Bolañomanía XII: Bolaño forever.

Texto: Javier Cercas. El Pais Semanal  05.04.2009.

Un fantasma recorre el mundillo literario hispano. El fantasma es una pregunta. La pregunta es a qué se debe el éxito póstumo de Roberto Bolaño en Estados Unidos (y en todas partes). Se trata de un éxito colosal, del que periódicamente nos llegan noticias; la última hasta el momento es que 2666 –la novela póstuma de Bolaño- obtuvo el pasado mes de marzo el premio a la mejor novela publicada en 2008 que otorga el Círculo Nacional de Críticos Literarios de Estados Unidos, después de haber cosechado críticas inmejorables y haberse convertido en un auténtico best seller, cosas todas ellas extraordinarias en un país casi blindado frente a la literatura extranjera. Las respuestas a la pregunta fantasmal son desde luego muy variadas. He leído que el éxito norteamericano de Bolaño se debe a su muerte prematura y al hecho de que se haya construido en torno a él una leyenda maldita y en parte falsa de perseguido político, marginado literario y adicto a la heroína. He leído que el éxito norteamericano de Bolaño se debe a que en cierto modo Bolaño era un escritor norteamericano, cuyos modelos literarios son norteamericanos y cuya prosa funciona mejor en inglés que en castellano. He leído que el éxito norteamericano de Bolaño se debe a que ha encontrado un gran editor norteamericano que ha sabido usar todas esas cosas para convertir a Bolaño en un gran éxito norteamericano. He leído muchas respuestas más, pero todas ellas me producen la embarazosa sensación de que han sido ingeniadas no sólo para rebajar el mérito del éxito de Bolaño, lo que a fin de cuentas no tendría ninguna importancia, sino para rebajar el mérito de la obra de Bolaño, lo que sí la tiene. Confieso que no alcanzo a entenderlas. Hay muchos escritores que han muerto de forma prematura y rodeados de una leyenda más o menos maldita que nunca han conseguido el éxito de Bolaño, ni es probable que lo consigan. Hay muchos escritores que en cierto modo son escritores norteamericanos porque sus modelos literarios son norteamericanos y que nunca han conseguido el éxito de Bolaño, ni es probable que lo consigan (lo de que Bolaño funciona mejor en inglés que en castellano tendrán que explicármelo mejor, porque dicho así la verdad es que da un poco de risa). Y en cuanto a su editor norteamericano, nadie duda de que esté haciendo muy bien su trabajo, pero asimismo lo hizo muy bien su editor español, y en todo caso, aunque su editor americano le haya dado mucho a Bolaño, es imposible que le haya dado más de lo que le dio su editor español, que es lo más importante que al menos en determinado momento le puede dar un editor a un escritor: confianza en sí mismo, una confianza que -me parece que no me equivoco- hasta entonces Bolaño no había tenido.

En realidad la pregunta fantasmal es, creo, una pregunta equivocada; la pregunta acertada es quizá otra. Doy por hecho que todos ustedes ya han leído a Bolaño; si no lo han leído, por una vez -y sin que sirva de precedente- háganme caso: tiren ahora mismo a la papelera este artículo, corran a la librería más próxima, rompan el escaparate a patadas, llévense cualquier libro de Bolaño y, después de pagar religiosamente libro y escaparate, dediquen los próximos días a leerlo. Entonces coincidirán conmigo en que quizá la pregunta acertada no es por qué Bolaño tiene éxito cuando está muerto, sino por qué no lo tuvo cuando estaba vivo. Por supuesto, 2666 -la obra póstuma que lo ha consagrado en Estados Unidos, y en todas partes- es una novela excepcional, pero también son excepcionales Los detectives salvajes y Estrella distante y La literatura nazi en américa y sus libros de cuentos y todo o casi todo lo que escribió a partir del momento en que se convirtió en una máquina omnívora de picar la realidad y convertirla en gran literatura. A algunos nos dolía la boca de decirlo -lo que en honor a la verdad no tiene ningún mérito: para advertir que Bolaño era grande bastaba leerlo-, pero no sirvió de mucho y, aunque al final de su vida gozaba de un fuerte prestigio minoritario, lo cierto es que sus libros nunca le alcanzaron para llevar más que una modestísima vida monástica. Esto, a ratos, me parece triste; miento: me parece una putada tremenda. Pero sólo me lo parece a ratos.

Porque la realidad es que Bolaño conoció en vida un éxito absoluto. Quiero decir que la pregunta fantasmal es una pregunta equivocada y la pregunta que a primera vista parece acertada también es una pregunta equivocada. Todo escritor de verdad sabe que el éxito y el fracaso (o eso que suele llamarse éxito y fracaso) son espejismos: la prueba es que lo obtienen escritores buenísimos, escritores buenos, escritores regulares, escritores malos y escritores malísimos; o dicho de otro modo: todo escritor de verdad sabe lo que son de verdad el éxito y el fracaso. Cyril Connolly escribió que “la verdadera misión de un escritor es crear una obra maestra“. Hay poquísimos escritores que consiguen crearla; en mi opinión, Bolaño fue uno de ellos: experimentó la intensidad incomparable de escribir no una obra maestra sino más de una. Nadie que yo haya conocido sabía mejor que Bolaño que para un escritor no hay ningún éxito que pueda ni remotamente compararse a ése.

En Algún Día │Roberto Bolaño.

 



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