In Memoriam: 70 años sin Ana Frank.

No abandono mis esperanzas, por absurdas e irrealizables que sean. Continúo creyendo en la bondad innata del hombre. No se puede construir sobre la base de la muerte, la miseria y la confusión.

La niña judía que huyendo de los nazis se vió obligada a vivir escondida junto a su familia durante dos años falleció el 12 de marzo de 1945 en un campo de concentración, hace hoy 70 años. Contaba apenas 15 años. In Memoriam.

Ana era una niña vivaracha, feliz e inquieta, dotada de un gran talento para la escritura. El día de su 13º cumpleaños recibió un regalo que la colmó de felicidad: un cuaderno que, sin saberlo, le “salvaría” la vida. 

Ana era la benjamina de una familia de judíos alemanes y ese ‘estigma’ condicionaría a todos sus integrantes. Los Frank eran felices pero su país cambiaba: la crisis económica propicia que el NSDAP de Hitler vaya ganando terreno y con él el antisemitismo. En 1933, Hitler asume el mando del gobierno. Los Frank, padres de dos niñas, Margot y Ana, de siete y cuatro años respectivamente, se hallan contra las cuerdas. Decididos a sobrevivir, se trasladan a Ámsterdam, donde fundan una empresa. La familia se encuentra allí perfectamente ubicada. Edith, la madre, se ocupa del hogar, mientras las dos niñas van al colegio.

Pero el 10 de mayo de 1940, Alemania invade Holanda.

Los Frank están de nuevo en peligro: el régimen nazi les impone cada vez más restricciones, tanto en su empresa como en su vida privada. La espoleta que da un vuelco a su existencia es una citación para Margot, en la que se le ordena viajar como deportada a un campo de trabajo en Alemania. Es entonces cuando la familia, considerando que la situación es extrema, toma una determinación y decide esconderse.

«Una y otra vez me pregunto si no habría sido mejor para todos que en lugar de escondernos ya estuviéramos muertos y no tuviéramos que pasar por esta pesadilla, y sobre todo que no comprometiéramos a los demás. Pero también esa idea nos estremece, todavía amamos la vida, aún no hemos olvidado la voz de la naturaleza, aún tenemos esperanzas, esperanzas de que todo salga bien. Y ahora, que pase algo pronto, aunque sean tiros, eso ya no nos podrá destrozar más que esta intranquilidad, que venga ya el final, aunque sea duro, así al menos sabremos si al final hemos de triunfar o si sucumbiremos».

El 9 de julio de 1942 los Frank se mudan a su nuevo hogar, la Achterhuis (como lo describiría Ana) o ‘Anexo de atrás’, situado en un antiguo edificio del Prinsengracht, que acoge instalaciones de la empresa de su propiedad. El local está ubicado en  un canal en el lado occidental de Ámsterdam. Empleados de su confianza les protegerán y se ocuparán de facilitarles los víveres que les permitirán subsistir durante el tiempo que se prolongue la forzosa reclusión.

El escondrijo acogía a ocho judíos: sus padres, su hermana, un dentista (‘Albert Dussel’ en su diario)  y a un matrimonio, Hermann y Auguste Van Pels, y a su hijo Peter. Solo una estantería les separaba del exterior.

La reclusión se extendió desde el 9 de julio de 1942 hasta el 4 de agosto de 1944.

Casi dos años en los que ocho seres humanos se vieron obligados a convivir en un reducido espacio, sumidos en la desesperación y el terror a ser descubiertos por los ejecutores de la Gestapo, intentando huir del genocidio al que les condenaba su pertenencia a la raza judía.

La pequeña Ana, empero, tiene un secreto, cuenta con una tabla de salvación: su diario, al que bautiza como ‘Kitty’. Él le salvará de la rutina y el pavor cotidiano. En sus páginas, desde el día en que lo recibió, la niña judía condenada a muerte por su raza e ideología redactó una crónica vital sin saberlo. En su inicio, reseña la opresión a la que son sometidos sus padres y demás seres queridos desde el inicio de la ocupación nazi. Después, inocente, vuelca sus más íntimos temores, deseos y sentimientos. Ufana, lo reescribe con un objetivo claro: la seguridad de que, finalizada la guerra, será publicado en forma de novela, como testimonio de todo lo que se ha visto obligada a vivir.

