un mundo en descomposición que va transformándose poco a poco.

El autor de éxitos como “Las ciegas hormigas” (1960), “Seno” (1970) y la trilogía “Verdes valles, colinas rojas” (2004-2005) contaba en su haber con premios de prestigio como el Nadal (1961), el Nacional de la Crítica (1962), el Premio de la Asociación Española de Críticos Literarios (2005), el Euskadi de Novela  y el Nacional de Narrativa (2006).

Pinilla tampoco hizo ascos en su dilatada, aunque intermitente carrera literaria, a otros géneros como el policiaco, con obras en las que el detective Samuel Esparza era el protagonista, o la novela «Aquella edad inolvidable» (2012) ambientada en el mundo del fútbol.

In Memoriam: La última entrevista de Ramiro Pinilla.

In Memoriam: Entrevista en el programa “Para todos la 2″ de TVE. (Canal YouTube Algún día en alguna parte)

In Memoriam: Entrevista a Ramiro Pinilla en el programa “El ojo crítico” y “No es un día cualquiera” de RNE.

Descargar el audio

160 años del nacimiento de Oscar Wilde.

El pasado jueves 16 de octubre se cumplieron 160 años del nacimiento de Oscar Fingal O’Flahertie Wills Wilde (Dublín, 1854-1900), una de las grandes figuras de la literatura inglesa en el periodo victoriano y, sin duda, el más original e ingenioso de sus colegas coetáneos. Un talento para el humor y la sátira que, probablemente, fue su ruina: cuando le procesaron en 1895, muchos vieron la ocasión de vengarse de sus burlas.

Brillante en sus estudios, Wilde consiguió una beca en la Magdalen College de Oxford, donde cosechó éxitos y premios no sólo en sus clases sino por sus escritos. De hecho, ganó el premio Newdigate por su poema «Ravenna» (1878). Tan sólo tres años después, publicaría su primera recopilación de poemas, que supuso el lanzamiento de la carrera de Wilde, llevándole a dar conferencias a lo largo y ancho de Estados Unidos durante un año.

En 1884, después de su periplo por Norteamérica y París, Wilde contrajo matrimonio con Constance Lloyd, con la que tuvo dos hijos, Cyril y Vyvyan. A partir de ahí comienza el periodo más fructífero y creativo de su carrera, publicando numerosas obras dentro del género de los cuentos como las compilaciones «El príncipe feliz y otros cuentos» (1888) y «Una casa de granadas» (1892).

Pero la obra sin duda más recordada de Wilde sería «El retrato de Dorian Gray», la única novela que publicó el autor y que sería objeto de críticas voraces por el implícito erotismo entre hombres, que no sentó nada bien a la sociedad de la época. No obstante, este libro ha llegado con buena salud a nuestros días y ha sido objeto de múltiples adaptaciones cinematográficas, que han querido explorar el mito de la juventud eterna.

Tras el éxito cosechado en el género de los cuentos y de la novela, Wilde exploró el campo del teatro con «El abanico de Lady Windermere». Tan bueno fue el recibimiento de ésta que siguió escribiendo obras tan reseñables en su carrera como «Una mujer sin importancia», «Un marido ideal» o «La importancia de llamarse Ernesto», que le establecieron como un digno autor de teatro.

En 1891, Wilde conoce a Lord Alfred «Bosie» Douglas, el tercer hijo del Marqués de Queensberry, y pronto inician un romance que les convierte en inseparables. Cuatro años después, el escritor demandó al padre de «Bosie» por difamación ya que le había acusado de homosexualidad. Wilde retiró el caso, pero fue arrestado y declarado culpable de indecencia grave y condenado a prisión.

Alejado de su familia, pues Constanza huyó a Suiza con su hijos tras el escándalo, Wilde sigue escribiendo durante su encierro. De esta época surge «De Profundis», una larga carta dirigida a su amante en la que rememora su relación y se reafirma en sus actos. Tras su liberación escribe «Balada de la cárcel de Reading», poema sobre la relación entre el amor y las convenciones sociales, entre la vida y la muerte, todo bajo la agonía de su encierro.

A partir de ahí, Wilde se dedica a vagar por Europa sin poder recuperar la creatividad que le había encumbrado pocos años antes. Solo y enfermo de meningitis, Oscar Wilde fallece el 30 de noviembre de 1900 en París, donde descansan sus restos en una tumba que se ha convertido en lugar de peregrinación mundial.

En Algún Día │Oscar Wilde.

José Luis Sampedro. Provocando con Sampedro.

Ver el documental “Provocando con Sampedro” en el Canal YouTube de Algún día en alguna parte.

El espacio Imprescindibles de RTVE se acerca a la figura del economista, académico y escritor José Luis Sampedro, un año y medio después de su fallecimiento. Provocando con Sampedro traza su arrolladora personalidad por medio de las intervenciones de personas allegadas y, en especial, por las palabras del propio Sampedro, autor de obras tan recordadas como “La vieja sirena“, a quien muchos jóvenes tomaron como referente moral en los últimos años de su trayectoria en una sociedad en decadencia a la que él no dejó de “amar y provocar”

Provocando con Sampedro (Imprescindibles. RTVE) – 17 octubre 2014.

También podéis escuchar o descargar el audio (mp3) del documental aquí.

En Algún Día │José Luis Sampedro.

En You Tube │Canal Algún día en alguna parte.

Mujeres malditas. Silvia Plath: el arte de morir.

Nacida en Boston en 1932, Silvia Plath es una de las principales exponentes de la poesía confesional. Fue una escritora excepcional, y aunque durante mucho tiempo se consideró que sus repetidas depresiones e intentos de suicidio se debieron a la muerte de su padre cuando tenía nueve años, hoy sabemos que padecía un transtorno bipolar. A los 30 años puso fin a su vida inhalando gas doméstico. En 1982 obtuvo el premio Pullitzer de poesía, a título póstumo.

Descargar el audio en el canal iVoox de Algún día en alguna parte.

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