In Memoriam: Cien años sin Emilio Salgari.

El escritor italiano Emilio Salgari se suicidó justo hace 100 años. Aconteció un 25 de abril de 1911. Era una década prebélica en la que los intrépidos exploradores y los grandes novelistas relataban el mundo no conocido por los occidentales. Ese fatídico día, un hombre llamado Emilio Salgari ya había publicado Los mineros de Alaska, Los bandidos del Sahara, Sandokán, El tigre de la Malasia o El Corsario Negro. Tal día como aquel, moriría.

Salgari  ya lo había intentado dos años antes, pero esta vez certificó su suicidio. Tomó un cuchillo afilado y se abrió el vientre. Siguió así el rito japonés del seppuku. En una carta escrita momentos antes, reprochaba a sus editores que se hubieran enriquecido con su obra literaria, mientras la familia Salgari bordeaba la penuria. El escritor suicida también les pidió a sus editores que tuvieran la decencia de pagar su funeral.

El escritor llevaba años soportando problemas psíquicos que se juntaron con la enfermedad mental de su mujer. Las dificultades económicas no hicieron más que agravar su sufrimiento.

“A mis editores: A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua miseria o aún peor, sólo os pido que en compensación por las ganancias que os he proporcionado, os ocupéis de los gastos de mis funerales. Os saludo rompiendo la pluma. Emilio Salgari”.

In Memoriam.



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1 respuesta

  1. Es mas tarde de lo que creo, ya estoy perdido; el mundo es un mercado de novedades definitivas que no duraran mas que los amores adolescentes, y no se como escapar de esa modernidad de conocimiento tecnológicos. Vivo en el anonimato de una provincia anónima, cumplo religiosamente con la ley, ni si quiera tengo pinta de bohemio, leo, y despacho palabras como si fuera un dependiente de ultramarino (Que hermosa palabra Ultramarino) todo mi ser tiene la forma del emboscado, pero lo terrible de mi vida es que siempre seré un emboscado, que nunca podre mostrarme y que moriré oculto en el anonimato de un piso con ascensor; necesito urgentemente asomarme a la mirada de un extraño que me reconozca como emboscado, aunque el extraño sea mi vecino tecnológico que también es un emboscado que vive en el octavo de un barrio periférico.

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