El 1 de agosto hace su última anotación porque, tres días después, el 4 de agosto de 1944, el escondite sale a la luz. Alguien los ha delatado. Sus ocho ocupantes son deportados a Auschwitz, previo paso por el campo de tránsito de Westerbork. Ana y su hermana, tras permanecer un mes en Auschwitz, son enviadas al campo de concentración de Bergen-Belsen, donde fallecen víctimas del tifus en marzo de 1945, poco antes de la liberación. Ana tiene sólo 15 años.

«Todos nosotros miramos hacia abajo, allá donde los hombres luchan entre ellos; todos nosotros miramos a lo alto, allí donde solo reina la calma y la belleza, de las que, sin embargo, nosotros estamos impedidos por las tinieblas que nos cierran el paso, cual un muro impenetrable que está a punto de aplastarnos, pero que aún no es bastante fuerte»

El patriarca de los Franz, Otto, es el único superviviente de la familia. A su regreso a Ámsterdam, finalizada la contienda, es informado del fallecimiento de todos los demás. Es entonces cuando sus antiguos empleados, que le habían protegido durante dos años, le entregan el cuaderno de Ana.

Decidido a cumplir el último deseo de su hija, lo da a la imprenta. Publicado en Holanda en 1947 por vez primera con el título de La casa de atrás, el libro inicia una carrera singular como superventas durante décadas, convirtiéndose en inspiración para ver la esperanza ante la adversidad, por más dura que esta sea.

Setenta años después de su muerte, esas páginas, traducidas a más de sesenta idiomas, constituyen un símbolo de todos los niños que perdieron sus vidas en el holocausto nazi.

Texto: Ana Frank, una vida truncada | TERESA MARÍA AMIGUET | La Vanguardia | 02.03.2015. > Ir al artículo original.

Sitio oficial: http://www.annefrank.org/

En Algún díaAna Frank.

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Categorías:Efemérides

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1 respuesta

  1. alvaro alberto velasco cordoba Hace 1 segundo.
    POEMA PARA ANNA FRANK ABRIR MAS INFORMACION
    …Mas que su historia…su mirada me sobrecogió el pecho y se me hizo un nudo en la garganta…y pensar que aun hoy hay guerras…igual de crueles …y tantos niños y adolescentes no entienden porque los grandes hacen las batallas y son sus pequeños sueños los que se truncan por tanta estupidez humana….

    Para Anna Frank

    …cercenaron de ti las trenzas que no fueron,
    opacaron con humo de infamia la tibieza de tus ojos…
    primaveras rotas…otoños que no irían…
    y tu grito seco cual himno de esperanzas muertas…

    esquivaste tantas veces a los “BUITRES”,
    querían engullirte pronto…porque así
    son los “BUITRES” cuando de odio también mueren,
    enlodados en las minucias de sus glorias vanas…

    ni miraste cañones, ni cercas impías, ni esquirlas traidoras,
    se convirtieron en pianos y violines,
    y la ruindad de los monótonos fragores
    se hicieron sinfonías que querían llegar al cielo…

    ni fueron barracas frías
    de dolor y hambre atosigadas,
    fueron para ti lechos celestiales,
    desde donde con tu dura almohada aun soñabas…

    …y las miserias humanas donde estaban?…
    por doquier…en el último aliento de todas las miradas,
    en los mendrugos de “VIDA” …en los harapos
    sedientos de existencia y débiles de sus entrañas…

    de las tintas benditas de tu pluma un día
    liberaste en el silencio de tus letras de ingenuidad vestidas
    el néctar cuando aun son capullos las rosas más bellas
    y al poeta que por pretexto le escribe a las estrellas.

    …se apagaron cuando la tarde muere,
    cuando los ocres de la suciedad sucumben
    tempranas luciérnagas …un segundo más de vida
    solo para llevarse algo que les consolara el alma…

    y se cerraron tus ojos…cómplices
    de tus interminables vuelos,
    cuando faltaba tan poco…cuando los trenes al fin
    rodarían hacia donde había algo parecido al cielo…

    …ya nada te alcanzaba…ni el calor ni el frío,
    ni la pestilencia, ni lo de adentro ni lo de afuera,
    ni el hambre, ni las balas, ni la mudez de aquellos
    que de a poco mueren y a la vez expiran…

    Escrito con motivo de los 50 años de la desaparición de Anna Frank

    Bogotá D.C. Colombia enero de 1995 Alvaro A. Velasco Córdoba
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