In Memoriam: 20 años sin Bette Davis.

No era bella en el sentido canónico del término que se usaba en su época, no era bella pero fue una de las más grandes actrices de la historia del cine. Se cumplen veinte años de su muerte y sus ojos, motivo de una canción famosa, siguen llenando la pantalla con toda la intensidad y con toda la pasión que un espíritu de tanta fuerza proyectaba hacia los espectadores. En ella se cumplía de modo eminente la afirmación popular: Habla con los ojos. Era mala y lo sigue siendo, la más mala y precisamente por eso admirable y seductora hasta la fatalidad. Si te quedas mucho tiempo mirándola te droga hasta el extremo de volverte loco de amor.

Bette Davis poseía la fuerza del genio, la que no se puede aprender en ninguna parte, era letal, un veneno que entraba por las venas, que se sabía mortal y, precisamente por eso, se deseaba en dosis cada vez mayores. Aunque no faltaron papeles de joven enamorada y de heroína filantrópica lo que la hizo eterna fue el egoísmo y la soberbia radicales prendidos en el instante de un fotograma. En su vida no fue nada mala, al contrario, muy desgraciada, pero qué importa la vida mientras haya un escenario o un estudio.

La sala a oscuras, que el cine hay que verlo en pantalla grande o no es cine. Silencio, los sentidos puestos en la ventana de los sueños, en ese universo de ficción donde todo es posible, ellas, las malas nos seducen, nos arrastran, son el objeto del deseo y lo saben, que es lo peor y lo mejor al mismo tiempo. De manera simultánea conquistan en muchos lugares del planeta a los ingenuos que caemos rendidos a sus artes casi diabólicas, artes de hechicera, son las hijas del vampiro, son la tentación en estado puro, vampiresas que se esconden en las sombras o se muestran a plena luz con el brillo del lujo; de pie o tumbadas, son las mantis de la religión del placer, sumas sacerdotisas de las habilidades amatorias, mujeres fatales.

Dicen que tienes veneno en la piel, como en la canción; en efecto, veneno y muerte en el último estertor de un orgasmo que se quiere infinito, que se sabe imposible y que alimentaba los húmedos sueños de los adolescentes porque ahora los orgasmos son más fáciles de tener muy pronto.

«¿Tienes una pistola en el bolsillo o es que te alegras de verme?». Sensual, inteligente, guionista de sus películas, escenógrafa, valiente, muy valiente, consiguió escandalizar a unos Estados Unidos muy puritanos, de señoritas con cuellos hasta la nuez y falda casi hasta el tobillo. Consiguió algo muy difícil en una sociedad machista, elegía a los actores de sus películas. Eso es mando y lo demás tonterías, no olvidemos que estamos en los años veinte y treinta del siglo pasado. «Cuando soy buena, soy buena, cuando soy mala, soy mucho mejor». Sus frases ingeniosas, llenas de doble intención, se siguen repitiendo. Fue la primera vampiresa de verdad, la primera mujer fatal. Sus poses eran una mezcla de languidez y de provocación.

Entre 1934 y 1935, Dalí tomó su foto para construir con sus rasgos un interior realista. El cuadro se titula “Retrato de Mae West” que puede utilizarse como apartamento surrealista; en él, la boca es un sofá que después el pintor mandó fabricar y la estancia toda se reprodujo en tres dimensiones a finales de los setenta en Figueras. No me parece mal este maridaje entre la provocación y el universo daliniano donde cada ojo de Mae es un cuadro de la estancia y la nariz es la chimenea. Desde luego ese espacio es el más apropiado para sus hazañas amorosas, reales o inventadas, da lo mismo al que esto escribe, a ella, no, desde luego.

Impuso la moda del pantalón entre las mujeres, fue elegante siempre, ejemplo de una fatalidad misteriosa que se volvía azul en las volutas del cigarrillo y en el título de “El ángel azul”. Su hija la odió como sólo puede odiar alguien tan próximo. La acusó de frígida, aunque lo morboso de su vida fue la bisexualidad y sus posibles relaciones con la Piaf y, sobre todo, con Greta Garbo. La lista de sus amantes de uno y otro sexo es muy extensa, mejor para ella. Su versión de “Lili Marleen” es un clásico. Además de triunfar en el cine, fue la única que rivalizó en serio con la Garbo, consiguió un gran éxito como actriz de cabaret pese a su voz que no era nada especial, pero qué importa, ella era especial. Supo mantener su imagen, inspiración para los mejores modistos, hasta edad muy avanzada. Vistió el látex mejor que nadie. Sus últimas palabras fueron: «Lo quisimos todo, y lo conseguimos, ¿No es verdad?» ¿Hace falta que diga su nombre? No lo creo pero por si acaso, Marlene Dietrich.

En la foto el deseo, una mira al espectador, la otra se entrega en la contemplación amorosa, es una magnífica y elegante escena sáfica. Se discute si la Dietrich es o no es, me da igual, en el mundo de Hollywood se comentó siempre que junto con la rivalidad quedaba el recuerdo de una pasión ardorosa. La Garbo, La Divina, la mujer que nunca se rió delante de las cámaras, sólo una vez y fue una carcajada, en la película “Ninotchka”.

El misterio es el mejor cultivo para los comentarios y la Garbo dio que hablar precisamente por su carácter retraído, por su gusto por la soledad, por abandonar el cine a los 36 años, en el momento cumbre de su carrera. Se ha dicho que ha sido el rostro más bello que se ha asomado a la pantalla, eso va en gustos pero seguramente ha sido el más enigmático, un rostro que estaba sin estar, que se escapaba en su propio ensimismamiento. Quizás no pudo resistir el paso del tiempo al contemplar la primera arruga y se refugió en su apartamento neoyorquino que asediaban los fotógrafos. Rechazó un Oscar honorífico y se ocultó detrás de unas gafas oscuras y de un sombrero. En su última entrevista el periodista empezó: «Yo me pregunto…», ella lo interrumpió: «¿Por qué preguntarse?» Ahí acabó todo. Quedan en la memoria su Mata Hari, su Ana Karenina y, para servidor, una excepcional Cristina de Suecia.

Malas, maravillosamente malas, admirables y únicas, así, ya no quedan, todo es más prosaico y mucho más débil, qué se le va a hacer.

Malas, muy, muy malas. Texto: Antonio Garrido. Diario Sur. 03.10.2009.



Categorías:Cine, In Memoriam

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2 respuestas

  1. Para mí , muy , muy bella.
    Ella y Anna Magnani, mis favoritas.

    Gracias. Excelente artículo.

    Saludos.

  2. La famosa canción es Bette Davis Eyes (no podía tener otro título), de Kin karnes.
    Hay en Youtube un vídeo estupendo. Os pongo el enlace:

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