In Memoriam: 100 años sin Gerónimo.

Hoy se cumplen 100 años del fallecimiento del líder Apache Gerónimo.

 

Demonio para algunos y un místico para otros, Gerónimo, el líder apache que luchó a muerte contra mexicanos y estadounidenses para preservar su cultura y sus creencias, ocupa un capítulo todavía mal conocido en la historia norteamericana, según los expertos.

 

Gerónimo, como lo bautizaron los mexicanos, o Gojlaye, que en chiricahua significa “el que bosteza”, nació el 16 de junio de 1829 en el seno de la tribu Bedonkohe, ubicada cerca del río Gila del estado de Arizona, en aquel entonces en México.

 

El 17 de febrero se cumplen 100 años de su fallecimiento, y la tribu de San Carlos Apache de Arizona rendirá tributo a este personaje con el fin de rescatar su legado y eliminar la imagen negativa de este humilde hombre que todavía ronda en la cultura popular de Estados Unidos.

 

James Riding In, profesor de Estudios Indígenas de la Universidad del Estado de Arizona, asegura que para muchas personas no indias, Gerónimo fue un terrorista, pero para su gente fue un combatiente por la libertad. “Su lucha contra el colonialismo lo convirtió en una leyenda. Dejó un legado de resistencia y tenacidad al enfrentarse a las tropas estadounidenses con un pequeño grupo de seguidores para defender el estilo de vida Apache“, señala.

 

Tanto Riding como Marlon Sherman, profesor especializado en Estudios de los Nativos Norteamericanos de la Universidad Estatal de Humboldt, coinciden en que Gerónimo fue un líder espiritual, un hombre con enormes conocimientos en medicina, que entró en el oficio militar después de que 400 mexicanos dirigidos por José María Carrasco asesinaran a su esposa Alope, sus tres hijos y a su madre en el verano de 1858.

 

En su autobiografía el mismo Gerónimo narra cómo pidió ayuda al líder Cochise de la tribu Chokonen para vengar a su gente: “Somos hombres como los mexicanos y les haremos lo mismo que nos hicieron… Lucharé en primera fila. Sólo les pido que me sigan para vengar las cosas malas que nos hicieron los mexicanos. Mi gente ha sido asesinada y yo también moriré si es necesario”.

 

Así comenzó a incubarse entonces la imagen más negra de Gerónimo. Muchas personas lo consideraban un “salvaje sanguinario, cruel e inhumano”, apunta Sherman.

 

Este personaje, que no sólo ha sido malinterpretado por la historia sino también en repetidas ocasiones por la industria del cine, fue demonizado hasta tal punto que las leyendas decían que torturaba niños y mujeres y que hacía pedazos a las personas con su cuchillo.

 

En realidad, indica Sherman, este hombre espiritual tuvo que defenderse como pudo de las atrocidades que infligieron los colonizadores sobre su tribu. “No sé si serán verdad todas las atrocidades que le achacan a Gerónimo, pero en todo caso no se acercaron a las barbaridades que cometieron los soldados mexicanos y los estadounidenses contra los Apaches”, declara.

 

Estos expertos culpan en gran parte a la industria del cine por la personificación de los indios como seres malos. La imagen de los pieles rojas como antagonistas no ha cambiado mucho en los últimos años. “Muchas películas siguen representando a los indios como seres diabólicos generalmente feos. Incluso la cinta de Kevin Costner ”Bailando con lobos”, en donde se intenta rescatar su imagen, es problemática porque el protagonista ‘es un hombre blanco que es mejor indio que los indios”, indica Sherman.

 

La percepción de Hollywood dista mucho de la de Sherman, que considera a Gerómino como un jefe reacio, recursivo, inteligente, valiente, respetuoso y generoso. “Siempre se consideró a sí mismo como un líder en la medicina y en la guerra, pero no un líder comunitario. Era un hombre muy humilde respecto a sus compañeros de combate”, declara.

 

Gerónimo narra en su autobiografía que los ataques comenzaron en el verano de 1862. Su mayor victoria contra los mexicanos tuvo lugar durante la batalla de Kaskiyeh. Después de varios ataques a los mexicanos, se inició una guerra no provocada con los estadounidenses, que cometieron crueldades contra los apaches y terminaron recluyéndolos en reservas.

 

Gerónimo y sus seguidores se convirtieron así en la última y la más grande fuerza de guerreros indios independientes, que se rehusaron a reconocer el gobierno de los Estados Unidos.

 

En 1886, al saber que los principales caudillos y su familia estaban en cautiverio, Gerónimo se entregó al general Miles en el cañon Skeleton de Arizona y fue llevado como prisionero de guerra hasta Fort Pickens, en Florida.

 

En sus últimos años de vida, Gerónimo logró algo de celebridad a pesar de que muchos residentes de Arizona pedían su ejecución. Asistió a la Feria Mundial de San Louis, donde recaudó algo de dinero por la venta de sus autógrafos. Al parecer figuró incluso al lado del presidente Theodore Roosevelt en el desfile de investidura en 1905.

 

Al final de sus días, Gerónimo se acogió a la religión cristiana y reconoció que era mejor que sus creencias. Sin embargo, para el profesor Sherman, fue un asunto de “conveniencia para mantener la paz con su gente. En privado él siguió practicando su propia religión”. Riding coincide con Sherman: “En lo profundo de su corazón era apache. Tuvo el mismo sentimiento de ambivalencia que quizá sufren los prisioneros de Guantánamo”, señaló.

 

A pesar de formar parte de la iglesia cristiana, no se le permitió regresar a su tierra natal y murió de pulmonía durante su cautiverio en 1909.

 

“La segunda batalla de Gerónimo comenzó después de muerto”, asegura Riding. En 1918 sus restos fueron robados de su tumba. Al parecer fue una sociedad secreta de la Universidad de Yale llamada “Skull and Bones“, que tenía como miembro al abuelo del ex presidente George W. Bush, Prescott Bush.

 

Asimismo se sabe que la calavera de Gerónimo, algunos de sus huesos y otros objetos fueron usados como parte de un ritual por esta sociedad. Posteriormente en una carta, la Universidad de Yale reveló que sus restos yacían en un edificio de la institución. Los Apaches los han solicitado para devolverle la dignidad y para que, según sus creencias, pueda descansar en paz.

 

Fuente: Liliana Martínez – Scarpellini (Dpa)  | 13/02/2009.

 



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