In Memoriam: Ed Wood.

Edward D. Wood Jr. (10 de octubre de 1924 – 10 de diciembre de 1978) estuvo tan cerca de ganar un Oscar como Hitler de alzarse con el Nobel de la Paz. Aclamado popularmente como el peor director de la historia del cine, sus películas deben contemplarse reiteradas veces —y con estoico detenimiento— para asimilar al detalle su ineptitud en todas y cada una de las categorías que definen el séptimo arte.

Entusiasta del despropósito, Ed Wood pergeñó engendros como “Glen o Glenda” [YouTulbe Link] o “Plan 9 del espacio exterior” [YouTube Link], aberraciones convertidas en filmes de culto y títulos por los que el 10 de diciembre de 2008, cuando se cumplen 30 años de su muerte, se añora al entrañable y bizarro cineasta.

Redescubierto para el gran público por el magnífico “biopic” que Tim Burton le dedicó en 1994, Wood ostentaba una personalidad sin parangón. A los 17 años se enroló en la Marina, escasos meses después del ataque japonés a Pearl Harbor. Los informes de la época desvelan que Wood fue un soldado feroz, un auténtico héroe. En las batallas del Pacífico, Wood se hizo acreedor de numerosas condecoraciones, antes de que una herida de bala en la pierna terminara por dispensarle del servicio.

Afortunadamente para él, su mayor temor jamás llegó a cumplirse. Y es que de haber muerto, los médicos que examinasen su cadáver podrían haber hallado su pequeño secreto: bajo el uniforme castrense, Wood vestía leotardos y un sujetador rojo.

Aunque era inequívocamente heterosexual e incluso mujeriego, a Wood le chiflaba la ropa femenina. Desde que su madre, que siempre había querido tener una hija, lo vestía en su infancia con prendas de chica, el cineasta desarrolló esta perversa extravagancia que le causó no pocos contratiempos. Su primera esposa, Norma McCarty, se sintió repugnada cuando en la noche de bodas descubrió la inocente afición de su marido. El matrimonio nunca llegó a consumarse y fue anulado apenas seis meses después.

Este incidente no reprimió a Wood, cuya obsesión por la angora está minuciosamente documentada. Al fin y al cabo, el travestismo sería un tema recurrente a lo largo de toda su obra. Una obra digna de análisis.

Paladín del desastre cinematográfico. Auténtico Mesías de la calamidad, Wood escribía guiones esperpénticos, repletos de diálogos pueriles e inverosímiles aunque pretendidamente retóricos. Sus estrafalarios decorados, entre lo gótico y lo “kitsch”, parecían concebidos por un paranoico con superávit de dioptrías. Los efectos especiales nada tenían de especiales, y difícilmente se les puede calificar de efectos. Y las virtudes interpretativas de sus actores… en fin, eso merece capítulo aparte.

En la tropa de Wood figuraban pelagatos como Tor Johnson, un luchador profesional sueco de 180 kilos; Vampira, una presentadora de televisión que acostumbraba a viajar en autobús con su disfraz de chupasangre; o Criswell, un adivino poco acertado. Sin embargo, la estrella en aquella jácara de “freaks” era una vieja gloria como Bela Lugosi, cuyo éxito interpretando a Drácula se había desvanecido tiempo atrás.

La importancia de llamarse Bela Lugosi. Lugosi era una caricatura de sí mismo cuando conoció a Wood, con el que terminaría trabando amistad. El joven cineasta admiraba profundamente al actor húngaro, y le persuadió para actuar en varias de sus películas, aunque en aquella época las venas de Lugosi eran una orgía de heroína y alcohol. La leyenda negra afirma que en los rodajes disimulaba su adicción con furtivos sorbitos de borgoña.

Ni siquiera la colaboración de un Lugosi venido a menos otorgó relevancia comercial a los filmes de Wood. “Glen o Glenda”, una especie de relato apologético del travestismo, fue un sonoro fracaso en taquilla, y el primer indicio de las nefandas aptitudes de Wood como director.

Siempre esclavizado por la falta de presupuesto, Wood era capaz de rodar cada día una treintena de escenas, pasando por alto las flagrantes torpezas que se cometían ante la cámara con tal de no frenar su vertiginoso ritmo de trabajo.

