El Erotismo de lo cómico.

Dice Woody Allen que el sexo es lo más divertido que hace sin reírse, pero numerosos estudios confirman que, si se riera, le parecería aún mejor. El humor es, además, infalible arma de seducción y garantía de relación duradera. Eduardo Jáuregui, autor del libro “Amor y humor”, sugiere que, mejor que con tarjetas de corazones, este año se celebre San Valentín a carcajadas.

 

El día de San Valentín se nos avecina inexorablemente. Para algunos enamorados, es sin duda motivo de celebración, la mejor excusa para los besitos tiernos, los secretitos cuchicheados en el oído, las canciones melosas, los corazones inscritos en las cortezas de los árboles y la declamación apasionada de sonetos al atardecer.

 

Para otros, sin embargo, la vuelta de San Valentín es motivo de desasosiego, grima o incluso espanto. Sufren de una virulenta alergia a la alta concentración de cursilería en el ambiente. Desde su perspectiva, los enamorados, o al menos los que participan en este tipo de fiestas, parecen descerebrados, alelados, y tremendamente ridículos. Al menos hasta que un buen día les toque el turno y Cupido les dispare.

 

Ortega y Gasset definió el amor como «una especie de imbecilidad transitoria, un estado de angostura mental, de angina psíquica». Cuando caemos en ella, y gracias a todo un cóctel químico de testosterona, estrógeno, feniletilamina, dopamina y otras sustancias, perdemos, efectivamente, la cabeza. Se acelera el corazón, pensamos obsesivamente en la persona querida, sufrimos altibajos emocionales, arrojamos las inhibiciones por la borda y se nos eleva en altísimo grado la tolerancia a la ñoñería.

 

En definitiva, caer en el amor es caer en el ridículo. Pero lo curioso es que los amantes también ríen. De hecho, las risitas constantes de los enamorados son otra señal más de que han perdido el juicio bajo los efectos de esta dulce enfermedad.

 

Según los estudios científicos, existen numerosos y curiosos nexos entre la risa y las relaciones de pareja. El humor juega un importante papel en la seducción, la formación de parejas e incluso en el sexo. Y parece que los amantes que ríen juntos duran más en compañía y son más felices. San Valentín resulta ser más bromista de lo que pudiera parecer.

 

El arte del «tonteo». Comencemos por el principio: la fase de la seducción, o más comúnmente, el ligoteo. Los psicólogos que investigan la formación de parejas han descubierto que el sentido del humor es una de las cualidades más valoradas por quienes buscan compañía romántica. En un estudio, preguntaron a 700 hombres y mujeres sobre los atributos que más valoraban en una pareja sexual sin compromisos, en una pareja estable y en un cónyuge. En todos estos casos, el sentido del humor apareció como una de las tres cualidades más valoradas, junto a la sinceridad y ser una persona cariñosa.

 

¿Por qué resulta tan importante este atributo a la hora de buscar pareja? Quizás tenga que ver con el hecho de que compartir la risa parece revelar una forma similar de pensar, sentir e interpretar el mundo: no es lo mismo reírse con los monólogos de Buenafuente que con los chistes de Berlusconi. Otra posible explicación es que el sentido del humor se considera una característica clave de la personalidad que la gente asocia (no siempre acertadamente) a numerosos otros atributos positivos como la inteligencia, la creatividad o la amabilidad.

 

Finalmente, el magnetismo del humor podría deberse también a algo más sencillo: si vamos a pasar mucho tiempo con alguien, es lógico que queramos divertirnos con él o ella. De lo contrario, la vida podría convertirse en un verdadero rollo.

 

En un curioso experimento, en 2004, los psicólogos Barbara Fraley y Arthur Aron pidieron a varias parejas de desconocidos que participaran juntos en una tarea. En algunos casos, se trataba de una tarea divertida que les haría reír juntos, y en otros la tarea era agradable pero no provocaba la risa. Después se pidió a cada participante que evaluara a su compañero. Las personas que rieron con su pareja se sintieron más cercanas y más atraídas hacia ella. La risa compartida provocó un efecto imán entre las dos personas.

 

No es de extrañar, por lo tanto, que el juego sea un elemento clave del arte de la seducción. De hecho, uno de los sinónimos más habituales de esta actividad es la palabra tontear. En el terreno amoroso, tontear significa decir las cosas medio en serio medio en broma, con una cierta ambigüedad, lo cual permite exhibir y disfrutar de ese preciado sentido del humor.

