La verdadera historia del Hombre Elefante.

La Verdadera historia del hombre elefanteTítulo: La verdadera historia del hombre elefante | Autor: Michael Howell y Peter Ford. | Traductora: Eugenia Vázquez Nacarino │Editorial: Turner Publicaciones.│Fecha de Publicación: Madrid 2008 │Género: Ensayo │Páginas: 328 │ISBN: 978-84-7506-853-4.

Sinopsis: Había una vez un Hombre Elefante… Podría comenzar así. Como un cuento. Pero el Hombre Elefante existió de verdad. Su nombre es Joseph Carey Merrick y nació en Leicester en 1862. No tenía trompa ni largas orejas, lo que sufría era, según han concluido los expertos decenios después de su muerte, una extraña enfermedad conocida como síndrome de Proteus. El resultado, un crecimiento desmesurado de la piel, malformaciones en el esqueleto y tumores por todo el cuerpo que lo convirtieron en un auténtico monstruo para su época.

Turner publica en español La verdadera historia del Hombre Elefante, escrita por Michael Howell y Peter Ford y en la que reconstruyen la corta biografía de este ser humano, que murió con 27 años desnucado por el peso de su cabeza. A caballo entre el ensayo médico y el retrato costumbrista, consiguen acercar al lector los sentimientos de este histórico personaje y el dickensiano mundo en el que vivía.

Como buen héroe de cuento, la madre de Joseph (amantísima, no podía ser de otra manera) murió cuando él tenía once años y, tras las segundas nupcias de su padre, su madrastra se encargó de amargarle la existencia escatimándole la comida y obligándole a realizar trabajar que sus deformidades le hacían imposible. Después de varios intentos de huida, a los quince años abandonó su hogar y comenzó a buscarse la vida intercalando todos los empleos que pudo.

La Inglaterra de Jack el Destripador -prácticamente contemporáneo del protagonista-, sentía una mezcla de horror y fascinación por los monstruos. Pagaba por verlos y Merrick, después de intentar ganarse la vida inútilmente, se convirtió en lo que se conoce como un monstruo de feria. ¡Pasen y vean al Hombre Elefante!, decía el feriante Tom Norman. Previo pago de dos peniques, los británicos podían asistir libremente el terrible espectáculo de contemplar a este hombre deformado.

“Su única manera de sobrevivir era ésta: mostrarse y mostrar todo lo que tenía que ocultar durante sus paseos cotidianos”, aseguró el periodista y escritor Jordi Costa en la presentación en Madrid de este volumen. “Eso sí, gracias a ello y en contra de algunas versiones que nos han llegado, este trabajo le otorgó una comodidad económica nada desdeñable para su tiempo”. Aunque parezca mentira, ser un monstruo de feria le permitió vivir decentemente un buen número de años.

A lo largo de la historia, este personaje ha seducido a miles de personas. David Bowie le dió vida en el teatro, David Lynch lo llevó al celuloide e incluso en los años 90 surgió el bulo de que Michael Jackson había comprado su esqueleto. Era mentira, pero el cantante hizo un guiño al rumor en el vídeo de Leave me alone, en el que aparecía bailando con los supuestos huesos del Hombre Elefante.

Pero también en su tiempo consiguió la atención de contemporáneos ilustres. El recuerdo de Joseph Carey Merrick ha llegado como el de un hombre sensible, culto y educado, que leía a Jane Austen y recibía a la princesa de Gales o el duque de Cambridge.

Después de su paseo por ferias, el médico Frederik Treves, estudioso de las enfermedades que provocaban deformaciones, consiguió ingresarlo en un hospital y hasta se reunió un bote ciudadano para costearle su estancia en la clínica. Fueron los años más felices de este hombre que creía que sus males se debían al ataque de un elefante que srufrió su madre durante el embarazo.

La verdadera historia del Hombre Elefante se acerca a la vida de Joseph Carey Merrick de una manera humana y médica. Como afirmó el pintor Eduardo Arroyo en la presentación, “es un texto científico pero se ve el alma del monstruo y se descubre a un hombre que ama, que siente, que sufre“. Un personaje de carne y hueso que vivió una vida no muy lejana a la de un cuento triste. Al menos tuvo su propio final feliz.