El resultado, ver para creer, eran secuencias que se repetían hasta la saciedad, innumerables planos de recurso incrustados con arbitrariedad alevosa, coches cuyo modelo cambiaba durante una persecución…

Financiación de la Iglesia Bautista. Era sorprendente que Wood no creara películas tan patéticas a propósito. Pero lo realmente increíble es que pudiese llevar a cabo sus proyectos. Aunque también en eso hay historia. Durante una fase aguda de sus crónicos problemas de liquidez, Wood se enteró de que la Iglesia Bautista a la que pertenecía su casero estaba interesada en producir una docena de películas sobre los apóstoles. El inefable Eddie les convenció de que financiasen “Plan 9 del espacio exterior, un título de ciencia-ficción llamado a generar suficientes beneficios como para luego sufragar la saga apostólica.

Todos los miembros del equipo de Wood se convirtieron y fueron bautizados por el rito bautista, pero ni aun así fueron escuchadas sus plegarias. El filme fue un rotundo fracaso. “Plan 9” es quizá la película más emblemática de Wood, donde todos los rasgos de su minuciosa herejía cinematográfica quedan grotescamente revelados.

¿Y qué si se ven los cables que sujetan los toscos platillos volantes? ¿Cuál es el problema porque un actor se cargue el atrezo? ¿Importa si el sol y la luna aparecen caprichosa y alternativamente en una misma escena? Nada detenía a un Ed Wood que se guardaba una réplica maestra para los escépticos que osaban comentar sus fallos. ¿Acaso no han oído hablar de la “suspensión de la incredulidad”?

Plan 9” es también un icono por ser la última película de Bela Lugosi. En realidad, el actor había muerto antes de que comenzase el rodaje, pero Wood conservaba algunas imágenes suyas que había grabado para un proyecto anterior que nunca prosperó. Aunque con calzador, aquellas secuencias entraron en “Plan 9, y fueron completadas con otras escenas en las que Lugosi era doblado —con una capa ocultando su rostro— por el quiropráctico de Kathy O’Hara, la segunda esposa de Wood. Enorme.

Fue un sucedáneo de homenaje a un Lugosi que murió solo, en el más desolador de los olvidos y tan arruinado que Frank Sinatra pagó discretamente su funeral.

Y aún no había tocado fondo. Después de esta cumbre artística, Wood entró en una espiral de alcoholismo. Dirigió varias películas porno bajo seudónimo y más tarde probaría fortuna en la literatura “pulp”, entregándose al género erótico-criminal con títulos tan sugerentes como “La drag asesina” o “Muerte de un travesti”. Pero tampoco con las letras lograría reflotar su cuenta corriente, y pocos días antes de su muerte, Wood y Kathy fueron desahuciados.

Borracho incorregible, Ed Wood falleció sin un centavo en casa de un amigo, viendo un partido de fútbol americano. “Variety”, una suerte de boletín oficial de Hollywood, no se molestó en publicar su obituario. Y eso que, como suele decirse, un hombre que había dedicado tanto esfuerzo y pasión a una actividad improductiva era merecedor de que se le tomara en serio. Kathy, por ejemplo, jamás volvió a casarse con otro hombre.

Como a Van Gogh o Kennedy Toole, el reconocimiento le llegó a Ed Wood cuando ya era demasiado tarde. En su caso, quizá por suerte para él, pues su fama es debida a su estatus oficioso como peor director de todos los tiempos. Su incoherente narrativa fílmica y su dirección sacrílega lograron que Ed Wood fuese espectacularmente ignorado en vida, pero le garantizaron un lugar privilegiado en el panteón de los héroes de la serie B.

Sin sospecharlo, Wood ha dejado un importante legado, que incluye una religión llamada Woodismo (sí, en serio) y una legión de fans que incluso propiciarán el remake de “Plan 9” en 2009, cuando se cumplen 50 años del estreno de la película.

Quién sabe, quizá después de todo Wood fuese un incomprendido. Como afirmaba el personaje de Bela Lugosi en “La novia del monstruo”: “A uno siempre se le considera loco cuando perfecciona lo que otros ni siquiera pueden comprender“.

Fuente: Ed Wood, el encanto del disparate fílmico. El Mundo.es

Edward D. Wood Jr. (IMDB)

The Hunt for Edward D. Wood, Jr.

The Church of Ed Wood A legal religion based on the life and films of Edward D. Wood Jr.

Ed Wood, Jr.’s magazine work (Caution: Adult images)

 



Categorías:Cine, In Memoriam

Etiquetas:, , , , , , , , , , ,

1 respuesta

  1. Yo vi en la película Ed Wood de Tim Burton que en realidad a él le gustaba vestirse con ropa de mujer porque así se sentía más cerca de una, es algo tierno jaja, vi la peli en hbogo en internet, y me gustó mucho, creo que Ed Wood era un personaje interesante porque a pesar de que no era bueno haciendo películas, nunca se rindió.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: