Bolañomanía XXIII. Leer con y contra Bolaño.

Su temprana muerte, a los 50 años, y la publicación de su novela «2666», han hecho de Bolaño un mito plagado de complejidades. La última leyenda, que no cesa, de la literatura Thomas Chatterton vivió entre 1752 y 1770 y su principal aporte a la literatura inglesa fue la invención de Thomas Rowley, un monje del siglo XV al que le atribuyó sus poemas; de acuerdo a sus biógrafos, Chatterton se suicidó por temor a ser descubierto, pero las razones de su muerte tienen menos importancia que la genealogía de escritores malditos a la que dio origen y a la que también pertenecen Arthur Rimbaud, Charles Baudelaire, Aloysius Bertrand, Edgar Allan Poe y otros. El escritor chileno Roberto Bolaño compartió con estos autores una muerte prematura, una personalidad poco convencional y una concepción romántica de la vida y de la literatura; también, una obra radicalmente cuestionadora de los valores y las instituciones literarias dominantes en su época, que, sin embargo (y paradójicamente), lo ha convertido en uno de sus autores más valorados. Que Bolaño haya sido absorbido por esas instituciones lleva a preguntarnos por qué ha sido así y si no es necesario leer una vez más su obra para comprender cuan fuera de lugar está en el centro de la escena.

Uno. La transformación de Bolaño en lo que podríamos llamar un icono pop de la literatura de nuestro tiempo ha sido excepcionalmente veloz y ha contribuido a una serie de desplazamientos en la escena literaria que parecen haber sido previstos por el propio autor de Los detectives salvajes. La defensa entusiasta de su obra por parte de Susan Sontag poco antes de su muerte y la publicación en Estados Unidos de 2666 en 2008 se anticiparon a su canonización por parte de la academia, que es tradicionalmente la institución que fija el pasado literario, al tiempo que supusieron su transformación en un fenómeno global. Pero Bolaño ya había sido investido con las características de un icono pop bastante antes de su muerte, con su aparición como personaje en Soldados de Salamina de Javier Cercas (2001) y en obras de Rodrigo Fresán, Eduardo Halfón y Jorge Volpi. Al igual que en el caso de su aparición como personaje literario, la recepción de su obra en el mundo angloparlante ha estado determinada por aspectos biográficos y que se encuentran en consonancia con el estereotipo del escritor maldito a la manera de Chatterton, de allí las leyendas que lo presentan como una especie de heroinómano iluminado o las que lo muestran como un joven escritor enfebrecido escribiendo en un piso cochambroso de la calle Tallers de Barcelona, todas resultado de proyecciones y ansiedades sociales en torno a lo literario que recorren nuestra época.

Dos. La apropiación de la figura de Bolaño por parte de ciertos lectores y su transformación en un icono pop deja de lado los aspectos más disruptivos de su obra pero no es excéntrica a la misma, que incluye una novela escrita con Antoni García Porta titulada Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce (1984) y suele interesarse por figuras de la cultura popular como actrices pornográficas y periodistas, y por medios mecánicos de reproducción como la fotografía o el cine, pero también adopta técnicas del pop como la serialidad o su combinación con elementos ajenos a su esfera de pertenencia, la reescritura y la producción de textos concebidos como extensiones de otros textos anteriores, como en el caso de las novelas Estrella distante (1996) y Amuleto (1999), derivaciones del último fragmento de La literatura nazi en América (1996) y de Los detectives salvajes (1998), respectivamente. También la supuesta facilidad y la ironía, que son algunas de sus marcas, y una concepción vitalista de la literatura.

Tres. A lo largo de su vida, Bolaño parece haber concebido su intervención en la escena literaria a la manera de una vanguardia unipersonal y belicosa cuya finalidad última era la renovación de esa misma escena. Muy pocos pueden cuestionar el hecho de que Bolaño triunfó en su guerra personal, pero el precio a pagar parece haber sido su adecuación a los grandes públicos, el desinterés por la toma de posición a favor de los marginales que es explícita en su obra y la eliminación de los aspectos más escabrosos y cuestionadores de esta; es decir, su transformación en un icono pop vaciado de sentido. Aunque la centralidad de la figura de Bolaño en la escena contemporánea provoca satisfacción por tratarse de la del autor de una obra sólida e inconformista, el hecho de que, siendo tan cuestionadora del sistema literario, haya pasado a ocupar su centro resulta contradictorio e incómodo. Una explicación quizás radique en la forma en que los sistemas literarios tienden a preservarse: la centralidad de la obra de Bolaño se justifica así como el resultado de una reacción lógica del sistema que mantiene su integridad incorporando las obras más cuestionadoras de las formas institucionalizadas mediante el desplazamiento del interés hacia aspectos anecdóticos de su producción y a la construcción del mito trágico del escritor maldito.

Cuatro. «La muerte realmente puede hacer que parezcas una estrella», afirmó Warhol. La popularidad de Bolaño como icono pop (que Rodrigo Fresán ha llamado su «popsteridad») eclipsa su obra misma y distrae de la que es una tarea pendiente, leer a Bolaño una vez más y mejor y hacerlo de la forma en la que él mismo leyó a la tradición y a sus contemporáneos, es decir, con sospecha. Leer con Bolaño y contra Bolaño reivindicando, contra la unanimidad que tanto fastidiaba al chileno, su peligrosidad, que es la de todo gran escritor, y el desafío radical que su obra, que se resiste aún a ser normalizada, representa para las instituciones literarias y para los lectores. Algo similar a lo que proponen los grafitis que estos días pueden verse en calles de Barcelona y que invitan a volver a leerlo junto a una imagen serigrafiada de su rostro, es decir, una imagen destinada a la multiplicación pop de su figura.

Fuente: ABCD.es.

En Algún Día │Roberto Bolaño.



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