Edgar Allan Poe, poeta del terror.

Se cumplen 200 años del nacimiento de Edgar Allan Poe. Desde aquel lejano día en Boston, su fama no ha dejado de crecer, al amparo de una obra pionera y rica tanto en prosa como en verso y una biografía plena en desdichas y en esperanzas frustradas.

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Poe es para muchos una vieja fotografía con un gesto contrariado, cabellos desordenados y una corbata torcida, para otros puede que sea un autor de relatos que deja marcados a sus lectores adolescentes, para otros un ejemplo, tal vez el más levado, el más claro, de frustración e infelicidad. Pero 200 años después de su nacimiento, Poe, más allá de todo ello, es un maestro indiscutible. Un clásico de los que justifican la literatura de una nación entera.

Roberto Bolaño, otro autor que tras su reciente y temprana muerte (Poe murió con sólo 40 años de edad, el escritor chileno a los 50) va agigantando su fama, situó al inicio de sus relatos completos un jugoso texto titulado “Consejos sobre el arte de escribir cuentos”, en el que a través de doce enunciados aconseja o desaconseja autores y procedimientos. En los puntos nueve y diez afirma lo que sigue: «9) La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra. 10) Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas».

Del mismo modo, Chales Baudelaire, temprano biógrafo y traductor de Poe, se declaraba en deuda con el norteamericano; mientras que Arthur Conan Doyle afirmó en un artículo, en el centenario del nacimiento del autor, que «si cada autor de una historia en algo deudora de Poe pagase una décima parte de los honorarios que recibe por ella para un monumento al maestro, se podría hacer una pirámide tan alta como la de Keops».

Referente de rigor. Paul Valéry lo asumía como referente para el rigor compositivo y lógico en la escritura; Ramón Gómez de la Serna le dedicó una curiosa y apasionada biografía, plena de admiración, titulada “Edgar Poe, genio de América”; fue alabado por Ernst Jünger por su economía y parquedad; Borges lo saludó como maestro confeso; y lo mismo hizo Julio Cortázar, que además tradujo sus relatos, su única novela y sus ensayos. El cine de Tim Burton también se explica merced a la imaginería de Poe, e incluso su figura ha dado lugar a una novela reciente, “La sombra de Poe”, de Matthew Pearl, muy vendida pero decepcionante, que aporta interesantes datos sobre este autor al que algunos gustan de llamar maldito.

Edgar Poe nació en Boston, fruto de la unión de dos actores (ella, Elizabeth Arnold, con una legión de admiradores y muerta cuando sólo tenía 24 años, y él, hijo de un héroe de la Independencia norteamericana y dedicado a las tablas en un esfuerzo insensato y desaparecido en la niebla de la historia cuando Edgar sólo tenía un año). Su hermano mayor, William Henry, fue acogido por sus abuelos; su hermana menor, Rosalie, por una acomodada familia de Virginia; y Edgar, por el comerciante de tabaco John Allan y su esposa, Frances Keeling.

De la pensión a la mansión. El tránsito entre la habitación miserable de una pensión, a la vera de la madre muerta, y una mansión, cuando pasó a adoptar también el apellido de su padre adoptivo para pasar a ser para siempre Edgar Allan Poe, se produjo en veinticuatro horas. Su mejor biógrafo, Georges Walter, señala el papel clave y contradictorio de la orfandad de Poe:

«En la imagen de Edgar Poe niño que se ha formado, la privación de la madre, por fundamental que sea, ha borrado un tanto la ausencia del padre. La muerte de Betty, descrita “ad nauseam” por los biógrafos sentimentales del siglo XIX para provocar ríos de lágrimas en las lectoras, en el siguiente siglo -el de Freud- se convirtió, y no sin motivo, en indicio clínico, en duelo inicial situado en el centro del psicoanálisis póstumo, pero también de la crítica psicopatológica de la obra de Edgar Poe. Y no deja de ser irónico que esta abundante literatura se haya aplicado a descifrar y a explorar al poeta más consciente de su objetivo, al teórico riguroso de “El principio poético” y al parodista más temible de la literatura».

El periodo en que fue el heredero de una de las mayores fortunas de Richmond durará escasamente 18 años. Durante ese período dorado, vivió con sus padres adoptivos cinco años en Londres con una breve estancia en Escocia en lo que fue su único viaje al exterior. De la etapa inglesa, entre los seis y los once años, le quedará el dominio del latín, del griego, del italiano y del francés, un acento puramente inglés, una sensibilidad romántica y los recuerdos de una escuela que volcará en su relato “William Wilson”.

