La verdad sobre el caso Poe.

El 19 de enero de 1809 nacía en Boston Edgar Allan Poe (1809-1849), maestro fundador del relato contemporáneo y de la literatura fantástica, de detectives y de terror. De vida atormentada y misérrima, libertino y mujeriego, falsario, alcohólico, poeta y jugador, Poe revolucionó la escritura contemporánea con sus relatos y poemas, sin los cuales, escribió Borges, “es inconcebible la literatura actual”. El Cultural reconstruye, de la mano de Peter Ackroyd, autor de la inminente biografía Poe. “Una vida truncada” (Edhasa) los últimos seis días de su vida, envueltos aún hoy en el misterio, mientras Germán Gullón analiza su influencia posterior.


Pionero del relato moderno, por Germán Gullón.

Leer “Un gato negro” de Poe.

 

La víspera del 26 de septiembre de 1849, Edgar Allan Poe se detuvo en Richmond (Virginia), para visitar al médico John Carter, quien le recetó un remedio a fin de paliar la fiebre alta que sufría. A continuación, cruzó la calle y cenó en un local próximo. Sin darse cuenta, se llevó con él el bastón con estoque del médico.

Poe iba a embarcarse en un vapor rumbo a Baltimore. Esta ciudad sería la primera escala en su viaje a Nueva York, donde tenía asuntos que atender. El barco zarpaba a las cuatro de la mañana del día siguiente, y el trayecto duraría unas veinticinco horas. A los amigos que lo vieron zarpar les pareció de buen humor y sobrio. Poe no pensaba estar fuera de Richmond más de dos semanas. Y ocurrió que se dejó el equipaje en tierra. Ésa fue la última vez que lo vieron hasta que lo encontraron moribundo en una taberna, seis días después.

Arribó a Baltimore el 28 de septiembre, viernes, y en esta ciudad se detuvo, en vez de seguir rumbo a Filadelfia, la siguiente etapa en su viaje hasta Nueva York. En Baltimore varias personas lo vieron beber sin medida. Puede que Poe bebiera para conjurar los efectos de la fiebre, y puede también que temiera un intempestivo ataque del corazón: los médicos le habían dicho en Richmond que una nueva crisis cardíaca tendría consecuencias fatídicas.

Es posible que después viajara en tren a Filadelfia, ciudad en que visitó a unos amigos y donde se emborrachó, o enfermó. A la mañana siguiente, presa de gran agitación, manifestó su intención de proseguir hasta Nueva York. Pero, ya fuera por casualidad ya por decisión propia, el hecho es que volvió a Baltimore. Según testimonios no contrastados, al parecer habría tratado de volver nuevamente a Filadelfia y fue hallado “sin conocimiento” en el tren. El revisor se habría encargado de devolverlo a Baltimore. Es difícil saber la verdad exacta: todo parece envuelto por una especie de niebla.

Neilson Poe, el primo del autor, escribió después a la suegra y cuidadora oficiosa de éste, Maria Clemm, comunicándole que “en qué momento llegó a la ciudad [Baltimore], dónde pasó el tiempo que estuvo aquí o en qué circunstancias, es algo que no he podido averiguar”. A pesar de numerosas pesquisas y especulaciones, no se ha logrado arrojar verdadera luz sobre este asunto. Puede que vagara por las calles, que anduviera zigzagueante entre taberna y taberna. Lo único que se sabe con seguridad es que el impresor de un periódico mandó un mensaje a Joseph Evans Snodgrass el 3 de octubre en los siguientes términos: “Hay un caballero con aspecto bastante deprimente en la 4ª sede electoral de Ryan, que responde al nombre de Edgar A. Poe; que parece encontrarse en un estado muy lamentable, y dice que lo conoce a usted. Le puedo asegurar que necesita asistencia urgentemente”. Snodgrass había sido editor del Saturday Visiter, periódico donde Poe había colaborado. Por la “4ª sede electoral de Ryan” debemos entender una taberna utilizada a este fin con motivo de las elecciones al Congreso que estaban celebrándose aquel mismo día. Ryan era el nombre del propietario de la taberna.