Elephant Man Trailer [YouTube Link]


Extracto: “Cuando el Hombre Elefante apareció, como salido de la nada, en un pequeño local londinense de Whitechapel Road, a finales de noviembre de 1884, acababa de comenzar su andadura en los círculos de exhibición de “novedades”, como entonces prefería llamarse a los seres deformes o monstruosos que eran exhibidos en algunos espectáculos. Su partida de nacimiento atestigua que su verdadero nombre era Joseph Carey Merrick, y en aquella época estaba a las órdenes del señor Tom Norman, un empresario especializado en la exhibición de criaturas singulares y novedades. El local alquilado donde se ofrecía el espectáculo pertenecía entonces al número 123 de la citada Whitechapel Road. El edificio se conserva en una hilera de comercios adosados de principios del siglo XIX, aunque en la actualidad corresponde alnúmero 259. El local contiguo, según se va hacia el este, ostentaba hasta hace poco en su fachada el emblema de las tres bolas de hierro que distinguía a los prestamistas. Al oeste estaba la tienda de Michael Geary, frutero y verdulero.

Retrato de Joseph Carey Merrick.  Retrato de Joseph Carey Merrick. Frente a la hilera de comercios, al otro lado de la ancha calle, se erige la imponente entrada del Hospital de Londres, que en realidad data de las reformas que se llevaron a cabo en 1891. En la década de 1880, tras una sólida verja y garitas para los porteros en las principales puertas de acceso, se alzaba la impresionante fachada clásica del hospital. Todo el conjunto se había diseñado con el propósito de inspirar confianza en las capacidades de la ciencia médica, y para infundir al tiempo el debido respeto entre los residentes del barrio. Era el signo exterior de la benevolencia autoritaria y la caridad en una zona que había experimentado durante muchas décadas una relación íntima con la penuria y la pobreza, el enclave en el cual se asentaban las sucesivas oleadas de inmigrantes desposeídos junto a las comunidades pobres originarias de Londres; los que, según la definición del gran pionero victoriano en el campo de la investigación social, Henry Mayhew, “quieren trabajar, no pueden trabajar y no trabajan”.

En un barrio de estas características, Merrick se encomendó a Tom Norman, con la esperanza de que el impacto del Hombre Elefante en Londres resultara provechoso para ambos. De una punta a otra de la fachada del establecimiento, dispuesta de modo que sólo quedaba despejado el acceso, el patrón colgó una gran tela de lienzo donde aparecía pintada la sorprendente imagen de un hombre en trance de convertirse en elefante, y se anunciaba que en el interior podía verse aquella criatura en vivo por una módica entrada de dos peniques. A pesar del tosco arte y el colorido, demasiado chillón para gustos sofisticados, no cabe duda de que el cartel causaba el efecto sensacionalista que perseguía. Un joven cirujano del Hospital de Londres, Frederick Treves, visitó la covacha donde se mostraba el fenómeno y cuarenta años después aún recordaba la pancarta con todo detalle al escribir:

Este burdo producto representaba una espantosa criatura que solamente hubiera podido aparecer en una pesadilla. Era la figura de un hombre con características de elefante. La transformación no estaba en una fase avanzada: el hombre prevalecía sobre la bestia. Este hecho -que siguiera siendo un ser humano- era el atributo más repelente de la criatura. No lograba despertar la compasión que infunde lo malogrado o lo deforme, ni había en ella nada de lo grotesco del monstruo, tan sólo la aborrecible insinuación de un hombre que se convertía en animal. Unas cuantas palmeras como telón de fondo sugerían una jungla y podían llevar a los más imaginativos a suponer que por aquel paraje había errado el objeto perverso”.

Seguir leyendo el comienzo de La verdadera historia del Hombre Elefante (PDF)

© Carmen Álvarez. Publicado en ADN-Cultura. Madrid | 24/06/2008



Categorías:Libros

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3 respuestas

  1. He investigado, sobre su vida, como también he visto su “aparición2 en diversas películas.

    Es muy triste que por una enfermedad desconocida y poco común se tenga el destino de una vida como la tuvo él.

    No tengo más que decir.

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