Los años felices terminarán cuando, de regreso a Richmond, las deudas de juego contraídas en su único año en la universidad, lleven al enfrentamiento irremediable y radical con el austero, cicatero y distante John Allan. El 19 de marzo de 1827, abandonó para siempre el hogar de los Allan y se dirigirá, con nombre falso a Boston. En su menguado equipaje, llevará una caja con cartas de su madre muerta, un pequeño retrato de ella y el manuscrito de su primer libro, “Tamerlán y otros poemas”, que publicará en su ciudad natal con el seudónimo de “Un bostoniano” y que pasará sin pena ni gloria. 

En 1828, al borde de la indigencia, se alista en el ejército con el nombre de Edgar A. Perry, pasando a ser suboficial en Fort Moultrie, cerca de Charleston. Allí se licenciará con honores al año siguiente, que es el mismo en que muere su madre adoptiva, con la que había mantenido una relación ejemplar de amor mutuo.

Las primeras creaciones. Otro estimable biógrafo, Walter Lennig, señala las características de los primeros poemas del precoz Poe: «Lo más importante es fundamentalmente la cadenciosa musicalidad de los versos. No se contentaba en ningún momento con el cómodo procedimiento de la rima, sino que aspiraba incluso inconscientemente a imágenes sonoras e ininterrumpidas. Más fuertes que el sentido y el significado de las palabras eran su sonido y su semejanza sonora. Desde muy pronto, Poe tuvo la intuición de que generar una emoción es más importante que describirla». Esta concepción de la poesía hace que incluso sus más voluntariosas traducciones no sean capaces de mantener ese sabor especial de los poemas de nuestro autor y que se mantendrán a lo largo de toda su producción..

Tal vez sea esa capacidad para la imaginación lo que hizo que los años militares, completados con uno final en la academia de West Point de donde saldría con la costumbre de vestir un raído capote militar, fueran narrados por él mismo como un período, inventado, en el que combatió por la libertad de Grecia como un nuevo Byron (como el poeta inglés, Poe era un excelente nadador), había estado en San Petersburgo donde se mezcló en intrigas políticas que la habían puesto al borde de la deportación a Siberia huyendo a Londres y París.

Su fracaso como poeta (había publicado dos nuevas colecciones de poemas) le llevó a probar fortuna con la narrativa. En 1833, abandonada tanto la vida militar como la esperanza de una reconciliación con los Allan, Poe vivía una nueva vida con su tía María Clemm, una mujer afectuosa que lo cuidará toda la vida. Entonces, probó suerte enviando al concurso del “Baltimore Saturday Visitor” seis cuentos para intentar ganar un premio de mil dólares. Lo consiguió con ‘Manuscrito encontrado en una botella’. A partir de ahí, conseguiría ser escritor profesional.

Triunfo y fracaso. Dirigirá la revista literaria “Southern Literary Messenger”, consiguiendo que pasara de 700 ejemplares hasta 3.500 y que su distribución fuese nacional. La vida feliz perdida para siempre parecía ahora salir a su encuentro. Disciplinado, lejos de las tentaciones alcohólicas en las que había caído en la universidad, se decidió a casarse con su prima, hija de Maria Clemm, Virginia. En el certificado de matrimonio, la edad de Virginia era 21 años. Tenía catorce.

Como escritor pasa también por sus mejores momentos: escribe algunas de las primeras piezas de ciencia-ficción (hay quien atribuye la invención del género a Mary Shelley con su novela ‘”Frankenstein, otros conceden el mérito a los relatos de Poe) y como contribución exclusivamente propia, crea el género policial con sus relatos “La carta robada”, “Los crímenes de la rue Morgue”  y “El misterio de Marie Rogêt”, protagonizados por el primer detective de la historia literaria: M. Auguste Dupin. 

Pero la estabilidad durará poco: el alcohol, que le afectaba rápidamente, pone en peligro su estabilidad que estallará en pedazos cuando Virginia fallezca prematuramente, a causa de la tuberculosis, en 1847. Pero cuando esto suceda, al propio Edgar sólo le quedará algo más de dos años y medio de vida. El tiempo apremia, y en su última década, la familia Poe (Edgar, Virginia, la protectora Maria) vive en Nueva York y en Filadelfia. 

