El Último Viernes de Juan Carlos Onetti.

“En cuanto lo hicieron pasar, Carner comprendió que aquel viernes iba a ser distinto”. Así arranca El último viernes, relato inédito del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1909 – Madrid, 1994) que este mes publica la revista literaria Turia para conmemorar el centenario del nacimiento del autor. El texto, hallado por la hija de Onetti, cuenta la historia de un periodista (Carner) y sus rutinarias entrevistas con un policía (Miller). Fue escrito en los años cincuenta, a lápiz, en un cuaderno de tapa dura y sin renglones, cuando el autor vivía en el barrio bonaerense de San Telmo. “Este relato, ajustado a las claves de desarraigo y pesimismo que caracterizan la literatura de Onetti, no va a ser publicado en sus obras completas”, señala a ELPAÍS.com por vía telefónica el director de Turia, Raúl Carlos Maícas.

El original del manuscrito fue donado el pasado mes de marzo por Isabel María Onetti a la Biblioteca Nacional de Uruguay. En aquella ceremonia de entrega, la hija del escritor contó que el cuaderno con el manuscrito quedó olvidado en el apartamento en el que el escritor, su esposa e Isabel María vivían en San Telmo. “En el cuaderno había también unos palotes, porque yo hice mis primeros ejercicios de escritura en sus páginas, y luego lo utilicé como diario íntimo” señaló Isabel a Montevideo.com . “Luego dejé de emplearlo como diario y lo abandoné. Pero antes extraje las hojas (escritas por mi padre) para conservarlas” agregó la hija del escritor.

Autor de obras como El pozo, Los adioses, La vida breve o El astillero, Onetti se convirtió en una figura de culto en la literatura hispanoamericana. Si bien no alcanzó la reputación universal de compatriotas como Mario Benedetti, recientemente fallecido, es el único uruguayo acreedor del Premio Cervantes. Buena parte de los miembros del club de los onettianos, en expresión de Maícas, se da cita en este número de Turia, cuya aparición se enmarca dentro de un ciclo de actos se celebran a ambos lados del Atlántico y que culminan el primero de julio, día en que nació Onetti.

La revista cultural Turia, que edita el Instituto de Estudios Turolenses, también publica un cuento de Oscar Sipán, titulado La jaula de Faraday, en homenaje a Onetti y en recuerdo al también escritor uruguayo Nelson Marra.

El monográfico, termina con una detallada cronología de su trayectoria vital y creativa, elaborada por Omar Prego, Fernando Aínsa y Fernando del Val. Según relata en un comunicado el escritor hispanouruguayo Fernando Aínsa, que ha coordinado el número monográfico, El último viernes demuestra que para Onetti la literatura era “mentir bien la verdad”. “De ahí que ocultara en sus relatos los aspectos más evidentes de una acción o un argumento para darle un aura de ambigüedad y hacer relativa toda posible certeza”.

En Madrid, la Casa de América acoge mañana una conferencia del escritor peruano Mario Vargas Llosa sobre la figura del autor uruguayo. Vargas Llosa publicó el año pasado un ensayo, El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti (Alfaguara) , en el que analiza en profundidad la vida, la obra y las motivaciones que subyacen al imaginario onettiano. En la Casa de América, además, se proyectará El infierno tan temido, basado en un relato de Onetti, incluido en la representación teatral La verdad de las mentiras, con Mario Vargas Llosa y la actriz Aitana Sánchez Gijón.

Inicio de “El último viernes” de Juan Carlos OnettiExtraído del blog Una temporada en el infierno.

“En cuanto lo hicieron pasar, Carner comprendió que aquel viernes iba a ser distinto. Creyó recordar tímidas premoniciones, trató de protegerse despidiéndose de la larga sala de espera que acababa de dejar, de la noche o el día eternos que imponían los tubos fluorescentes, de la humanidad pobre y silenciosa que se rozaba los hombros en los bancos sin respaldo, conservando rígidos los cuerpos durante horas, temiendo que su abandono significara la renuncia a su esperanza. Se despidió de tantas semejantes, confundibles tardes de viernes que había elegido para visitar a Miller o ya, desinteresadamente, para visitar la Jefatura, atravesar el saludo de policías de uniforme; y perder la noción del tiempo entre los hombres y mujeres que llenaban la sala de espera, sin rostros, sustituibles, tal vez diferenciados en secreto por anécdotas de la desgracia. Había elegido los viernes porque era su día franco en el diario y porque Hilda lo usaba para ir a la iglesia. Había olvidado la probabilidad de un gran empleo en provincias, y gastaba en paz los viernes oyendo fanfarronear a Miller, fumándole los cigarrillos, midiéndole la miseria, haciéndolo feliz con su atención y aceptándole los billetes doblados que le ponía en la mano al despedirlo. Comprendió que aquel viernes iba a ser distinto, y acaso el último, porque Miller modificó de manera absoluta la farsa de la recepción y también el papel que le había asignado. No lo esperaba sonriente en el medio de la habitación, pequeño, cordial, gordo, juvenil, alargando los brazos para tomarle una mano y…” [ .. ] [Turia, junio 2009. Juan Carlos Onetti, El último viernes].

 

 



Categorías:In Memoriam

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