La nota del impresor era suficientemente grave para que Snodgrass hiciera acto de presencia. Al entrar en el bar, encontró a Poe sentado, completamente enajenado, con una multitud de “bebedores” a su alrededor. Su ropa llamó la atención de Snodgrass. Llevaba un sombrero de paja raído y unos pantalones que no eran de su talla. También vestía un abrigo usado, y ni el menor rastro de un chaleco o corbata. A excepción tal vez del sombrero de paja, no era la ropa con la que había salido de Richmond. Y, sorprendentemente, aún tenía en su poder el bastón del doctor Carter. En estado de embriaguez, y de un posible acoso, puede que le pareciera un instrumento de defensa.

Snodgrass no se le acercó, pero reservó una habitación en aquella misma taberna. Estaba a punto de mandar un aviso a los parientes que Poe tenía en Baltimore cuando dio la casualidad de que se personaron dos de éstos. Uno era el primo de Poe, Henry Herring, que había acudido a la taberna por asuntos relacionados con las elecciones; estaba emparentado con un político local. Snodgrass recordaría que “rehusaron cuidar personalmente de Poe”, alegando que en el pasado había sido encontrado numerosas veces en aquel mismo estado de intoxicación; no obstante, aconsejaron que lo trasladaran a un hospital de la localidad. Consiguieron introducirlo en un coche –en el que fue transportado “como si fuera un cadáver”– y Poe ingresó así en el Hospital Universitario de Washington.

El médico residente John Moran manifestó después que Poe permaneció “sin darse cuenta de su estado” hasta las primeras horas del día siguiente. A un recién estupor le sucedió entonces un “temblor de los miembros”, así como un delirio con “incesante e inane conversación con objetos espectrales e imaginarios en las paredes”. Hasta dos días después de su ingreso en el hospital, el 5 de octubre, viernes, no recuperó la calma. Empezó a hablar, aunque de manera incoherente. Le contó al médico que tenía una esposa en Richmond, lo que no era cierto, y que no sabía cuándo se había marchado de dicha ciudad. El médico trató de tranquilizarlo, asegurándole que pronto volvería con sus amigos, pero Poe empezó a reprocharse a sí mismo su degradación, llegando a decir que lo mejor que podía hacer un amigo por él era volarle los sesos. A continuación se quedó dormido.

Al despertar, entró en una fase de delirio. El sábado por la noche, empezó a gritar “Reynolds”, y no paró de chillar hasta las tres de la madrugada del domingo. “Debilitado por tanto esfuerzo –escribió el doctor–, se quedó sosegado y pareció descansar durante un breve tiempo. Luego, moviendo levemente la cabeza, exclamó : “Que el Señor se apiade de mi pobre alma“, y expiró.” Éste es el testimonio del doctor Moran, en una carta escrita a Maria Clemm cinco semanas después de dichos acontecimientos. Esto es lo que más se parece a la verdad, al margen de los ulteriores esfuerzos del médico por presentar la escena bajo una luz más favorable. ¿Qué había estado haciendo Poe durante el tiempo que perdió en Baltimore? La hipótesis más aceptada es la de que fue utilizado como “lacayo” para fines electorales; es decir, lo habrían estado vistiendo con distintos ropajes, de manera que habría podido así votar más de una vez por un candidato concreto. A estos falsos votantes solía encerrárseles en corrales o posadas, donde se les suministraba alcohol en abundancia. También corrió la voz de que “Reynolds”, el nombre que Poe no dejó de gritar en su delirio final, era el apellido de un interventor electoral que se encontraba en la taberna de Ryan.

Es una explicación posible, pero no la única”.

En Algún Día │ El presagio final del cuervo atormentado.



Categorías:Artículos, Fragmentos literarios

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1 respuesta

  1. Estos últimos días de Poe parecen dignos de cualquiera de sus relatos. He leído diversas versiones sobre las causas de su muerte y todas resultan fascinantes y misteriosas. Afortunadamente, su obra tuvo un mejor destino que su autor y permanece a nuestro alcance para disfrutar de ella.

    Un saludo.

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