Lorca.

Texto: Antonio Soler. Diario Sur. 25.10.2009.

Llega la hora de remover la tumba de García Lorca. Desde que la Ley de Memoria Histórica puso sus ojos en el barranco de Viznar, la familia del poeta ha dado un paso adelante y dos atrás en el deseo de que se exhumen y reconozcan los huesos de Lorca. Ellos, los familiares del poeta, también han permanecido en una cripta en todo lo referente a la exhumación y sus mensajes nunca han dejado de ser cifrados. Los rumores corren como esta brisa de otoño que a veces no parece tener rumbo ni destino claro. Hay quien se atreve a pronosticar que los huesos del autor del “Romancero gitano” hace tiempo que fueron sacados de la fosa por la propia familia. No sería el primer caso en el que una familia quiso rescatar en la noche del franquismo los restos de sus familiares de cunetas y descampados en los que fueron mal enterrados después de sus asesinatos. Hay casos datados por media geografía española. Y si la familia de Lorca lo llegó a hacer en algún momento de la posguerra nadie tendría nada que reprocharle. El reproche verdadero sólo cabe aquí hacérselo a una partida de asesinos y a los mandos civiles y militares, todos ellos rebeldes a la causa democrática, que sustentaron, avalaron y después silenciaron y manipularon el asesinato de Lorca y de las personas que con él quedaron abandonadas en aquel barranco perdido. Solo que ellos, responsables y encubridores, ya están muertos y no tienen herederos políticos ni grupos organizados que aplaudan aquel acto de barbarie.

Las familias y descendientes de los asesinados, en Viznar y en cualquier otro lugar, deberían tener la facultad para elegir si quieren levantar los restos o dejarlos donde están. En el caso de García Lorca se cruzan la memoria pública y la privada. Y por eso estamos aquí -jueces, historiadores, escritores, políticos- cada cual intentando meter algo de razón -y algunos también de sinrazón – en el escabroso asunto. Se habla de posibles delitos, devoluciones de medallas, impunidad histórica y venganzas mientras que la familia expone su deseo de defender la memoria del poeta y su dignidad.

La dignidad y la memoria de García Lorca están a salvo. Están encerradas en el “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” o en “Poeta en Nueva York”, en aquellas auroras en las que «no hay mañana ni esperanza posible» y barrios en los que hay gentes que vacilan insomnes «como recién salidas de un naufragio de sangre». Dicen que todo en Lorca fue un anuncio de la desgracia. Siguiendo la paradoja quizá para cerrarla definitivamente haya que abrir esa fosa en Granada, aunque otros pudiéramos opinar que es necesario mantener el símbolo y dejar los restos del poeta en esa tierra de Viznar que ya es suya. Símbolos como el de Antonio Machado en Colliure o el de Manuel Azaña en Montauban que han de ser un antídoto contra el olvido de aquel naufragio de sangre.

En Algún Día: Antonio Soler.



Categorías:Pareceres

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2 respuestas

  1. Hay mucho de verdad en estas expresiones.

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  1. El nombre que ahora digo | Blog Biblioteca de La Rioja

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