“Picasso. Caballos” en el Museo Picasso Málaga.

A menudo se habla (y se escribe) de la pasión de Picasso por los toros: su identificación con el animal bravo y herido, su trasmutación en minotauro como bestia sexual… y casi siempre se pasa de puntillas junto al otro actor que suele llevarse la peor parte del envite sobre el ruedo: el caballo. A él, a su importancia en el imaginario plástico del artista, le dedica su nueva exposición el Museo Picasso Málaga (MPM). De este modo, “Picasso. Caballos” se inscribe en los proyectos temáticos que la institución malagueña organiza en torno a un asunto concreto de la producción del genio. En esta ocasión, el MPM analiza hasta el 5 de septiembre la “carga simbólica” del equino en la obra de Picasso: su ascendente femenino en lucha con el toro-hombre, su imagen como víctima de la guerra o su representación lúdica como juguete o elemento circense.

La muestra reúne 54 obras entre óleos, dibujos y grabados, además de cerámica, una delicada silueta realizada en papel recortado y la réplica del traje de escena del personaje de caballo o Cheval en Parade, diseñado por el artista para el conocido montaje de los Ballets Rusos. Ahí están los dóciles animales de hechuras clásicas que abren en montaje. “El abrevadero” (1906), “Joven a caballo” (1906) o “Jinete desnudo” (1919), que conviven con escenas taurinas como “La corrida” (1900) o “Las víctimas” (1901), en la que ya se adivina el cruel destino que le aguarda al equino. El conjunto permite conocer la importancia simbólica del caballo en su trabajo, así como los múltiples significados bajo los que presentó su figura y la diversidad de técnicas que empleó para realizarlas.

Comisariada por la especialista Dominique Dupuis-Labbé, la exposición incluye también dos libros ilustrados, uno del siglo XVI basado en los dibujos de Jan Straet y otro de Francisco de Goya, del que también se expone un grabado. Asimismo, podrá verse una selección de veintiséis fotografías que muestran la presencia de los caballos en ciudades en las que Picasso pasó su infancia y juventud. Además, otro de los alicientes de “Picasso. Caballos” llega desde la multitud de instituciones que han cedido piezas para esta exposición. Desde el MOMA neoyorquino, hasta la Tate londinense, pasando por los museos “hermanos'”de Barcelona y París o la Phillips Collection de Washington.



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