Nietzsche y los libros.

Nietzsche como lector (I). Texto: Nicolás González Varela.


(…) Leer sería una actividad meramente reactiva y un vicio que puede llevarnos a estar “leídos hasta la ruina”. Como dijimos esta constante autocomprensión de sí mismo que ha servido de canon interpretativo a hagiógrafos y epígonos (un caso similar es el de Heidegger) coincide con la peculiaridad de su Stil donde la forma táctica del ensayo aforístico no deja lugar al clásico aparato erudito de citas, ni al apéndice bibliográfico. Aparecen aquí y allá algún autor mayor (de prestigio), ninguna obra y mucho menos autores menores o escolares. Cuando confiesa lecturas a la luz pública, como en Ecce Homo, su lista es arbitraria y limitada a obras de ficción (Molière, Corneille, Racine, Maupassant, Merimée, Stendhal, Byron, Shakespeare). Será esta la única lista confesional de Nietzsche sobre sus lecturas. El guerrero, ya armado con casco, pica, escudo y égida sobre el pecho, sólo reconoce recurrir a la lectura como mero pasatiempo entre las batallas de las ideas. El resultado es un rizo hermenéutico que refuerza la genialidad y originalidad absoluta de Nietzsche mismo, un verdadero Minerva filosófico, y como contrapartida para sus lectores la incomprensión de su diálogo íntimo con autores y obras. Como producto final Nietzsche sería un filósofo genial bien dionisíaco, un pensador original aislado, un eremita eminente y excepcional. El resultado no es otro que la incomprensión del mismo Nietzsche. Por supuesto, esta imagen es totalmente falsa. Nietzsche fue, en efecto, un enorme lector de libros, casi compulsivo. “Revolvió libros” no sólo en su juventud, sino durante toda su vida incluyendo su último año de actividad consciente”.

(…) “Ya en 1865 empieza a adquirir una cantidad importante de libros para una ambiciosa biblioteca ideal, que debido a su situación financiera, nunca podrá completar. Asiste a subastas y remates de librerías y planea pagar su compra de libros con un crédito a diez años, como le confiesa a von Gersdorff. Durante estos vagabundeos por subastas y librerías de viejo fue donde se encontró por casualidad con Schopenhauer. Otro autor importante en su desarrollo intelectual oculto, hablamos del socialista Friedrich A. Lange, lo adquirió gracias a la listas de novedades que le enviaban las librerías del lugar. Ya en Basilea como profesor de filología (1869-1879) lee entre cinco y siete horas por día, en especial textos filológicos y relacionados con sus clases. Utiliza frecuentemente la propia biblioteca de la universidad y reclama a libreros de Alemania la lista de novedades y re ediciones. A partir de 1879 hasta la culminación de su vida activa, enero de 1889, Nietzsche comienza una vida nómada, sin dirección fija y con limitaciones económicas. Esta época es la más difícil de evaluar para conocer la dimensión e influencia de las lecturas de Nietzsche”.


Leer artículo completo.



Nietzsche como lector (II). Texto: Nicolás González Varela.


La máquina de leer y el loco de los libros: “Cuando Nietzsche deja su cargo de profesor ordinario de filología en Basilea, se lleva consigo una biblioteca personal básica a la casa materna en Naumburg. El resto de sus libros, un sustancial número, se los deja provisoriamente a la suegra de su amigo Franz Overbeck, Frau Rothpletz, que vivía en Zurich. Esta parte de su biblioteca será rescatada más tarde (1892) por su hermana Elisabeth e incluida en el Archiv. Antes de esto Nietzsche ya la había depurado vendiendo a libreros de viejo los ejemplares referidos a filología y enseñanza, en 1878. Como decíamos Nietzsche deja la sedentaria Basilea y entra en una dinámica nómada que le hará viajar con mucha frecuencia hasta el fin de su vida consciente. Sabemos que estos desplazamientos eran para él muy dificultosos y la dificultad no era otra que la enorme cantidad de libros de su biblioteca. Durante todo ese tiempo Nietzsche, como un caracol libresco, se traslada cargando, como menciona en una carta de 1883, ¡104 kilos de libros! Tal tara la traslada de su refugio en Sils-María, primero hasta Zurich y luego hasta Menton y Niza. En 1884 le vuelve a escribir desde Zurich a su madre sobre el engorroso problema de moverse con sus amados libros: “con este pie contrahecho que llevo conmigo, y me refiero a mis 104 kilos de libros, no seré capaz de huir muy lejos de aquí”. Una imagen poco dionisíaca del médico de la cultura y del nuevo filósofo del futuro. En 1881 Nietzsche se escapa del invierno suizo hacía la húmeda Génova (noviembre 1880-mayo 1881), excesivamente cargado deja a cargo de la dueña de la pensión un gran baúl conteniendo más libros, libros que en vida jamás volverá a buscar, algunos se perderán y otros serán de nuevo rescatados para el Archiv por su hermana Elisabeth. Ya durante los años 1885-1888, ante las complicaciones de moverse a través de los Alpes y el norte de Italia con tantos libros. Nietzsche, un lector agobiado, decide depositar libros en diferentes puntos clave de sus domicilios eventuales, incluyendo Génova y la casa de su madre en Naumburg. La mayor cantidad de libros la traslada a Niza, lugar desde donde refiere en cartas de 1885 que ha llegado con su Bücherkiste (cajón de libros con los famosos 104 kilos); en otra misiva a su madre de 1885 describe que está rodeado de “una gran cantidad de libros” y en 1888 informa que su Bücherkiste ha sido enviada en barco de Niza a Turín y que la expedición ya ha arribado. No es todo: sabemos que en este derrotero Nietzsche sigue adquiriendo libros, comprándolos por correo con mucha frecuencia y leyendo en bibliotecas públicas”.


(…) “Más allá de sus problemas de miopía y jaquecas, que a veces le permitían unas horas diurnas de trabajo intelectual, todos los allegados de Nietzsche coinciden en que era un quema-libros, lector ávido y voraz”.


(…) “Si cómo él mismo decía en varios libros “la carne del culo es el auténtico pecado contra el Espíritu Santo”, podemos afirmar que Nietzsche vivió y murió como un pecador sin arrepentimiento.” Leer artículo completo.

Véase también:

Nietzsche como lector (III)
Nietzsche como lector (IV)
Nietzsche como lector (V)
Nietzsche como lector (VI)

Fuente: Rebelión.org.



Categorías:Artículos

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2 respuestas

  1. gracias a dios, el pecado contra el espíritu santo no es el de la carne sino el del fariseísmo y el del linchamiento en nombre de la moral

  2. Pero 104 kilos no los puede levantar un hombre sin entrenarse. De Zurich a Sils se va en tren, pero ¿cómo llegar a la estación? Soy de allí. He leído sus obras todas, pero muy pocas de sus cartas. Recuerdo cómo una vez Nietzsche buscaba un hornillo para hacerse sus comidas, y dijo que el hornillo tenía que ser ligero.

    Lo que sabes de sus libros, ¿es de las cartas?

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