El Mundo de los Pensamientos.

La Frontera del pensamiento. Texto: José Antonio Garriga Vela. Diario Sur – 19.04.2009.

 

La semana pasada me puse a echar cuentas del tiempo que perdía en cuestiones rutinarias: el medio minuto que pasaba en el ascensor cada vez que subía o bajaba de mi casa; la cola del banco, del cajero automático, de la panadería y del supermercado; el semáforo; las horas de sueño y de insomnio. Al final, descubrí que estaba perdiendo dos terceras partes de la vida en asuntos triviales que no me deparaban ningún beneficio. Entonces decidí aprovechar el tiempo lo máximo posible. A partir de ese momento, me propuse pensar mientras cumplía con cualquiera de esos trámites. El pensamiento es acción. El ocio suele ser una excusa para desarrollar el pensamiento. Pienso, por ejemplo, en el pescador que aparentemente no hace nada mientras aguarda que el pez pique el anzuelo y, sin embargo, emplea el tiempo muerto para pensar en silencio. Igual que sucede al cazador que espera, inmóvil entre la maleza, la llegada de la presa. Lo mismo que sucede con los tiempos muertos del baloncesto.

 

Ahora paso el día pensando. Pienso, incluso, sin querer. Pienso cuando estoy solo y cuando voy acompañado. No dejo de pensar si me encuentro con alguien conocido por la calle. Me detengo y procuro dar la impresión de que estoy atento a lo que me dice, pero nada más lejos de la realidad; aunque parezca que estoy pendiente de la conversación, mi cabeza anda en otro lado, en el territorio de los pensamientos. Hay una muralla invisible que me separa de los otros: La frontera del pensamiento. Un lugar reservado. Nadie puede penetrar en él sin mi consentimiento. Desde que decidí ocupar el tiempo, no me importar guardar cola ni estar quieto en un semáforo o en una caravana; pues aunque yo esté parado los pensamientos nunca se detienen. Tenemos la cabeza redonda para que los pensamientos puedan dar vueltas. Así que ya no tengo esa incómoda sensación de estar pendiendo el tiempo sino todo lo contrario. Estoy deseando estar en una de esas colas silenciosas, rodeado de personas que no conozco, y dejarme llevar por los pensamientos.

 

Desde que he tomado la decisión de vivir exclusivamente en el mundo de los pensamientos, me he convertido en un ciudadano peligroso. No hay día en el que no cometa algún asesinato. No soporto ir por la calle pendiente de mis pensamientos y que alguien me obligue a regresar, de forma violenta, al mundo real. Un grito o la bocina de un coche me trastornan. Entonces soy capaz de matar con el pensamiento. Pero, a medida que pasan los días, cada vez estoy más ensimismado y creo que ando perdiendo audición en ambos oídos. A menudo, dejo pasar el turno en las tiendas con tal de no interrumpir el pensamiento. Nunca he estado tan bien con tanta gente y a la vez tan solo.

 

En Algún Día│ José Antonio Garriga Vela.

 



Categorías:Pareceres

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1 respuesta

  1. Yo soy contrario. Trato de no pensar tanto, he observado que las ideas sonmuy lejanas a la realidad, que mientras pienso en viajar o decir algo lindo la oportunidad ya ha pasado. La mente para mi es un vicio peligroso que a veces me da vueltas y no me permite existir (Pienso luego existo), me gustaria realmente tener capacidad de analisis para resolver las grandes incognitas que me aquejan, pero no las puedo resolver pensando ¿Por que me ha dejado de importar la escuela? ¿Cual es mi camino? ¿Existe un camino para mi? Me gustaria dejar de pensar en eso y solo caminar… Pero no puedo….

    Un saludo y buena entrada!!!

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