La dictatura contada en inglés.

El escritor Carlos Gamerro analiza en La dictadura contada en inglés  algunas obras inspiradas en la reciente historia argentina. ¿Kafka o un mal García Márquez? Esta parece haber sido la opción de esos autores de lengua inglesa. Así, desde el texto algo “bananero” que luego dio origen a la película “Imagining Argentina“, hasta registros más verosímiles, la tragedia de este país parece que puede dejar huella y memoria en la literatura anglosajona:

 

“Perdido en algunas de las mil cien páginas de El arcoiris de gravedad (Tusquets, 1973), de Thomas Pynchon, hay un grupo de argentinos que, huyendo del naciente peronismo, ha logrado secuestrar un submarino alemán y planea pedir asilo político en la Alemania de posguerra. “Alemania. ¿Estás loco? ¡Pero si es un desastre!” exclama ante uno de ellos el confundido y extranjero Tyrone Slothrop, protagonista de la novela. “No tanto como el desastre que dejamos en casa” replica imperturbable Francisco Squalidozzi. “Pero Alemania –es el último lugar en la tierra al que uno querría ir” insiste Slothrop. “Pero ché, no sós argentino” remata nuestro compatriota en español de bastardillas. En la novela hay muchas otras referencias a la Argentina y su literatura: al Martín Fierro, a Lugones, a Borges, y todas son sorprendentemente exactas. Pero todo eso se aprende en los libros. Lo que me sorprendió y deleitó fue ese “Pero ché, vos no sós argentino”, porque aun con sus idiosincráticos acentos, afirmaba algo que todos nosotros (los argentinos) sabemos desde siempre: que sólo un argentino puede entender a otro argentino, y a los argentinos en su conjunto, que hay una lógica propiamente argentina a la cual sólo quien ha vivido desde siempre en este país, sólo quien ha nacido en él, tiene acceso. La de Pynchon es, casi, la fórmula del ser nacional: hay tantas cosas que son imposibles de explicar a un extranjero… (por mencionar una sola: justamente el peronismo). El problema, claro, es que el autor de esta fórmula es un autor estadounidense, que por lo que sabemos nunca ha visitado nuestro país (aunque del misterioso Pynchon nada se sabe en realidad: quizás viva en Canning y Corrientes hace décadas, y nos cruzamos con él todos los días al ir a comprar la factura para el mate)”. (…)

 

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