Celebración de las letras japonesas.

La reedición de Heike Monogatari – obra del período medieval – y de Kokoro – novela de comienzos del siglo XX – invita al reencuentro con una narrativa que va más allá de las modas y las urgencias de la actualidad.

Texto: Anna-Kazumi Stahl. © LA NACION – Buenos Aires, 12.07.2009.

Es un privilegio escribir un texto que invita al disfrute: la reedición de literatura japonesa en español es causa para celebrar. Es un emprendimiento de la editorial Del Nuevo Extremo, que permite que títulos publicados por Gredos lleguen nuevamente a nuestras manos. Han comenzado por dos obras: una del período medieval, Heike Monogatari (o El cantar de Heike), muchas veces comparada con la monumental El relato de Genji (del 1008-1011) aunque referida a temas más bélicos que amorosos, y Kokoro, de Natsume Soseki (1867-1916), cuya narrativa fue fundadora de la novela moderna en Japón. Luego de estos títulos, prometen otros más: hay un sostenido interés en la literatura y la cultura japonesas por parte de los lectores, y esto ayuda a que se puedan leer textos más allá de los best sellers de la actualidad.

Cuando recibí la invitación a escribir sobre estas reediciones, me resultaba difícil dar con la manera de tratarlas en un mismo texto. A primera vista, son libros demasiado diferentes.

Heike Monogatari, obra que surgió de la tradición oral, narra la violenta puja por el poder entre dos clanes feudales en el Japón del siglo XII. Fue transcripta recién dos siglos más tarde, en 1371. En cambio, Kokoro (literalmente “corazón” o “sentimiento genuino”), publicada en 1914, es una novela moderna, narrada en primera persona por dos narradores diferentes (el joven estudiante en las primeras dos partes y el Sensei en la tercera), que explora temas íntimos y abstractos como el egotismo y la soledad del individuo en la sociedad moderna industrial y, sin rechazarla, reevalúa con escepticismo la rápida occidentalización en Japón al comienzo del siglo XX. ¿Qué tiene que ver una obra con la otra y en ese caso, cómo tratarlas juntas? Desde ya que, para estudiarlas en detalle, habría que describirlas por separado, pero ¿hay algún punto de resonancia que las vincule?

De hecho, a pesar de diferir en la temática y las cuestiones formales, ambos textos surgieron en medio de profundas transiciones en la historia y la cultura japonesas. No sólo son artefactos que dan testimonio de aquellas convulsivas metamorfosis, sino que justamente estas dos obras han sido reconocidas posteriormente por haber abierto paso a nuevos rumbos. En ese sentido, los dos son textos valorados por su función innovadora, casi iniciática de nuevas formas, no sólo en la literatura sino también en la cultura. Captaron lo novedoso en el horizonte nacional y le dieron una forma estética que perduró en la historia e incluso estimuló nuevas creaciones en la misma línea.

Heike Monogatari captó la llegada de la clase samurái y sus valores particulares al centro del escenario nacional, además de situar su eje conceptual en la ley budista primordial, la de la fugacidad de todo en la vida. Relevante para su época al punto de calificar como visionaria, esta obra ha demostrado una capacidad de resultar pertinente y vital también en épocas posteriores: es fuente para obras de la ópera Noh (siglo XIV), para el teatro clásico Kabuki y el de marionetas (siglo XVII), para los cuadros y grabados de los siglos XVII – XVIII. Vale la comparación con las epopeyas antiguas de Occidente, como La Ilíada de Homero o La Eneida de Virgilio, o las épicas medievales europeas, como La canción de Roland o el Cantar de mio Cid. No sólo se trata de una obra maestra del arte narrativo en su momento histórico, sino que, al generar todo tipo de inspiración, demuestra una relevancia cultural capaz de superar los límites de periodicidad y los de género o “rango” estético. En el siglo XX, Heike Monogatari inspiró a prosistas tan renombrados como Akutagawa y Kikuchi; en 1950 una versión elaborada por Eiji Yoshikawa salió serializada en los diarios. Fue llevada al cine por realizadores tan diferentes como el refinado Kenji Mizoguchi (Ugestu, La vida de Oharu) y el más audaz y posmodernista Takeshi Miike, cuyo Sukiyaki Western: Django (2007) toma la derrota final de los Heike como trasfondo. También en el film Kwaidan (1964, Masaki Kobayashi), basada en la recopilación de Lafcadio Hearn, los fantasmas de los Heike visitan a un cantante ciego para que les recite el Monogatari y dé consuelo a sus almas.

