Fajas editoriales de tipos infames.

“Para tratar de llamar nuestra atención entre tanta acumulación de novedades editoriales (ahora en septiembre llega otra rentrée con algún que otro título interesante) los libros también cuidan su apariencia y se «arreglan» en lo posible para su «presentación en sociedad».

Estaremos de acuerdo en que lo más importante de cada libro se encuentra tras sus primeras páginas en blanco y el prólogo (si lo tuviera), y también en que el interés de algunos termina –por desgracia- ahí mismo. Pero el cuidado y diseño editorial puede ayudar a despertar nuestra curiosidad por determinados libros. El mismo diseño de la portada es una posibilidad para hacerse destacar. Desde la elegante sencillez de Periférica, la originalidad «desplegable» de Cabaret Voltaire o las hermosas ilustraciones que en ocasiones Lumen utiliza para sus portadas…La variedad en la actualidad es muy amplia.

Pero hoy nos detenemos en algunas “fajas editoriales” que nos han parecido curiosas –aunque por distintos motivos-. Las “fajas” son aquellas cintas de papel en que suele resaltarse las sucesivas ediciones que lleva el libro en cuestión y los comentarios laudatorios de algunos críticos o escritores de renombre, con el obvio fin de captar la atención de posibles lectores. Suelen despertar suspicacias por lo, en ocasiones, extralimitado de sus halagos. Aunque quién puede decir que nunca se ha dejado engatusar: estas fajas hacen más esbelta la cintura y destacan el busto, embelesándonos con sus sinuosas curvas literarias que en la mayoría de los casos no son sino relleno.

La primera faja es un ejemplo del que cada vez podemos encontrar más casos, aunque nunca tan descarados como éste. Un mes después de que saliera al mercado ‘El Juego del ángel’ de Zafón, la misma editorial, Planeta, editaba en su cuidada colección Backlist (muy recomendable, por cierto) ‘Grandes Esperanzas’ de Charles Dickens, acompañada de una de estas fajas en que aludía a la aparición de este libro dentro de la trama del actual superventas español. Yo me preguntaba si el caso de Dickens podía asemejarse al de cualquier autor casi desconocido que necesita un pequeño empujón editorial o una reseña elogiosa en cualquier medio informativo, pero una amiga me dio entonces la solución: si yo nunca hubiera leído a Dickens este sería un motivo perfecto para no hacerlo jamás.

La segunda faja anunciaba una supuesta gran sorpresa que no era tal. Me explico: muchas editoriales recurren (con ánimo de lucro) a la publicación de libros con el atrayente de que sea un personaje público quien firme en la portada. Que lo haya escrito o no y habituales sospechas por el estilo a mí no me importan. Las editoriales de no muy preclaras intenciones literarias buscan el tirón de estos personajes y ponen –claro- la foto del susodicho, no vaya a pensar la gente que se trata de un novelista con el mismo nombre del presentador y pasen de largo.

Pero en este caso, la sorpresa que anunciaba la faja que envolvía la primera novela de Javier Sardá, ‘Eros, Thanatos y su puta madre’, no puede sorprender a tantos. Primero porque hoy en día parece que esta gente desea tanto escribir una novela como hacer un «cameo» en alguna película, pero también porque la publicación de este libro en el 2008 ya fue anunciado por Enrique Vila-Matas en un artículo del 2002 sobre Literatura y Mercado: «Para entendernos: si quieres vender un libro no digas que estás en la línea de un Musil, un Walter Benjamín o un Claudio Magris. Si quieres vender, toma el aspecto normal de un Sardá (si éste fuera escritor, pronto lo será) o de una ganadora del Planeta que escribe como si Madame Bovary y siglo y medio de sutiles proezas literarias no hubieran existido nunca.» Quien no crea en estas terroríficas propuestas editoriales que se pregunte a qué se debe la sucesiva reedición (tercera o cuarta) del libro de Risto Mejide

También hay quien parece creer que algunos no leemos determinados libros porque nos acobardan o sencillamente porque «no tenemos lo que hay que tener». Arturo Pérez Reverte suele recurrir a ensalzar la «hombría» de determinadas lecturas. Su reseña sobre ‘Polvora negra’ de Montero Glez terminaba diciendo «Y ahora vayan y léanlo, si es que tienen huevos»; exhortación a la que nos vimos obligados a hacer caso para que nadie dudara de nuestra capacidad: el libro no nos gustó, pero así nadie nos llamará cobardes. En la última recomendación suya que hemos encontrado destaca la verdad sobre la realidad vasca que contienen los cuentos recogidos en ‘Los peces de la amargura’ de Fernando Aramburu (un grandísimo autor no tan reconocido como debiera), pero no es sólo una Verdad en mayúscula y valiente, sino –como él mismo dice- “La que nunca hay cojones para expresar en voz alta”. A mí, en particular, no me gusta esta crítica de casquería, pero si en algún caso funciona y alguien termina abriendo un libro de Aramburu siempre será bien recibida.

Todas estas fajas responden a una misma intención y similar modelo, por eso queremos destacar la originalidad de las del escritor y músico Boris Vian (1920-1959). Cuentan que él mismo diseñaba las fajas de sus libros, pero escribía en ellas mensajes tan sorprendentes y tan alejados de la intención comercial como este: “No dejar al sol”. Desde que descubrí esta extravagancia pienso a cuál de las novelas de Boris Vian le sentaría mejor tal recomendación: No dejar al sol”.

© Los libros meten tripa. Por TIPOS INFAMES* (SOITU.ES- 9/09/08)

*El colectivo literario ‘Tipos Infames’ se compone de Alfonso Tordesillas, Gonzalo Queipo y Francisco Llorca.

 



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