In Memoriam: Gonzalo Rojas.

El poeta chileno Gonzalo Rojas, Premio Cervantes 2003, ha fallecido este lunes 25 de abril a los 93 años tras permanecer muy grave durante más de dos meses debido a un accidente cerebrovascular. La salud del escritor, galardonado también con el Premio Nacional de Literatura 1992 y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 1992, se agravó el pasado 22 de febrero, cuando sufrió un infarto cerebral.

Autor de una treintena de libros, se adscribió a la denominada “generación del 38“, en una facción denominada “Mandrágora” y caracterizada por sus conexiones con el surrealismo. Pronto se desmarcaría Rojas de sus compañeros, a los que consideraba «excesivamente afrancesados». Seguidor de la mejor tradición americana, el propio poeta reconocía a sus grande referentes: «Vallejo me dio el despojo, Huidobro el desenfado, Neruda el tono respiratorio y Borges el desvelo», enumeraba. Su primer libro de poemas, “La miseria del hombre”, se publicó en Valparaíso en 1948. La crítica destaca como su obra está llena de una vitalidad con tintes existenciales y como en ella no falta un humor definido como «goyesco» por Octavio Paz. Se le tenía por el gran heredero de la vanguardia americana, dueño de un lenguaje más que personal y afianzado sobre la tradición popular. La poesía de Rojas está en constante dialogo con los textos anteriores en busca de la intertextualización con toda la poesía de la modernidad.

Traducido a todas las grandes lenguas, entre los poemarios que conforman su obra «inconclusa» según él, figuran “Contra la muerte” (1964), “Críptico y otros poemas” (1978), “Transtierro” (1979), “Materia de testamento” (1988), “Desocupado lector” (1990) y “Las hermosas” (1991), “América es la casa y otros poemas” (1998) y “Del ocio sagrado” (2002)».

In Memoriam:

Los días van tan rápidos

Los días van tan rápidos en la corriente oscura que toda salvación
se me reduce apenas a respirar profundo para que el aire dure en mis pulmones
una semana más, los días van tan rápidos
al invisible océano que ya no tengo sangre donde nadar seguro
y me voy convirtiendo en un pescado más, con mis espinas.

Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera
nadie allá, voy corriendo a la materna hondura
donde termina el hueso, me voy a mi semilla,
porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas
y en el pobre gusano que soy, con mis semanas
y los meses gozosos que espero todavía.

Uno está aquí y no sabe que ya no está, dan ganas de reírse
de haber entrado en este juego delirante,
pero el espejo cruel te lo descifra un día
y palideces y haces como que no lo crees,
como que no lo escuchas, mi hermano, y es tu propio sollozo allá en el fondo.

Si eres mujer te pones la máscara más bella
para engañarte, si eres varón pones más duro
el esqueleto, pero por dentro es otra cosa,
y no hay nada, no hay nadie, sino tú mismo en esto:
así es que lo mejor es ver claro el peligro.

Estemos preparados. Quedémonos desnudos
con lo que somos, pero quememos, no pudramos
lo que somos. Ardamos. Respiremos
sin miedo. Despertemos a la gran realidad
de estar naciendo ahora, y en la última hora.

(De Contra la muerte, 1964)



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