Edgar publica, en 1838, su única novela “Narración de Arthur Gordon Pym”, plena de aventuras marinas y episodios atroces; es redactor de las prestigiosas revistas “Gentleman’s Magazine”, “Graham’s Magazine” y “Broadway Journal”; publica en 1840 su libro “Cuentos de lo grotesco y lo arabesco”; concibe la idea de crear su propia revista, que se llamará ‘The Stylus’ y que fracasará; publica en revistas sus mejores relatos (“La Máscara de la Muerte Roja”, “El gato negro”, “El corazón delator”, “El pozo y el péndulo”; recibe en 1842, en Filadelfia, la visita de su admirador Charles Dickens. Llegado este momento, es un autor admirado en su país e incluso más allá, pero es un desdichado. Virginia tiene vómitos de sangre, se siente deprimido, busca consuelo en el alcohol.

La extrema melancolía y musicalidad de su poema “El cuervo, publicado en el “Evening Mirror” de Nueva York en enero de 1845, le valdrá su mayor éxito en vida, por el que sólo cobrará la cantidad de nueve dólares. El poema es aprendido de memoria y recitado con delectación en todo el mundo anglófono. La imagen del cuervo posado sobre un busto en el interior de una biblioteca respondiendo machaconamente “Nevermore”, “nunca”, a un hombre herido de amor y ausencia, es ya un clásico del imaginario literario universal.

Y Poe aprovechó el éxito de su poema para explicar su génesis en un ensayo, que también leyó en forma de conferencia, que tituló “El principio poético”. En este texto, Poe sostenía que más que la imaginación o la emoción, es la lógica la que rige su poema, en el que cada elemento, según explicaba, venía obligado por el anterior. De este modo, más que un romántico, Poe se presenta como un racionalista.

La afirmación en este ensayo de que la muerte de una hermosa mujer es el mejor tema para una poesía le ha valido interpretaciones a su obra basadas en la triple muerte de su madre, su madre adoptiva y su esposa, e incluso un libro, firmado por Marie Bonaparte, en el que el método psicoanalítico llega a extremos bochornosos.

Momento cumbre. Pero la capacidad para el análisis y la filosofía de Poe llegará a su cumbre en 1848, cuando publique el ensayo, que él prefería llamar poema en prosa, “Eureka”. En esta interpretación cosmogónica del universo, astrónomo aficionado desde su niñez, anticipa la posterior teoría del Big Bang y a la vez se extravía en consideraciones metafísicas. Su fe en este texto era tan grande que solicitó a su editor que la primera edición alcanzase un millón de ejemplares. Se publicaron 750 ejemplares, de los que 500 se vendieron en un año.

Cuando volvía a tener esperanzas de una nueva vida, comprometido con una amada de juventud a la que había reencontrado viuda, Sarah Elmira Shelton, será encontrado ebrio e inconsciente a la puerta de una taberna en Baltimore, presa de delirios, y conducido a un hospital en el que morirá seis días después. Antes de morir pidió sucesivamente que alguien le metiera un balazo en la cabeza y que Dios se apiadara de su pobre alma. Murió un hombre. Pero quedaba una obra inmortal.

Fuente | Un clásico inmortal: Edgar Allan Poe – Diario Sur.

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5 respuestas

  1. Triste es celebrar la muerte de quienes nos dejaron pero al menos tenemos la oportunidad de volver a ellos cuando queramos .

  2. Ortega, en El Espectador, abordaba el tema de la muerte aludiendo a su inevitabilidad.
    A mí recordar a las personas fallecidas no me suele causar tristeza.
    Lo que me abruma son los vivos que se comportan como moribundos…

    Un saludo.

  3. Recomiendo la biografía de Ackroyd (Poe. Una vida truncada. Edhasa, 2009.). Es un ejemplo de cómo se puede llegar al fondo de un escritor sin necesidad de escribir 900 páginas. Recuerda en intensidad e intuición a las semblanzas de Zweig, aunque el estilo directo y con toques de humor y coloquialismo le aleja de la elegancia solemne del austriaco. El bicentenario de Poe es un buen momento para leerla.

  4. Edgar Allan Poe es mi autor literario favorito, sin duda el mejor de todos los tiempos. Por él fue que yo me inicie dentro del mundo escalofriante de la Literatura de Horror. Ciertamente lo admiro mucho, y de no ser por esa vida tan pesada que llavo, hoy en día no tendriamos la dicha de leer versos de este celebre personaje.

  5. Esto es muy útil para info. Thanks escribirlo.

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