“Tres novelas en imágenes” de Max Ernst.

“Mis vagabundeos, mis desasosiegos, mi impaciencia, mis dudas, mis creencias, mis alucinaciones, mis accesos de cólera, mis rebeldías, mi negativa a someterme a cualquier disciplina, aunque fuera la ideada por mí mismo… No han creado un clima propicio a una obra sosegada y serena”. Max Ernst (Brühl, Colonia 1891-París 1976) reflexionaba así sobre su propio trabajo.

Título: Tres novelas en imágenes. | Autor: Max Ernst. | Editorial: Ediciones Atalanta. | Encuadernación: Cartoné.17.5 x 24 │ Género: Novela Ilustrada. │Traductor: Héctor Sanz Castaño. | Páginas: 520. | Año: 2008. | ISBN: 978-84-9357-639-4. | Precio: 45 € 

Más allá de la pintura. Max Ernst en la colección Würth. Museo Picasso Málaga. Palacio de Buenavista. San Agustín, 8. Hasta el 1 de marzo de 2009.

Entre 1929 y 1934, el artista alemán Max Ernst compuso tres sorprendentes e innovadoras novelas en imágenes tituladas “La Mujer 100 cabezas” (1929), “Sueño de una niña que quiso entrar en el Carmelo” (1930) y “Una semana de bondad o los Siete Elementos capitales” (1934). Con sus más de cuatrocientos collages dispuestos uno tras otro, a veces con pies de ilustración, forman en su conjunto «uno de los poemas más bellos del siglo XX»; o también, podría decirse, la más sugerente novela de todo el movimiento surrealista. La editorial Atalanta las rescata ahora en un único volumen publicado recientemente.

 El artista alemán utiliza una peculiar técnica de collage para realizar estas historias. A partir de grabados de madera de mediados del XIX superpone imágenes para crear las escenas que le interesan. No utiliza demasiadas fuentes en cada estampa, pero aún así los originales son totalmente irreconocibles. A finales de los años veinte y principios de los treinta, nadie utilizaba estos grabados para realizar los collages. Para Ernst, en cambio, eran el material ideal.

Entre las tres novelas ilustradas, sin embargo, se puede ver una evolución. “La mujer 100 cabezas”, la primera que realizó, es la más compleja. No fue comprendida por sus coetáneos y Ernst optó por respetar más el hilo argumental en las siguientes. Paralelamente, los temas fueron haciéndose más críticos con su mundo. Si la primera era prácticamente una historia de amor, “Sueño de una niña que quiso entrar en el Carmelo” es una crítica a la Iglesia y “Una semana de bondad”, no deja bien parada a la sociedad burguesa y la política. No hay que olvidar que, para cuando publicó esta última, Hitler ya era presidente del III Reich.

La mujer 100 cabezas es una historia cíclica compuesta por 147 collages. A través de ellos, se conoce a un hombre-experimento, su infancia, adolescencia, sexo y vida más allá de la muerte, para entonces volver a empezar. Sin embargo, la lectura -o visionado- de esta historia no es tan ordenada como puede parecer en esta breve descripción. Se recomienda dejarse llevar y no intentar analizar al detalle argumentos y líneas de acción.

Sueño de una niña que quiso entrar en el Carmelo no es, ante todo, una historia inocente. Si la anterior se podía estudiar como una novela de amor, esta es totalmente anticlerical. La protagonista es una joven que a través de sus sueños practica toda clase de orgías, en los que Dioses, sacerdotes o serpientes tienen su propio papel.

Su última obra, Una semana de bondad, es la “más elaborada y la mejor desde el punto de vista estético”, según asegura Juan Antonio Ramírez en el epílogo del volumen que publica Atalanta. Las imágenes de esta galería corresponden a esta historia, que recorre los días de la semana a través de diferentes elementos de la naturaleza y símbolos. Ernst planteó Una semana de bondad, como una novela en siete entregas, una dedicada a cada día. El lunes era verde y agua; el martes, fuego y dragón; el miércoles, el día de la sangre y Edipo… y así sucesivamente. Sin embargo, se vio obligado, ante la falta de respaldo, a unir las tres últimas entregas en dos, lo que tuvo su repercusión en la calidad.

Con ciertas semejanzas como, por ejemplo, los Caprichos de Goya, las novelas en imágenes de Ernst pretendían reírse de las novelas burguesas. Si aquellas se acompañaban de ilustraciones que reconstruían la historia aunque con elipsis, el artista optó por eliminar totalmente la narración y sustituirla por imágenes

Censura: Ernst no tuvo reparos en sus críticas contra la autoridad política, eclesiástica o social. De hecho, en 1936, antes de que estallase la Guerra Civil, el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid expuso los collages de “Una semana de bondad“, algunos fueron omitidos para evitar las protestas.

Reseñas:

Joyas de Biblioteca- Manuel Rodríguez Rivero. Babelia 

Max Ernst, la imagen que sugiere mil palabras– La Vanguardia. 

Ficciones de Max Ernst I. Babelia 

Ficciones de Max Ernst II. Babelia 

Max Ernst, el surrealista que escribía libros – Adn.es

 



Categorías:Libros

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  1. ¿hay diferencia entre la novela gráfica y el comic? | investigandoconarte

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