Kokoro, por su parte, como también las demás novelas de Soseki, es célebre por haber abierto el camino de una narrativa japonesa capaz de lidiar con el conflicto de valores al comienzo del siglo XX, cuando una conciencia moderna y occidentalizada irrumpió en una sociedad tradicionalista regida por rígidas estructuras verticales. En ese sentido, Soseki ofrece la inauguración de la novela moderna japonesa, innovación que dará su fruto también en la evolución posterior con autores como Tanizaki, Kawabata, y otros. De hecho, el premio Nobel Oé dijo que admira a Soseki por haber creado una nueva sensibilidad humanista y hasta el controversial Haruki Murakami lo nombra entre sus lecturas predilectas, pobladas de autores no japoneses como Fitzgerald, Carver y Manuel Puig. En ese sentido, Heike Monogatari y Kokoro son dos obras disímiles que comparten un mismo carácter: las suyas son las voces que inauguraron épocas nuevas y ejercieron – ejercen aún hoy – una influencia vital y perceptible en artistas posteriores.

La palabra monogatari significa relatos y Heike refiere al poderoso clan (de nombre familiar Taira) que ascendió hasta la cima de influencia sobre el poder nacional durante el siglo XII, cuando logró engendrar a un heredero al trono imperial. No obstante, cayó con velocidad y violencia, derrotado por el clan rival, los “Genji” (de nombre familiar Minamoto), quienes tomaron entonces control del país y dieron inicio a lo que iba a ser un período de casi siete siglos de dominio de los guerreros samuráis.

Durante el siglo XIII, los biwa-hoshi (cantantes ciegos, normalmente monjes, que tocaban el laúd japonés biwa al cantar) rememoraban los sucesos del siglo anterior y esos relatos, de transmisión oral, serían refundidos y organizados en el siglo XIV. Si bien el texto ha servido como fuente de información histórica, los elementos narrativos lo ubican en el campo de la literatura: los personajes (tanto los samuráis como las damas y las cortesanas) nos llegan con una vitalidad y una precisión inolvidables, el lirismo de las voces en pena y la fuerza de la línea argumental hacen que las escenas de estrategias, triunfos enviciados y persecución se enhebren con una tensión cada vez más dramática hasta llegar al máximo enfrentamiento final. La versión escrita data del 1371: son 12 libros breves más un Epílogo que algunos tratan como un texto sagrado. De hecho, toda la obra tiene algo de plegaria, pues uno de los propósitos de cantarla era calmar las almas en pena luego de tan calamitoso conflicto nacional.

Este aspecto ritual de la palabra lírica o literaria – como un homenaje capaz de calmar las penas de los muertos en batalla – es un concepto íntimamente japonés y resuena con las creencias budistas basadas en el renacimiento de las almas y la ley de retribución kármica. La creencia mantiene su firmeza aún hoy: los cangrejos de la zona costera donde sucedió la última batalla en 1185 se llaman cangrejos Heike, y la superstición sostiene que portan las almas de los caídos, que aún no se desvincularon del sitio. Esta idea ritual de repetir una historia para acordar paz para las almas otorga un tono de inmediatez, casi de urgencia, a los versos, por lo que cada episodio conmueve y comunica una empatía profunda.

En toda la obra hay ecos de la ley budista de la fugacidad y lo ilusorio de todo lo que existe en el mundo material. Esta dimensión religiosa que es cultivada en Heike Monogatari llega sin tonos dogmáticos, con delicadeza lírica y muchas veces a través de imágenes sensoriales o personajes vívidos.

Si bien las escenas de acción resultan vívidas, los personajes individuales son memorables. En el centro está el vil Kiyomori, poderoso como señor feudal. La primera mitad de la obra lo sigue mientras (al estilo de un Ricardo III de Shakespeare) despliega todo tipo de violencias e intrigas para lograr captar el poder imperial. Vemos también a sus contrincantes, los del clan rival Genji, encarnados en esta obra por el trío de parientes: el formidable Yoritomo, su hermano Yoshistune y el primo Kiso no Yoshinaka. Estos nombres resuenan para el japonés como lo deben de hacer el Rey Arturo, Ulises o Aquiles en otras culturas.