 

El juego erótico. El tonteo no termina en la discoteca o en la sala virtual del chat. Es también un ingrediente básico del sexo, que en la opinión de numerosos sexólogos se trata fundamentalmente de una actividad lúdica, un juego. Para entender esto, hay que darse cuenta en primer lugar de que el sexo es gracioso por naturaleza. No es que quiera denigrarlo, ni mucho menos, pero es que tiene gracia.

 

Basta con mencionar alguna de las incontables expresiones que denominan la actividad sexual para reír: fornicar, clavar, enflautar, trincar, chingui-chingui, ñaca-ñaca, echar un polvo, poner el colchón a prueba, bailar el mambo horizontal, alimentar al conejito, pincelar la almeja, regar la lechuga, ensalsar el canelón, partir el Mar Rojo, remover el guiso, enterrar la zanahoria, mojar el churro, meter al diablo en el infierno, bambarajar la pimpirola, filipituriar el varilongo…

 

No es de extrañar que cuando nos preparamos para bambarajar la pimpirola, suele haber mucha risa de por medio.

 

Woody Allen dijo que el sexo era «lo más divertido que he hecho sin reír», pero la risa no nos abandona ni en la cama. Especialmente en las primeras fases del juego erótico, el tonteo nos permite probar las aguas y avivar el deseo. Además, una ventaja evidente del humor como aperitivo es que eleva el estado anímico y acerca a las personas. Los estudios sexológicos han comprobado que las emociones positivas se asocian con un mayor deseo, desinhibición y disfrute sexual.

 

Hoy los sex shops venden una infinita selección de juegos y juguetes para multiplicar e intensificar las posibilidades, desde dados que lo dejan todo a la suerte, a disfraces para vestir cualquier fantasía o la más variada gama de aparatos tecnológicos que penetran, succionan, rotan y vibran de 1.000 maneras. Sin embargo, el juguete más importante sigue siendo el cerebro, y su capacidad para imaginar, crear y transformar la realidad. ¿Quién dice que no estamos en el váter de un Boeing 747?

 

La chispa en la relación. Pero no es sólo el tonteo y las relaciones sexuales. Los psicólogos están comprobando que el humor es también un aspecto crucial de la relación a largo plazo. En parejas casadas y no casadas, se ha encontrado una correlación entre la satisfacción con la pareja y una evaluación del sentido del humor del compañero o compañera. En un estudio con matrimonios que llevaban más de 50 años juntos, éstos citaron «reírnos juntos a menudo» como una de las claves de su relación.

 

La intimidad de la pareja brinda la oportunidad de crear mundos compartidos privados tan ridículos como nos apetezca, de tomarnos el pelo mutuamente (y desde la compasión) y, en definitiva, de jugar sin complejos. Vistos desde fuera, estos mundos privados pueden parecer ridículos, y lo son, pero son también una fuente de diversión y cariño constante que refuerza los lazos de amor.

 

Otro dato interesante es que las parejas que participan a menudo en actividades conjuntas divertidas dicen estar más satisfechas. Basta con recordar juntos una actividad de este tipo para luego evaluar mejor la relación. Con el pasar de los años es fácil dejarse llevar por rutinas, ataduras y responsabilidades que llevan al hastío, y hay que esforzarse por hacer cosas nuevas y divertidas en pareja.

 

Salir a bailar salsa, cocinar una nueva receta, leer en voz alta un libro de piratas juntos, apuntarse los dos a un coro, escaparse un fin de semana a hacer canoa, bucear o saltar de un puente (con material de puenting, claro)… Esto es lo que nos pide San Valentín, más que tarjetas llenas de corazones, este sábado 14 de febrero. Y cualquier otro día del año.

 

Texto: Eduardo Jaúregui. Magazine nº 489. El Mundo.es.- 08/02/2009.

 



Categorías:Artículos, Libros

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2 respuestas

  1. Feliz día!!

    te prometo hacer unas cuantas cosquillitas por ahí, y sonreír en este día, aparte de ser la “tonta” más feliz frente al amor :)

    Un fuerte abrazo…
    Gaby

  2. Me encanto está información

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