Más allá de la Vida y la Muerte.

Un Fragmento del libro de Lynch, para discutir o discurrir un poco:

“Lo que nos ofende del homicidio (aun el aprobado por la Iglesia o por el Estado) es que, como el suicidio, también altera el orden. “La vida tiene sentido y valor”, decía un cartel en una marcha contra las guerras, las ejecuciones, el aborto y la eutanasia. Pero los que defienden el derecho del Estado a hacer la guerra y a ejecutar a los criminales, con frecuencia condenan el derecho a “optar” o a la “muerte digna”. De la misma manera que quienes están a favor del derecho a abortar y del derecho a morir salen en manada a protestar contra Vietnam, la Guerra del Golfo y la inyección letal al asesino en serie.

Más sutiles y perturbadoras resultan las verdades de que las guerras se han luchado más por codicia y por gloria que por causas humanitarias, que el aborto ha sido utilizado al servicio de agendas sexistas, racistas y clasistas, y que la eutanasia ha sido a veces el tenue velo tras el que se ocultan el genocidio, el abuso, la negligencia y el homicidio. Ninguna de nuestras opciones ha sido ‘buena’.

De manera que las grandes divisiones del medio siglo pasado y del siguiente parecen estar basadas en la contemplación de la Vida y la Muerte: cuándo la una se convierte en la otra y bajo la responsabilidad de quién.

El avance de la tecnología coincide con nuestra pérdida de apetito por las cuestiones éticas que debían considerar las implicaciones de estos nuevos poderes. Hemos desdibujado las fronteras entre ser y dejar de ser, gracias a una tecnología que nos dice Cómo Funciona, pero no Qué Significa. También hemos dejado de confiar en nuestros instintos. Si sentimos que algo anda Mal, nos avergonzamos de decirlo, igual que cuando sentimos que está Bien.

En nombre de la diversidad, una idea se considera tan valiosa como cualquier otra; cualquier tontería tiene derecho a un foro, a ser escuchada por toda la audiencia, a que le asignen el mismo tiempo. La realidad se acomoda a la medida de la persona o de la situación. Existe ‘su’ realidad y ‘mi’ realidad, la verdad tal como ‘ellos’ la ven; pero lo que es real y verdadero para todos nos elude.

Construimos nuestras preguntas personales en términos de lo legal y lo ilegal, de lo políticamente correcto o incorrecto, de lo funcional o disfuncional, de cómo afecta a nuestra estima o nos pone en contacto con nuestros sentimientos, o cómo sirve para las próximas elecciones o para la votación sobre la tasa fiscal, o según cómo responda el mercado. Y aunque es posible manejar negocios de todo tipo de esta manera para beneficio relativo de todos los involucrados, las Grandes Preguntas, las Preocupaciones Existenciales, los asuntos de Vida y Muerte, requieren nuestros mejores instintos, nuestras intuiciones más agudas, nuestros razonamientos más iluminados y una honestidad inspirada en nuestra participación, no en un partido o en un sexo o en una religión o en un interés especial o en una etnia, sino en nuestra participación en la raza humana.

Y en este punto, el diálogo parece ser extrañamente silencioso. ¿Será posible que estemos demasiado ocupados, que no nos importe? ¿Acaso estamos dispuestos a dejárselo a los expertos?”

Fuente: Alejandro Gándara en El Escorpión, blog de elmundo.es.



Categorías:Fragmentos literarios

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1 respuesta

  1. Yo no diría “que quienes están a favor del derecho a abortar y del derecho a morir salen en manada” , suena raro. Es más, caso de que “salieran así”, que yo no tengo por qué dudarlo, ¿ no sería mejor no decirlo?…

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