Lectura divina contra la crisis.

Desde que Gutenberg la imprimió hace cinco siglos, la Biblia ha vendido 6.000 millones de ejemplares. En tiempos de crisis aumenta su lectura. Es uno de los libros de cabecera del presidente Obama. En España, la casa de Alba custodia una de las más caras del mundo.

 

Texto: Javier Caballero. Magazine nº 484. El Mundo.es.- 04/01/2009.

 

Dicen los sociólogos que vivimos tiempos laicos, descreídos, momentos de números rojos con la incertidumbre haciendo cola en el INEM. Pero ahora que la crisis aprieta, leer a Dios afloja el nudo. En un escenario global medroso desde el 11-S –donde cada mañana quiebra un banco y a la cena el hombre del tiempo anuncia recalentamientos y plagas –, repunta la lectura de la Biblia, el boletín oficial de los tiempos de Yahvé, la mayor superproducción de la literatura mundial. Ningún volumen tan manoseado, difundido, analizado, leído, repasado y versionado hasta la saciedad en toda la Historia de la Humanidad. Sin campaña de publicidad ni taimados agentes literarios, el Libro de libros, según su etimología, ha vendido 6.000.000 millones de ejemplares desde que Gutenberg accionara el play de la imprenta en 1450. O sea, que a cada habitante del planeta le correspondería un ejemplar para que guíe su moral (serían tres para cada cristiano, cifrándose en 2.100 millones los creyentes).

 

En este ranking le siguen, a gran distancia, los 1.000 millones de ejemplares despachados de las Citas de Mao… circunscritas a una revolución cultural obligatoria. Respecto al Corán, libro sagrado del islam, se estima que reposa en más de 600 millones de hogares. De la Torá judía no hay datos, ni del crisol de doctrinas orientales (budismo, taoísmo, hinduismo…). De lejos, por encima de los 100 millones habría un par de libros de los testigos de Jehová (“La verdad que conduce a la vida eterna” y “Puedes vivir por siempre en la paraíso terrenal”), así como el “Libro del mormón”, de Joseph Smith, escrito en 1830.

 

En definitiva, en esta torre de Babel religiosa, la Biblia alza su voz: ya ha sido traducida a 2.254 idiomas. «Aún falta por editarla en 4.500 lenguas», señala Vicenzo Paglia, obispo de Terni (Italia) y presidente de la Federación Bíblica Católica. Precisamente, en el país transalpino la RAI ha emitido 139 horas seguidas de lectura sagrada. La inició el Santo Padre Benedicto XVI, le secundaron políticos y famosos y, lejos de hacer zapping, los italianos lograron que el share de la cadena pública no fuera un calvario, sino una gozosa resurrección (3,5 millones de espectadores, 20% de cuota de pantalla).

 

Éxito duradero. Con caligrafía humana dictada por la divinidad, fue escrita entre el 1.000 a. C. y el año 150 tras la venida del Mesías. Desde entonces, no ha perdido ni un versículo de vigencia. Ha envejecido mejor que Matusalén. También nació en tiempos convulsos, quizá ahí radique su longevo éxito. «Fue escrita en tiempos de crisis por gente fracasada, que no resentida. El núcleo del Antiguo Testamento se redactó después de la caída de la nación judía, del colapso de las instituciones y de un derrumbe institucional. Por eso, el Pentateuco es un libro guía que da respuestas esclarecedoras, y el Cristianismo surgió como modelo para gente que había perdido sus raíces», argumenta Xabier Picaza, el más reputado biblista de nuestro país y autor de “La nueva figura de Jesús” (Ed. Verbo Divino) y “Las instituciones del Nuevo Testamento” (Ed. Trotta). «En momentos de crisis todo el mundo busca más allá de lo cotidiano, más allá de la realidad visible. Por ejemplo, en Estados Unidos acude mucha más gente a los cultos dominicales. Y en esta coyuntura económica, el texto tiene mucho que decir, como que el principio de todos los males, el peor de todos, es el amor al dinero, que es desgraciadamente lo que han tenido algunos inversores, bancos y empresarios», asegura Pedro Tarquis, portavoz de la Alianza Evangélica Española.

 

En opinión de Picaza, «la Biblia no es un libro piadoso o de introspección como “Las moradas”, de Santa Teresa. Es humano e integral. Resuelve problemas de pervivencia y convivencia, no con el sentido actual de eso que han denominado alianza de civilizaciones. Hay que pensar que el personaje más criticado y revolucionario fue San Pablo. Hace siglos dio una pauta de convivencia, para judíos y griegos, esclavos y libres, hombres y mujeres. Un mensaje actual y a través de esa palabra tan devaluada llamada amor: Todos iguales».

 

Sin distinción racial. Como el huracán Barack Obama. Los analistas dicen que la prolongación de Dios en la Tierra, valorando cuestiones de poder, vive en la Casa Blanca. Y el nuevo inquilino del Despacho Oval es un hombre negro que tiene una Biblia en su mesita de noche. Nadie podría dar un porcentaje de cuánto influirá en sus decisiones más trascendentales la relectura de milagros y parábolas. Lo que sí es cierto que es dentro de 16 días jurará el cargo sobre la Biblia de Abraham Lincoln, un ejemplar que saldrá por vez primera de la Biblioteca del Congreso y sobre el que el presidente abolicionista posó su mano derecha en 1861. Toda una declaración de intenciones, otro gesto preñado de significado. «Es un libro de grandes principios, una referencia no sólo espiritual, sino social y cultural. Dependiendo de quién aplique su espíritu así resultará su eficacia, porque Lincoln acudía a ella…, pero Bush también la leía. Hay quien ha hecho daño en nombre del texto como la Inquisición o las Cruzadas. Obama, como Lincoln o Carter, incluso Luther King, aplicará el libro en lo relacionado a los derechos humanos, el respeto, la igualdad, en ese peso que obliga a que la sociedad mejore. No olvidemos que ha habido presencia de la Biblia en las elecciones presidenciales de EEUU. El voto estuvo dividido tanto en demócratas como republicanos con las escrituras al fondo: moral sexual y aborto por una lado, justicia social y apoyo a las minorías por el otro», explica Tarquis.

 

«A lo largo de la Historia se ha hecho mucha interpretación partidista; desde dictadores, a reyes procedentes del derecho divino como Felipe II o el Rey Sol francés. En contraposición, el texto está en la boca de dos de los movimientos de liberación más importantes del siglo XX: los baptistas negros del sur de EEUU y la Teología de la Liberación. La lectura radical de la Biblia puede ser políticamente muy incorrecta», remata Picaza.

 

A pie de calle, ponemos a prueba la incorrección del libro, su escaso predicamento. Viajar en el Metro de Madrid con la cerviz sumergida en una Biblia suscita recelo entre la mayoría del somnoliento pasaje. Parapetados en un silencio impertérrito, algunos viajeros apartan la mirada con un servidor no vaya a ser que les convierta como un mormón en plena campaña de captación. O de que, asido al pasamanos, un predicador les despache una cita apocalíptica como la que dispara de carrerilla Samuel L. Jackson en Pulp Fiction.

 

Tema tabú. No, el libro divino no parece gozar de buena prensa, de popularidad cotidiana. Los best seller del suburbano son “Los pilares de la Tierra” y su versión catalanizada con talento por Ildefonso Falcones, “La catedral del mar”. Biblias, ni ocultas enrolladas entre las páginas de los gratuitos. «Igual que hablamos de deporte o política, podríamos debatir con más libertad acerca de ella. Al sacar este tema parece que quieres bautizar al otro. Puedes hablar de sexo, de política, pero las Sagradas Escrituras son un tema tabú, lleno de prejuicios. Falta naturalidad y parece que sólo pretendes convertir al interlocutor, adoctrinarle», argumenta Tarquis, que también es director de evangelistadigital.com.

 

Según una encuesta del Vaticano, españoles y franceses somos los europeos que menos la leemos. Pero la cifra no descorazona. Al contrario, nueve millones de españoles leyeron en el último año al menos un versículo. Las cifras en Estados Unidos se elevan hasta el 75%. ¿Cuántos compatriotas de nuestra autonómica nación tienen una casa, aunque sea para acumular polvo? Un 61%, frente el 39% que carece de ella. El 34% lo considera un «libro antiguo de leyendas» y el 17% que proviene «directamente» de labios del Señor. Un 60% la estima «interesante» y el 27% está de acuerdo de que se estudie en las escuelas, frente a un 22% que se muestra en total desacuerdo.

 

Muy pocos ojos se habrán posado sobre la, probablemente, Biblia más cara del mundo (con permiso de las 48 que Gutenberg imprimió en Mainz). Se valora en 2,5 millones de euros… y no está en Judea. Duerme en la madrileña calle Princesa, en las entrañas del Palacio de Liria que levantó el arquitecto Ventura Rodríguez. Data de 1433 y fue la primera que se tradujo al castellano gracias al talento del rabino Moïse Arragel. Se la denomina Biblia de la Casa de Alba, puesto que la aristocrática saga la custodia generación tras generación. El carísimo y bello ejemplar reposa en una vitrina de la biblioteca (Dan Brown se pirraría por fabular una trama esotérica por estos pagos). Se rodea de cuadros de Zuloaga, bustos de Benlliure, raras ediciones de “Platero y yo”, las “Capitulaciones de Felipe el Hermoso y Juana la Loca”, un mapa de Guanahani bosquejado por la mano de Cristóbal Colón… «Son muchos tesoros los que aquí albergamos. En total, contamos con 10.000 volúmenes, pero esta Biblia es el ejemplar más importante por razones bibliográficas y también sentimentales», relata Juan Manuel Calderón, historiador y bibliotecario de Liria.

 

El ejemplar, que durante un tiempo vivió en el Palacio de Buenavista, tuvo una edición facsímil y limitada para conmemorar los fastos del V Centenario. Pese a su importancia, rivaliza con otra ilustre. La primera que empezó a circular en España era protestante y se llama “La Reina Valera”, resultado de la revisión de Cipriano de Valera a la traducción original al castellano que hizo Casiodoro de Reina (también apodada Biblia del Oso, de 1573) en Suiza.

 

Gigante bíblico. Se calcula que las sociedades bíblicas distribuyen cada año 26 millones de biblias. Nadie discute la hegemonía de Zandervan, la mayor editora de biblias del mundo. Sita en Grand Rapids, corazón de Michigan, sus inescrutables caminos no se ciñen a letra impresa. Para acompasar la fe a los tiempos modernos que acontecen Zandervan tuvo una genial idea: meterla en el reproductor musical iPod, icono de la generación del siglo XXI parido por Apple. El resultado fue un producto llamado “El Libro de Jobs”, en referencia al apellido del cofundador de la compañía, Steve Jobs. Cuesta alrededor de 40 euros y reproduce el texto de forma hablada y escrita, simultáneamente, en pantalla. «Creemos que este nuevo formato lo hará más accesible y permitirá a la gente tener tiempo para escuchar o leer la palabra de Dios», indicó Mark Hunt, vicepresidente y editor de nuevos formatos de la empresa. Más estrategias. Una editorial suiza dispuso la Biblia, a 1,5 euros, entre lechugas, filetes de pollo y yogures. Sí, los supermercados franceses, belgas y canadienses fueron sus sus insospechadas estanterías «para que todos aquellos consumidores que no lo han hecho todavía, puedan leerla», declaraba a la agencia AFP Jean Pierre Bezin, director de la Sociedad Bíblica de Ginebra.

 

Más tradicionales son las varias editoriales se encargan de poner biblias en circulación por España. Como PPC, apéndice de la editorial SM. «Por qué es un best seller cada año es una cuestión difícil de determinar, porque su lectura frecuente no está muy consolidada. Sí existe una lectura funcional en parroquias y colegios. En estos tiempos, los libros más leídos son los Proverbios o el mismo Génesis porque aportan paz, hondura y reflexión. Son generadores de propuestas alternativas, de valor. Eso no caduca», estima Adolfo Sillóniz, biblista de PPC. Sólo de su Biblia didáctica han vendido más de medio millón de ejemplares. Y cada año son 40.000 las que viajan a colegios e institutos. «En nuestro país, la Casa de la Biblia es la encargada, desde el punto de vista técnico, de validar y dar el visto bueno a cada nueva versión. Debe ser fiel a los originales griegos y hebreos, y a la vieja Neovulgata, la referencia oficial en latín, o sea el texto más oficial. A nosotros nos ayuda en estos trabajos un jesuita», explica Sillóniz, teólogo y doctor en Sagradas Escrituras.

 

En la sucursal de Dios en la Tierra, el Vaticano, la Pontificia Comisión Bíblica es la encargada de promover el estudio bíblico, fijar su recta interpretación y enderezar las visiones erradas. Lo hace desde 1902 por orden del Papa León XIII. Dos años más tarde el Papa Pío X, por medio de la Carta Apostólica Scripturae Sanctae de 23 de febrero de 1904, concedía a la Comisión Bíblica la facultad de conferir los grados académicos de licencia y doctorado en Ciencias Bíblicas. En la actualidad, entre sus 19 miembros se encuentra un español: Ramón Trevijano Etxeberría.

 

Conflicto en las aulas. Desde la Conferencia Episcopal, cuya Asamblea Plenaria de Obispos ultima una versión de la Biblia, Jesús María de las Heras, periodista, sacerdote y director de la revista Ecclesia, da su parecer sobre la salud de tan revisitado libro, en un momento en el que para muchos impartir la polémica Educación para la Ciudadanía es invocar al diablo. «Corren malos tiempos para su estudio en la escuela, sobre todo, porque se confunden las cosas y los términos. Cuando yo estudiaba lo que ahora es Educación Primaria había una asignatura que se llamaba Historia Sagrada y era una de las preferidas de los alumnos y de los profesores.

 

Además, dudar del valor cultural, antropológico, social y religioso de la Biblia es una ignorancia supina cuando no una maldad. En ella encontramos la mejor literatura, la mejor narración histórica, la más bella poesía –por ejemplo, los Salmos, el Cantar de los Cantares…–, el mejor libro de estilo para contar una historia y cautivar con pocas palabras la mente y el corazón de los lectores. Es un compendio de géneros literarios, de imágenes, de metáforas, de sugerencias. Y es un libro vivo. De ahí su éxito editorial». Con traducción de Isabel Prieto, La Esfera de los Libros acaba de lanzar “La Biblia de Juan Pablo II”, volumen que está siendo muy regalado estas navidades y que recorre los pasajes que más conmovieron a Karol Wojtyla, del Génesis al Apocalipsis.

 

Lejos de connotaciones religiosas, muchos ateos, agnósticos y faltos de fe alaban su valor literario, la inspiración y las fuentes que otorga la Biblia. Al realizador Pedro Almódovar le parece «un libro ameno que me recuerda “Las mil y una noches” por esas ficciones que se engloban unas a otras». Para Lucía Etxebarría, premio Nadal 1998, «es un culebrón muy divertido. Tiene destrucción de ciudades, sodomía, traiciones, historietas, grandes mitos y, además, una filosofía muy tolerante». El gran Eduardo Mendoza, autor de “La verdad sobre el caso Savolta” o la reciente “El asombroso viaje de Pomponio Flato”, salpimenta sus novelas de guiños bíblicos, citas y referencias. Hasta la irreverente Doris Lessing, que llamó «jodidos suecos» al jurado que le dio el Nobel de Literatura, asegura que «desde el primer versículo del Eclesiastés, uno es arrastrado por una marea alta de sonidos que resulta hechizante, casi hipnótica».

 

Martín Casariego, Ray Loriga, Juan Manuel de Prada…. La retahíla de intelectuales es amplia. En septiembre de 1998, todos ellos prologaron “La Biblia laica”, un exitoso experimento de Muchnik Editores. Fueron 32.000 ejemplares sin el visto bueno de la Conferencia Episcopal que, no obstante, no objetó nada: a fin de cuentas, de difundir cultura se trataba con la excusa de las Sagradas Escrituras. «Uno no puede ser parte del mundo occidental sin haberla leído. Estaríamos como marcianos. Sin la Biblia no se entendería el Museo del Prado», sostiene el sociólogo Amando de Miguel. Además, Sofía Loren, Emilio Butragueño, Pamela Anderson, Kaká, Lauryn Hill, Denzel Washington o Mariah Carey conforman algunas de las estrellas de la cultura popular que han hecho público proselitismo del texto sagrado.

 

Fuente cultural. No sólo futbolistas, cantantes y actores de Hollywood han recomendado sus páginas. El diplomático y poeta francés Paul Claudel escribió que la «Sagrada Escritura se ha convertido en una especie de inmenso vocabulario». El pintor Marc Chagall la definió como «atlas iconográfico del que se han nutrido la cultura y el arte cristianos». Goethe estaba convencido de que el Evangelio fue la «lengua materna de Europa». «¿Más ejemplos? Cervantes, San Juan de la Cruz, Lope de Vega, Dostoievski, Tolstoi, Peguy y un larguísimo etcétera. Y también no creyentes, como el Nobel José Saramago. Como afirmaba el mensaje final del pasado Sínodo de los Obispos sobre la Palabra de Dios, la Biblia es el gran código de la cultura universal: los artistas, idealmente, han impregnado sus pinceles y obras en ese alfabeto teñido de historias, símbolos, para que se conviertan en parábolas existenciales. Todos se han planteado preguntas sobre los misterios del espíritu, el infinito, el mal, el amor, la muerte y la vida», apostilla De las Heras. Para finalizar, una cita certera formulada por el filósofo y teólogo suizo Johan Caspar Lavater en 1780: «Dios preserva a los que ama de lecturas inútiles». Amén. 

 

Fuente: Magazine. El Mundo.es

 



Categorías:Artículos

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2 respuestas

  1. wow! 6 mil millones, eso es casi un ejemplar por ser humano que habita en el planeta, desde luego este número lo ha logrado en poco más de 5 siglos.

    Interesante post.
    Saludos

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  1. Bible | Pearltrees

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