Uno cierra el libro con la sensación de sentir retumbar las voces estridentes de los personajes. Parecen vivir más allá del marco temporal o geográfico de la historia. De hecho, la reescritura de ciertos episodios en el Heike Monogatari llevó a la creación de narrativas modernas: Akutagawa escribió una versión moderna del relato que trata el exilio de Shunkan, monje y víctima de los arranques de crueldad de Kiyomori. En Heike Monogatari, Shunkan es el desterrado que carece de orientación y anclaje. Quizás sea la figura que encarna esta época moderna de cambio tan veloz hasta de parecer vertiginoso.

En un diario personal datado en los primeros años del siglo XX, el autor de Kokoro, Natsume Soseki, critica no la modernización sino el exceso de idealismo ciego y poco pensante. Si bien era claro que Japón podía absorber lo occidental, Soseki dudaba de que lo pudiera digerir. A esta inquietud responde con sus novelas. En vez de imitar la novela occidental con el agregado de elementos japoneses, Soseki desarrolla un lenguaje distinto y construye una narrativa innovadora, capaz de tratar tanto la nueva sensibilidad como el modo tradicional de los japoneses.

Kokoro (1914) es una obra del período maduro del escritor; muchos la consideran su obra maestra. Muestra un Japón en plena transformación desde la capital. A través de dos personajes, un hombre mayor amargado y taciturno (al que lo llaman Sensei o “maestro”) y el joven estudiante, la novela explora la brecha entre las generaciones en el período de la modernización. Grandes temas surgen de las diferencias entre los dos: la responsabilidad o la culpa en relación con el deseo liberado, el egocentrismo que reside en el centro o corazón del ser humano.

Ambos personajes evolucionan a causa de su mismo contraste. Llegamos al dramático fin del misterio que tanto marcaba la figura de Sensei, mientras el Japón de épocas anteriores al siglo XX evanece, y el joven asume responsabilidad como heredero intelectual o espiritual de sus mayores. Sensei le escribe: “¿voy a intentar abrirme yo mismo el corazón y verter su sangre en tu cara. Si con ella puedes concebir una nueva vida? estaré contento”. Como una versión en vida de aquella transferencia entre maestro y jóvenes, Soseki fue un gran mentor para otros autores del mismo período, incluso Akutagawa y Kume.

El trabajo del traductor merece un comentario aparte: Carlos Rubio debe de ser el más destacado traductor de obras clásicas japonesas al español. También ha contribuido muchísimo en esta tarea Antonio Cabezas, desafortunadamente fallecido el año pasado luego de muchas décadas de logros. Rubio, en equipo con Rumi Tani Moratella (colaboradora también para traducir el Kojiki, primera obra literaria del Japón), dan un “son” auténtico al Heike Monogatari ; el lenguaje suena fluido y natural, el tono enérgico o refinado según exige el contexto narrativo. Esta versatilidad se destaca en la versión de Rubio del discurso urbano e intimista en Kokoro.

Con estas traducciones recibimos prólogos abarcadores que proveen una sólida orientación histórica y cultural, con el agregado de glosarios de las palabras en el original japonés, diagramas para seguir los linajes familiares y los árboles genealógicos, hasta planos de los espacios domésticos para mejor visualizar la acción dramática. Lingüista e investigador, Rubio escribió el tratado amplio: Claves y textos de la literatura japonesa (Cátedra, 2007). Es de esperar que siga contribuyendo a la traducción de más literatura moderna japonesa.

Más información:
Ficha del Libro: Heike Monogatari (o El cantar de Heike) (Nota PDF)
Ficha del Libro: Kokoro , de Natsume Soseki (Nota PDF)
Leer Genji Monogatari.
‘Genji’ Y ‘Heike’, novelas del antiguo Japón.
Crítica: Genji en “deshabillé
Fragmento Literario: Kokinshuu. La antología imperial.
Crítica: La epifanía de los guerreros.
El yin y el yang de las letras japonesas.



Categorías:Artículos, Libros

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2 respuestas

  1. Se ve interesante en el Heike

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  1. Japón por escrito. « Algún día en alguna parte

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